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11 de Jul de 2020

Columnistas

El negocio del miedo

Es fundamental ponerle atención a la desinformación basada en el exceso de información

Unicef
Hay que educar a los niños sobre la imprtancia del lavado de manos.Unicef

La declaración de pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS) del COVID-19 ha trastocado el tejido económico-social del mundo entero a tal punto, que las aseveraciones científicas de un lado y otro estremecen a la comunidad médica cuando se califica la situación como una Pandemia.

Especialistas con vasta experiencia en análisis de virus y epidemias derivadas, siendo en su momento expertos en misiones de la OMS, han criticado acremente los criterios que, en los últimos 10 a 15 años, dicha organización invoca para determinar si una afectación a la salud es considerada epidemia o pandemia.

A la par, la ola de pánico generada en torno al coronavirus y las medidas desproporcionadas y contraproducentes que se han tomado en todos los países a la sazón de la pandemia, abanicada a su vez por los medios de comunicación que desatienden las voces adversas de la gran cantidad de expertos que tienen una perspectiva distinta pero bien fundamentada.

Analicemos aspectos que estos expertos han presentado en prestigiosos foros y si ello se asemeja o no a las decisiones y medidas adoptadas en nuestro país.

A raíz de la declaración de pandemia por la OMS en 2009-2010 por la Gripe A (H1N1/09), causada por una variante de la Influenza Tipo A (subtipo H1N1), conocida como la Gripe Porcina, mucho ha sido el debate científico ante dicha declaración, al punto que el Dr. Wolfgang Wodarg, epidemiólogo y expresidente de la Comisión de la Salud del Consejo de Europa, hiciera llegar una investigación ante dicho Comité que provocó una investigación en el seno de dicho Consejo.

El informe concluía que, desde el punto de vista médico, los criterios para la declaratoria de una epidemia o pandemia carecían de sustento técnico y que a todas luces la OMS se plegaba a los deseos de las farmacéuticas, sin contar con el quebradero de cabeza en todos los frentes para cualquier país, incluso aquellos con mejores dotaciones científicas, infraestructura sanitaria y recursos económicos.

El Dr. Pablo Goldsmith, virólogo y miembro de misiones de la OMS, declaró recientemente que “Nuestro planeta es víctima de un nuevo fenómeno sociológico al que denominó, el acoso científico-mediático”, y que el pánico generando en torno a la cepa de coronavirus (COVID-19) es tan injustificado como el que se creó en 2003 con el Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS) y en 2009 con el virus de la gripe A.

El creador de la primera vacuna de la malaria (SPf66) y galardonado por la Academia Mundial de Ciencias en 1988, el Dr. Manuel Elkin, señaló que “estamos entrando en un juego mediático sin sentido”, ante lo cual sugiere que debemos tener los ojos bien abiertos, pero sin entrar en pánico ni en medidas extremas y contraproducentes.

Elkin, al igual que muchos colegas, consideran que lógico es aislar exclusivamente los casos de contagio y hacer un estudio de los allegados al infectado. Con eso es suficiente y considera un enorme error el aislamiento de personas y ciudades.

Apuntan igualmente que si bien el virus existe y deben atenderse las medidas sanitarias que correspondan, la histeria colectiva magnificada por los medios de comunicación no tiene razón de ser.

Científicos de University College de Londres han ironizado la situación calificando la misma como los desastres que se ven en algunas películas de zombis luego de la exposición a algún virus, en la cual tomar medidas extremas no ayuda en la coordinación operativa de actividades complejas de salud pública.

Viendo lo ocurrido en diversas latitudes, el desastre institucional con hospitales colapsados, escases de alimentos y/o de insumos médicos, negocios cerrados provocando el estancamiento económico, han podido manejarse mejor de lo que hoy ocurre.

En Panamá no ha colapsado el sistema sanitario y se ha mantenido el flujo de la producción de alimentos, pero por otro lado las necesidades básicas de muchas familias, cuya supervivencia depende del día a día, no ha sido cubierta ya que las bolsas de comida y los vales o bonos solidarios tampoco llegan luego de más de un mes de cuarentena casi total.

Si a eso le sumamos expresiones como el Virus de la Muerte, estamos en guerra, el virus es un Enemigo Invisible, entre otras frases, la psiquis humana no racionaliza bien eso.

Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS cuando anuncia el problema en ciernes declara que el mayor enemigo en este momento no es el virus en sí mismo sino el miedo, los rumores y el estigma». Sin embargo, pese al pánico creciente, días después lo declararon pandemia global. ¿Con qué criterio?

Es una situación delicada que amerita una coordinación extrema en todos los niveles gubernamentales e igualmente comprensión por parte de la población en cuanto a las medidas aplicadas. Pero si las informaciones emanadas de los medios, las redes no son realistas, sumado a quienes se aprovechan para desinformar y generar caos, esto exacerba los ánimos y el mejor ejemplo es el cierre de calles.

Lo que ayer era algo rutinario o nada noticiable, si alguien tenía gripe y/o tenía fiebre, ahora se convierte en algo que inmediatamente se cuenta en las redes y por WhatsApp u otros medios digitales con el indudable apellido de coronavirus.

Nuestras autoridades sanitarias han explicado con mesura que habrá personas contagiadas, algunas con leves síntomas y otros graves con probabilidades de fallecer. Otros serán asintomáticos, tendrán el virus y no se les desarrollará y con el resto de la población si estamos en cuarentena y guardamos las medidas sanitarias básicas no tendremos nada. Eso pasa con todos los virus.

