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13 de Jul de 2020

Columnistas

Esto no se vive ni se dice igual

Existen diferentes tipos de cuarentena, una diferente por cada experiencia, lo que nos obliga a hacer un esfuerzo de agrupamiento por categorías 

Esta pandemia ha obligado a los gobiernos a tomar decisiones que nos afectan a todos. Se han instrumentado un conjunto de medidas de carácter universal que, sin embargo, son experimentadas por cada grupo social de manera muy diferente. Por eso me atrevo a decir que existen diferentes tipos de cuarentena, una diferente por cada experiencia, lo que nos obliga a hacer un esfuerzo de agrupamiento por categorías para tratar de abarcar la mayoría, aunque de seguro algunas se quedarán por fuera.

Unos pocos viven esta circunstancia recibiendo su salario completo, sin preocuparse demasiado ya que no han sentido la desmejora económica. Para este primer grupo el esfuerzo fundamental es quedarse en casa y administrar los costos psicológicos del confinamiento. La segunda categoría corresponde a los que pretenden que se mantengan con 80 dólares mensuales por familia o a través de las bolsas de comida.

 La presión económica es un factor estresante de primer orden. Este grupo vive una cuarentena de supervivencia, administrada con mucho rigor, viendo cómo logran superar un día tras otro, pensando angustiosamente qué comen y cuánto comen, tratando de hacer una magia casi imposible para que les alcance.

Un tercer grupo corresponde a las familias cuyo ingreso depende de la economía informal, aquellos que en tiempos normales trabajan ganándose el día a día y aún no le llega ni el bono, ni la bolsa. Están sobreviviendo sin respaldo alguno y sin poder trabajar. De ellos no hay forma de saber cómo están sobreviviendo y por cuánto tiempo más pueden soportar las medidas.

El cuarto segmento incluye a los trabajadores con contratos suspendidos. Probablemente estos se mantienen de los pocos ahorros, las nuevas deudas (tarjetas), las facilidades que puedan encontrar en las casas de empeño y la pequeña ayuda gubernamental. A ellos la descapitalización familiar los va a volver más frágiles en la medida que el tiempo pase sin lograr reinsertarse.

La quinta categoría es la del profesional independiente. Aquel que presta servicios de consultoría, servicios y similares a las empresas y al sector público, que son invisibles e ignorados a la hora de definir políticas de respaldo, y que en este momento están financiando la cuarentena de sus familias, y las familias de sus colaboradores y empleados, afectando sus ahorros y descapitalizando sus fondos de trabajo.

El pequeño y mediano empresario es otra categoría afectada. El emprendedor aspira a una rápida normalización que les permita volver a sus actividades. Seguramente ha planificado su reestructuración y espera con ansias que en algún momento el gobierno le dirija unas palabras de aliento.

Como hemos visto, cada una de estas categorías son realidades distintas, angustias diferentes, vulnerabilidades y fortalezas que se juegan de manera distinta, pero todos tienen en común la afectación por esta circunstancia, y a todos hay que valorarlos en su justa dimensión.

Como se les habla Todos los panameños esperamos que muy pronto se hagan anuncios que den señales sobre cómo vamos a salir progresivamente de esta etapa y en cuanto tiempo se va a normalizar la economía y la sociedad. Y aquí quiero hacer un alto para que no se sigan cometiendo los mismos errores que hemos visto a lo largo de esta pandemia. Se debe mejorar la comunicación para restablecer la confianza y alentar una rápida recuperación.

La comunicación de las decisiones que se toman no puede seguir siendo bajo la premisa de que todos hemos vivido la misma experiencia y tenemos las mismas necesidades.

Como hemos visto, esta pandemia se ha sufrido de maneras muy diferentes y también con costos muy distintos. La comunicación debe ser multidireccional, entendiendo que no le pueden seguir hablando a los mismos de siempre, que existen otros que requieren su mensaje y que hasta el momento parecen ser invisibles.

Los responsables tienen que ampliar el espectro de la comunicación utilizando herramientas que permiten la comunicación directa, entre ellas las mismas que han sido utilizadas por los ciudadanos para compartir noticias, caricaturas, denunciadas, memes, y sentirse de alguna manera acompañados a pesar del aislamiento. Usar esos canales sería una herramienta efectiva para lograr el contacto directo con cada quien, y sobre lo que cada quien espera. Ahora más que nunca los que tengan que dirigirse al país deben hacerlo a través del uso de los clusters cuantitativos de los cuales deben disponer.

Recuerden, no existe una sola categoría. No se sufren los mismos impactos. Todos estamos afectados, pero la experiencia varía, y por lo tanto, lo que hay que decir a cada uno requiere sutilezas y singularidades que hay que considerar.

También es importante que los actuales rostros visibles que se observan en las pautas publicitarias, trasladen su protagonismo en la comunicación a quienes son los héroes indiscutibles. De segurro producirá un mejor efecto comunicacional ver al personal médico, a aquellos cientos de voluntarios que ha trabajado sin descanso, a la ciudadanía en general, siendo los portadores de un mensaje de esperanza y confianza en un futuro mejor. De esta forma se asegura que el mensaje, avalado por la confianza y la experiencia de quienes han vivido esta pandemia, tenga mayores posibilidades de ser recibido y aceptado por quienes lo ven o escuchan. Intentar lo contrario puede ser políticamente improductivo.

Ha llegado el momento de la síntesis y la concreción. Cada quien quiere escuchar lo que le corresponde en el menor tiempo posible, con toda la claridad que sea necesaria para que no haya espacio para las dudas. La paciencia para escuchar mensajes repetitivos se agotó y, como hemos visto, nadie tiene tiempo que perder.

Hay mucho por aprender de esta nueva experiencia extrema. A la clase política, pero en espacial a quiens gobiernan, les corresponde estudiar y comprender el humor social que existe hoy, y las razones por las cuales se generan las expresiones y reacciones que vivimos día tras día. Allí está la clave para entender más allá del saber convencional, del reduccionismo que piensa que su experiencia es la de todos, creyendo que lo único valioso tiene que ver con lo que aporte un círculo cercano interconectado con las mismas intenciones, vivencias y objetivos. 

Cuando hagan esto, cuando salgan de la burbuja, se darán cuenta que lo que está pasando tiene profundas diferencias e impactos en cada quien, en palabras más sencillas, no todos hemos vivido este proceso de la misma forma, por lo tanto la comunicación no puede ser bajo esta lógica, si no entendiendo las profundas diferencias que existen: Esto no se vive, ni se dice igual.

Consultor Internacional