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04 de Jun de 2020

Columnistas

No es una fábula, es una historia absolutamente real

Estando en la Gran Manzana, salí a caminar unas cuadras para relajarme... bueno, en realidad fui a buscar la manera de comprar cigarrillos

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Mi padre, Don Celso de Oliveira, en la época de oro del fútbol en la que fue uno de los protagonistas, junto a Pelé.Celso de Oliveira.

En las vacaciones de verano del año 82, yo tenia 13 años y una gran frustración. El gran grupo de rock, Queen, había estado en Venezuela y yo no había podido ir a verlos.

Ese año, el 82, mis tres hermanos, mi madre, mi padre y yo viajamos a Nueva York. Mi tía, María Contesa  De Oliveira Peña, quien fue la mismísima diseñadora de Kiss, Rod Steward y otros, y que ha sido condecorada en el hall de la fama del rock mundial, nos prestaba su apartamento porque ella estaba en la India y claro, una oportunidad así no la podíamos desperdiciar.

Estando en la Gran Manzana, salí a caminar unas cuadras para relajarme... bueno, en realidad fui a buscar la manera de comprar cigarrillos. En Caracas, por aquel entonces, le decías al portugués que te diera una cajetilla y listo, pero en el norte la cosa era más complicada.

Iba a fumármelos por ahí, porque si mi padre me veí me mataba a palos, así que después de estar un rato intentándolo los conseguí, aunque costaron el doble porque me los compró un puertorriqueño mayor de edad que los sacó de unas máquinas típicas, expendedoras de tabaco, que estaban dentro de los bares... así que no me quedo de otra.

Mientras esperaba la gestión de mi nuevo amigo, me dio la impresión de haber visto un afiche de Queen en una tienda, pero como estaba lejos y no quería que el puertorriqueño se perdiera, no puede comprobarlo.

Después de echarme el cigarrito, regresé al hotel, no sin antes quitarme el tufo a nicotina con los famosos caramelos de menta que arden como fuego en la boca. Al llegar, le pedí autorización a mi madre y llamé al Madison Square Garden para saber quién se prestaba ese mes allí.

Detrás del teléfono, decía la gringa:

 -Let me seeeee, mmmmm, Van Halen, The police, Queen...

Después de escuchar Queen, dejé de oír el resto. No lo podía creer y aún no me lo creo... ¡me dijo Queen! Mi gran frustración se podía resolver esa misma semana. Quién iba  a pensar, que aquella iba a ser la última gira del grupo por EEUU con Freddy Mercury.

Colgué el teléfono, abracé a mi padre como una garrapata y le dije:

 - No te pido más nada... solo llévame- .

 Él me contestó: 

-Te voy a llevar-. 

Y para mí, no había nada, ni Navidad, ni cumpleaños, absolutamente nada mejor que ese momento. Salimos en el metro al Madison. Recuerdo que cada show tenía una maqueta en vidrios blindados. Esos gringos son únicos,  allí escogías tu zona y asientos. Escogimos a la izquierda de la tarima, bien cerca. $13.50 dólares cada entrada, menores de 13 años: No, jajajaja sólo podían entrar de 13 años en adelante y acompañados por sus representantes, mis hermanos no calificaban. Volví a ser feliz, no puedo mentir, los becerros a ver televisión esa noche y a dormir tempranito mientras yo, viviría la mejor experiencia con con Mercury, May, Taylor y Deacon .

Llegó el día, allí estábamos a escasos cuatro metros de la banda que abrió el show. Un tipo muy bueno que aún sigue activo: Billy Squire. Mi padre me decía gritado con su bello acento brasileño portugués:

- Celsito, ¿no ta un poco alto sonido de Queen ? - 

- No papaaaá, esa no es Queen, es una banda que abre -.

Él no entendía y yo me reía: 

-Si este desconocido suena alto imagínate cuando salga Mercury y CIA- (sonrío a solas con el espíritu de papá aquí al lado, en este cuarto en ciudad de Panamá).