El Dr. Elkin enfatiza que el contagio de cualquier virus depende de tres factores: “La causa externa, el virus en este caso, el medio ambiente y, sobre todo, el componente genético de cada persona”. Que coincidan los tres factores en un tanto por ciento tan alto, es imposible.

Gráfica de cadenas de contagio
Gráfica de la cadena de contagio.Cedida

Por ello, las cadenas de contagio que se dedican a multiplicar por doquier no son para nada exactas.

Esto debiera ser motivo de tranquilidad, pero como afirman los expertos la calma no vende diarios, no vende mascarillas ni llenan supermercados ni provoca un gasto en vacunas desmesurado, ni mueve al gobierno a construir hospitales entre otras cosas.

Si las conferencias de prensa que a diario nos informan del avance del virus con las cifras epidemiológicas internas, inician con las cifras a nivel mundial y se muestra el mapamundi de color rojo intenso por el avance del virus, la mente humana se asusta y el miedo sigue su curso.

La comunidad científica que tiene una perspectiva distinta a la OMS, pregunta, ¿Por qué no se evalúan las cifras de fallecidos por los virus que año a año hacen estragos en los países vs el comportamiento del COVID-19?

Algunos expertos confirman que la gripe estacional produce más muertes por año que lo que va del COVID-19, ni se diga del VIH y para ninguno de ellos hay vacuna.

La aparición de este virus ha sido considerada de “fortuita” y por las consecuencias generadas algunos lo denominan como un evento Cisne Negro, cuyas características principales es que su aparición no estaba prevista de ninguna forma y las secuelas son, cuasi catastróficas para la sociedad. Un ejemplo podría ser la trama de la película Impacto Profundo en la cual un meteorito se dirige a la tierra y no hay forma de detener su impacto, lo cual provocará la desaparición de la tierra. Evento Imprevisto y Secuelas catastróficas.

Pues bien, prestigiosos científicos y expertos virólogos están convencidos que no lo es. Y no lo es por el simple hecho de que la OMS luego de la aparición del coronavirus del 2002-2003 el famoso SARS, no se siguieron haciendo pruebas específicas para confrontar los datos con situaciones similares en el pasado.

El Dr. Wodarg también denuncia el hecho de que cuando se dice que una situación como ésta se convierte en «algo más» debe ser por contraste con otros datos, pero no por criterios aleatorios o interesados y es de allí donde surge el error.

Un estudio en Glasgow comprobó que desde 2005 a 2013 qué dentro de los virus que producen enfermedades respiratorias, los coronavirus siempre han formado parte de la mezcla.

Cuando Wuhan presenta los datos del evento y la OMS los admite a la brevedad, un elemento clave para esa declaratoria no estaba en la ecuación, y es que no hubo test previos para confrontar los datos y corroborar si era una cepa nueva o una variante.

Los epidemiólogos preguntan, “¿Cómo es posible que sepamos que este virus es peligroso? ¿No es algo que ya tuvimos el año pasado? ¿Cómo es posible que no se haya comparado con años anteriores?”.

Estados Unidos reporta anualmente más de 30 millones de contagios por resfriado común y un porcentaje significativo fallecen y más de 200 millones de personas se contagian de malaria y la mortalidad es de unos pocos miles por día y eso no es considerado pandemia. ¿Por qué no?

Tom Jefferson, del centro de investigaciones independientes Cochrane Nórdic dice no reconocer nada nuevo en el hecho de que se descubra una nueva variante dentro del coronavirus.

Al Dr. Schulte la situación le recuerda a la crisis del coronavirus de 2003 en la cual China tomó medidas parecidas de aislamiento. El Banco Mundial calculó que las medidas contra el SARS supusieron unas pérdidas de 33.000.000.000 de dólares y las estimaciones para esta vuelta son 15 veces o más de lo estimado en 2003, sin contar las deudas que contraerán los gobiernos para amortiguar la famosa pandemia.

Las cifras de fallecidos que año a año se manejan mundialmente por Gripe podrían acercarse a las 500,000, mientras la gente va libremente en transporte, a discotecas, almacenes, acontecimientos multitudinarios… Es cierto que el COVID-19 no tiene vacuna, pero en las otras pandemias por otros virus tampoco había vacuna, pero se debe encontrar “un equilibrio entre la salud pública y la seguridad y las consecuencias de interrumpir la vida diaria”.

Sería mucho más adecuado y efectivo aislar temporalmente a las personas infectadas o que tienen un alto margen de riesgo, ponerse en mascarillas en esos casos, mientras el resto toma medidas de higiene básicas.

Desde que Wuhan, ciudad con constantes neumonías y todo tipo de gripes se prendieron las alarmas, si el monitoreo de la temperatura excedía sus límites para manifestarse en fiebre, la maquinaria del miedo abanicó la idea que cualquier temperatura alta implicaba coronavirus sin contrastar con otras epidemias.

En la audiencia del Consejo de Europa de 2009, el director del centro colaborador en epidemiología de la OMS en Múnich, Ulrich Keil, ironizó sobre los nuevos criterios para declarar una pandemia, comentando: “Con los nuevos criterios de pandemia, ¿podría declararse una epidemia de estornudos? Sí, podría”.

Apelo a la lógica y al sentido común de las personas porque se hace fundamental ponerle atención a la desinformación basada en el exceso de información, ya que esto favorece el negocio del miedo, sobre todo si le quitas el filtro del análisis crítico y científico.