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11 de Jul de 2020

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Ricardo Arturo Ríos Torres

Columnistas

Rocas patrióticas

Luis Fernando Pitty Ceballos humaniza los aconteceres significativos del devenir panameño; el pasado reciente lo reflexiona desde la visión del narrador lírico.

Luis Fernando Pitty Ceballos humaniza los aconteceres significativos del devenir panameño; el pasado reciente lo reflexiona desde la visión del narrador lírico.

“El jardín de rocas” es la novela que ansía Panamá. La obra nos da el sentido de pertenencia que nos enorgullece: un país tan pequeño con tantas historias.

Luis encarna los ideales de la combativa, heroica y mártir Generación de 1958. El 2 de mayo de 1958, está al lado de Carlos Arellano y Ricardo Ríos, con ellos siente el silencio majestuoso de esa mañana inmensa, el mínimo sonido puede profanar la grandeza del acto patriótico. Luis siembra con ellos, la bandera de la dignidad y el honor de la Operación Soberanía en el corazón geográfico del enclave colonial.

Fernando marcha con Odilio González, desde Aguadulce, en la protesta nacional ante un sistema educativo fracasado. El 19 de mayo de 1958 ve la bomba lacrimógena que mata al estudiante José Manuel Araúz. El infernal sitio del Nido de Águilas, lo vive cuando los francotiradores de Bolívar Vallarino matan a estudiantes indefensos, como Rolando Jiménez frente a las esfinges, es un chiquillo de tercer año. Pitty Ceballos es partícipe del 22 de Mayo sangriento, la lluvia de balas dum dum masacran a 30 panameños. Miguel Batista recibe la bala que iba hacia él. Los líderes brotan de la iniquidad.

Luis, durante la Marcha Patriótica del 3 de Noviembre de 1959 en la avenida 4 de julio, grita: Que se lleven el Canal de Octavio Méndez Pereira. Los dos Ezequiel Núñez y Meneses son detenidos por los “zonians”. La represión del ejército “yankee” provoca más de cien heridos. El cerro Ancón es el mudo testigo de la infame agresión. La protesta lírica de Amelia Denis expresa: me queda el corazón para quererte, ya que no puedo junto a ti llorar.

El mástil de la discordia, lleva al sargento Carlton Bell a desafiar el Acuerdo Chiari-Kennedy de 1963 de izar la bandera panameña en la Zona del Canal. Reta al gobernador Fleming, la población colonial se cree dueña de la vía acuática. Carlton ignora el sentimiento patriótico de los institutores de ver la bandera de Gaspar Octavio Hernández flamear orgullosa en el territorio nacional. Enero pronto se teñirá de sangre y lágrimas.

Los aguiluchos, a paso de vencedores, como los de Ayacucho, llegan al Balboa High School. Luis Fernando palpita de emoción con los valientes que hacen historia, igual que los 300 espartanos de las Termópilas. Mateo Iturralde los guía: Yo no vendo mi patria.

Los enardecidos “zonians” ultrajan la bandera de Ricardo Miró. Los seis institutores son las rocas de la memoria colectiva, el alma y el corazón de una nación que pierde la inocencia ese jueves de ignominia, es el último día de la vergüenza y el primero de una nación que se hace grande con el dolor de la patria herida. Luis llora ante la impotencia de ver a 21 panameños asesinados por el Coloso del Norte. Víctor Manuel Iglesias y el Whisky, su personaje, caen abatidos por la metralla de los gringos.

Luis Fernando vive los tiempos de la sedición contra la dictadura militar. Los nuevos padres de la patria, son las aves de rapiña que codician el tesoro público. Los desatinos son muchos, a las protestas ciudadanas responden con los dóberman y pitufos. Calle 50 es el eje emblemático de la desobediencia civil. La escuela República de Venezuela, el polo de la lucha popular.

El asesinato de Giroldi y la masacre de Albrook, demuestran la criminalidad de una casta militar que asesina sin piedad, como el caso de Hugo Spadafora. Pitty Ceballos presencia la quema de la Mansión Danté y el Machetazo. Noriega, el Viernes Negro, es impotente de detener a la ciudadanía militante. La violencia institucional carece de límites, la barbarie ejerce el poder gubernamental.

El escritor-escritor celebra en Albrook la entrada de Panamá al enclave canalero. Torrijos no asiste, es consciente de que el triunfo es de la juventud que protagoniza la épica de la Soberanía. Fernando está en Coclesito cuando matan, en el cerro coclesano, al general. Las garras del águila lo eliminan, ya no es útil para ellos.

Los tratados canaleros ocupan la atención de Pitty Ceballos, con la intuición de la experiencia médica, aprecia que el Tratado de Neutralidad es la piedra en el zapato, al permitir las intervenciones armadas del imperio de Washington, es el nuevo Panamá Cede.

El martes 19 de diciembre de 1989, Luis Fernando llega al Chorrillo, invitado por Marina y Efraín, protagonistas de la novela. Nota las barricadas de los Macho de Monte, el ambiente es tenso, pero los chorrilleros se preparan para las fiestas de Navidad. De pronto escucha una explosión y otra, el ruido de los helicópteros aterroriza a la población, las casas de madera arden. El cielo se tiñe de rojo y amarillo, cuerpos deshechos y calcinados de hombres, mujeres y niños en las calles, víctimas de una injusta causa, es el holocausto apocalíptico.

Efraín oye el disparo que nunca deben olvidar las generaciones por venir, el disparo astilla los huesos del pueblo, los gritos de dolor y angustia son apabullantes, la agonía es colectiva. Las tanquetas se adueñan de los escombros, esa noche matan al Niño Dios, la sangre inunda al país ístmico.

“El jardín de rocas”, escrito con sangre, es un manifiesto de trascendencia política, el poeta narra con el alma adolorida.

“Luna Verde” de Joaquín Beleño narra la lucha contra el Convenio Filós-Hines de 1947, son los tiempos de Blas Bloise, Enrique Karlson, Secundino Torres, Sebastián Tapia, David Acosta, Carlos Iván Zúñiga, del Frente Patriótico de la Juventud y de la gloriosa Federación de Estudiantes de Samuel Gutiérrez.

“El jardín de rocas” es la novela de la épica de la Soberanía, de la siembra de banderas en la Zona del Canal, de la confrontación de la Cruzada Civilista contra la dictadura militar, los tiempos de los tratados canaleros y la invasión despiadada de 1989, son las voces de los centinelas de la patria de Victoriano Lorenzo.

Pitty Ceballos, con puntualidad cervantina, se refiere al Movimiento Inquilinario de 1925, a las huelgas canaleras de 1916 y 1920, al asesinato de Remón, al negociado de la carne de la plutocracia, al juegavivo con “el rebúscate como puedas”.

“El jardín de rocas” es el compendio de una nación que vive una épica de la esperanza.

Dedicado a Humberto Brugiatti, líder de la Generación del 58.

Referencia bibliográfica: Pitty Ceballos, Luis Fernando. “El jardín de rocas” / Panamá, Editora Sibauste, 2019. 254 p. Está en Riba Smith y las Arrocha. La novela que todo panameño debe leer. Homenaje a los institutores, rocas sagradas de la nación panameña.

Docente, historiador y escritor.