Mi padre, después de unas tortuosas dos horas de rock (para él) y ya con Queen en escena, me gritaba:

-Celsito, ¿cuánto falta para We are the champions? -

-¡Papa coño, esa es la última van por la mitad!

Bueno, lo cierto es que al final del concierto, justo en la terminación de su inimitable y amada We are the champions, Freddie Mercury se acercó a la zona donde estábamos con un ramo de claveles rojos, los lanzó al azar y créanlo o no, yo atrapé dos. En ese momento, la multitud estaba enardecida, todos en pie, gritando y con lágrimas en los ojos viendo a Freddie, pero entonces, unos tipos en banda, de estos 'latin kings' o 'dominicans don't play', ¡yo que se! , saltaron desde el lado superior hacia donde estábamos nosotros y malandreando como de costumbre me dijeron en un perfecto 'spangilsh':

-Dame las flowers, fucking niño-.

Quienes me conocen, saben que yo no soy precisamente la Madre Teresa de Calcuta y que tampoco soy un tipo reflexivo y entonces con mis trece añitos tampoco, después de todo, ¡esas flores tenían el ADN de Freddie, coño!, así que yo lancé una patada y comencé a forcejear. Mi padre no entendía. 

Mi papá era todo un personaje. Gritaba en ese gran alboroto final de luces encendiéndose, gente gritando y todo lo que sabemos que pasa en un concierto:

-Celsito, ¡dale a lo muchachos esas flores, no pelees con esos tipos! Ya viste el show, ya acabó la música, deja flores para los muchachos, también tienen derecho, otro día te compro otras flores -

Yo seguí lanzando patadas y golpes al aire y finalmente, se metió la policía. Recuerdo que me llamó la atención que no usaban armas. Cuando llegaron, arranqué a correr con mis 'Mercury flowers' y corrí pa' adelante, sin mirar atrás.

Después de horas, me encontré con mi padre. Por suerte, siempre en mi familia, antes de entrar a lo que fuera, quedábamos en que, si alguno se perdía, nos encontrábamos en un punto “X”, y así fue. Lo espere al lado de las oficinas principales de correo, en las escaleras. El gran Celso papá. Estábamos cerca ya de la entrada del metro, en la calle aledaña y le digo:

- Papá, ¿tú no sabes lo que valen estos claveles?-.

Me dice él:

-¿Tú crees, Celsito, que valen mucho? no seim ...

Y le dije: 

-Viejo, ¡qué gol, ni qué fútbol, ni qué Pele, ni qué nada!-

Él se reía al final y me dijo, entre su mezcla de idioma español y portugués:

- Tú fanático de ese Queen, ah hijo, a ese tal Mercury en dos años nadie lo va a recordar.... ya vi mejores en Brasil en televisión y después desaparecen, y terminan trabajando en un bar-

No Padre, ni Pelé, ni tú, ni Mercury van a desaparecer jamás de la memoria de quienes hacen historia para convertirse en leyendas por sus buenas acciones. Te amo mi brasilero, todo lo que se pudo me lo diste...gracias padre.... Descansa en paz.

(Aquí acompaño este texto con la foto de un gran hombre, todo un referente y sobre todo un ejemplo para cualquiera. Es mi papá, Celso de Oliveira junto a mi padrino, Pelé... otro buen tipo.

El autor de este artículo fue intervenido el pasado 25 de octubre de 2019 en Panamá, en el Hospital San Fernando,  del corazón; una cirugía en la que se le colocó un artefacto de última generación que mueve su órgano vital  y aumenta la irrigación sanguínea. Celso de Oliveira tiene una cardiopatía cardiomegalia que aunque controlada, lo mantiene con una importante deuda económica que debe saldar con las entidades que le prestaron apoyo.Para colaboraciones pueden hacer contacto a través  de los correos electrónicos celso.sechi@gmail.com, celsosonoclipsrctv@gmail.com  o el teléfono celular 507 61566567.