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07 de Jul de 2020

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Jorge Anel Samaniego Ríos

Columnistas

Gente pobre

“Mientras nuestra prioridad sean los carnavales, por encima de tener listos los útiles escolares de nuestros hijos, seguiremos siendo gente pobre”

Pasó la farsa del carnaval y ya iniciaron las clases. El país se sacude la fantasía que nos envuelve por unos días y empieza a sentir nuevamente las preocupaciones que conforman la cotidianidad de un pueblo compuesto en su mayoría por gente pobre.

Gente pobre de cultura que, al carecer de un acervo propio, adopta cualquier basura que vea fuera de sus propias fronteras, pisoteando lo regional y poniéndolo en un tercer lugar, que ni a segundo llega en nuestra apreciación popular.

Gente pobre de educación, víctima de malas gestiones por malos administradores, que han fracasado a la hora de enaltecer el semillero de futuro, que son la infancia y la juventud, privándola de calidad en los centros educativos, cuyo amargo fruto hoy cosechamos en la altísima tasa de fracasos estudiantiles, en el creciente número de niñas embarazadas, fábricas de más pobreza, a quienes se les permite seguir atendiendo a las mismas aulas que aquellas niñas que sí tienen interés de educarse, error que maquillado con la tendencia mal llamada neoliberal, alienta a criaturas sin formación, sin medios económicos, sin conocimiento y sin criterio a “sentirse adultas”, pero sin entender mínimamente el concepto.

“Gente pobre de salud, pues los gobernantes, [...], permiten a cuatro bellacos monopolizar 
el sector farmacéutico, cobrando hasta diez veces más [...] el precio de los medicamentos [...]”

Gente pobre de salud, pues los gobernantes, en un juego de poder, permiten a cuatro bellacos monopolizar el sector farmacéutico, cobrando hasta diez veces más, en muchos casos, el precio de los medicamentos, colocando la vitalidad y salud de los ciudadanos junto a los artículos de lujo. Y es que es un lujo la salud en Panamá.

Gente pobre de valores, ya que la familia panameña está bajo ataque, y acusa muchísimas bajas. Y es que sin familia no puede haber valores. Panamá acusa altísimos porcentajes de divorcios. Esto nos habla de la poca tolerancia que tenemos los panameños actualmente, misma que se ve reflejada en los altos porcentajes de violencia y delincuencia que acusa nuestra sociedad. ¿Cuál es el aporte de un grupo social en el que no hay familias completas, en donde los hijos muchas veces son de diferentes padres y son criados por sus abuelos o tíos, o por nadie en casos? ¿Qué podemos esperar de un ciudadano que crece y su fuente primordial de educación son la calle, las novelas, y la pornografía auditiva? La respuesta es: nada bueno.

La mezcla de estos ingredientes resulta explosiva. Gente sin identidad ni cultura, sin educación, sin salud y sin valores crea turbas, como las que vemos cerrando calles para exigir viviendas gratuitas, o cualquier absurdo semejante. Estas turbas son las que eligen a los políticos que las representan, pues son fácilmente manejadas con “pan y circo”, al mejor estilo de los romanos. Esperemos que a diferencia del Imperio romano, su reinado no arda a manos de los bárbaros, sino que sea el sufragio democrático lo que ponga fin a su tiranía.

Vemos aquí claramente por qué a los Gobiernos de partidos tradicionales no les interesa invertir en educación; la turba los mantiene en el poder, permitiéndoles ser los dueños del país y turnándose cada cinco años para timonear la maltrecha nave que llamamos Panamá.

Utilizando la alegoría de la nave como país, nos hemos mantenido a flote por un motor casi mágico que se llama el Canal de Panamá, que aporta ganancias con las que se suplen las pérdidas que dejan los malos usos de los dineros del Estado por los Gobiernos. No nos llamemos a engaño, el Gobierno no produce dinero, solo lo consume. Por esa razón es ilegal que los políticos pongan sus nombres en obras que se hacen con el dinero del Estado; eso no es una donación de sus altruistas bolsillos, nótese el sarcasmo kilométrico, sino el fruto de los impuestos de los ciudadanos. Por esta razón es absurdo que esperen gratitud por obras que no pagan.

Agradecer a un político por gestionar una obra es como darle las gracias a un cajero automático por entregarte tu dinero. Es su trabajo, y si no lo hace bien hay que cambiarlo.

Muy peligroso el hecho de que estén politizando el motor mágico de la nave Panamá. Pronto los aportes del Canal pueden dejar de ser suficientes para mantenernos a flote, y podría empezar a “hacer agua” la nave.

El Canal es el resultado de la privilegiada posición geográfica del país, y sus beneficios son resultado del ahorro en tiempo y dinero que tienen las empresas navieras al hacer uso de sus instalaciones. No es necesario hacerle mucha propaganda, pues es un producto que se vende solo, así que no nos vengan con que los aumentos salariales de la junta directiva son merecidos, pues el Canal facturaría lo mismo estando ustedes allí o no, ya que lo que hace funcionar la vía es la mano de obra calificada que trabaja allí.

Mientras sigamos siendo gente pobre de intelecto, seguiremos siendo gente pobre de gobernantes. En un país pobre de gobernantes se permiten cosas como políticos caros e inoperantes y maestros mal pagados y sobrecargados de trabajo. Se permiten nombramientos en donde prima la “palanca” sobre las capacidades. Se permite que no haya trabajo para el pueblo, pero para los amigos hay hasta cinco nombramientos a la vez, desafiando las leyes de la física, pues esos superfuncionarios pueden estar y atender más de una cosa a la vez, y en muchos lugares de manera simultánea. ¿Quién dijo tiempo/espacio? Agárrate de esa, Einstein.

Mientras nuestra prioridad sean los carnavales, por encima de tener listos los útiles escolares de nuestros hijos, seguiremos siendo gente pobre.

Dios nos guíe.

Ingeniero civil, miembro de SPIA-Coici, Seccional de Azuero, inspector de la JTIA.