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13 de Jul de 2020

Saúl Rolando Cortéz Chifundo

Columnistas

Achiote, un atisbo a la microhistoria

Los efectos historiográficos y culturales de la Revolución cultural del 68 abortaron nuevas corrientes historiográficas insurgentes contra la historia tradicional de línea positivista.

Los efectos historiográficos y culturales de la Revolución cultural del 68 abortaron nuevas corrientes historiográficas insurgentes contra la historia tradicional de línea positivista. Una de estas fue la Microhistoria, que, aunque ocupó un espacio en las reflexiones historiográficas de las últimas décadas del siglo pasado, en Panamá, resulta una corriente poco conocida y nada utilizada, sobre todo, desde la perspectiva italiana que es la originaria.

Por el contrario, desde la perspectiva mexicana, mejor entendida como historia local o pueblerina en su versión sofisticada, ha sido prolijo su tratamiento. A propósito, cabe destacar que estas dos perspectivas de la Microhistoria, distan mucho de ser homólogas.

Según el experimentado historiador panameño Pantaleón García Bethancourt (2009): “Al historiador de Microhistoria le interesa estudiar y dar a conocer lo que no es común, lo que históricamente ha pasado inadvertido. Los historiadores microhistóricos hacen estudios a una escala reducida, pero la misma es una representación de todo el universo que ella representa.” (Lotería N° 487, p. 61). Este postulado epistemológico antepone los detalles triviales “bajos” a las características más evidentes.

No cabe duda de que en nuestro país existe un vacío que llenar en cuanto a este rubro historiográfico (italiano), que resulta tentador, aunque no se excluye de ser espinoso, dada su novedad. Achiote, es un pequeño poblado rural dentro del distrito de Chagres, Costa Abajo de Colón, a pocos minutos de las Esclusas de Gatún. No figura en la historiografía nacional ni regional, mucho menos local, por tanto, se precisa poner bajo el foco o lente microscópico fragmentos de su totalidad.

Dentro de la marginalidad con que muchos miran este poblado, tildándolo de fantasma, aburrido, insípido y no sé cuántas ocurrencias más, hemos hallado datos –para cualquiera, marginales–, pero que consideramos reveladores (Método Morelliano). Uno de estos hace referencia al primer y único periódico originario que tuvo Achiote. Aunque hijo del presente siglo (2003), la esencia de su génesis dista mucho de la de los coloniales y actuales.

El mismo fue impulsado por estudiantes extranjeros en pasantía, como un mecanismo de cohesión social, pues detectaron que irónicamente, a pesar de ser un pueblo pequeño, su gente poco interactuaba. Un periódico efímero, que surgió de la nada, sin un gran capital que le respaldara, con el fin único de aumentar la comunicación entre vecinos y lograr la eficacia del trabajo mancomunado en pro de su comunidad.

El Achioteño fue un periódico local que, a pesar de su escuálida existencia, surge como un factor de cohesión social, más allá de tener ese rol de actor político para el control ideológico de la opinión pública que ha caracterizado este medio, desde siempre, en el plano nacional e internacional. A este y otros detalles secundarios o peculiaridades insignificantes dentro de este laboratorio, Achiote, en particular, hemos querido arrojar luz, para visibilizarlos y agitar conciencias.

En definitiva, la Microhistoria italiana es eso, un postulado o método de investigación interpretativo, reaccionario que busca en lo insípido las más elevadas realizaciones del actuar humano en su cotidianidad. Así, Achiote, nuestro humilde nicho investigativo, desde lo microhistórico, nos ofrece la oportunidad de compilar piezas históricas insignificantes, pero reveladoras que presagian su posicionamiento dentro de la desalentadora historiografía local.

Docente