Temas Especiales

13 de Jul de 2020

Martín Testa Garibaldo

Columnistas

El árbol como recurso educativo

El tercer viernes de cada mayo, en Panamá, se celebra el Día de la Fiesta del Árbol, el cual data del Decreto Ejecutivo del 11 de mayo de 1967.

El tercer viernes de cada mayo, en Panamá, se celebra el Día de la Fiesta del Árbol, el cual data del Decreto Ejecutivo del 11 de mayo de 1967. Luego de más de cincuenta años, vemos que para entonces fue una vanguardia por conservar este recurso natural… años después, vendrían a nivel internacional, fechas de referencias a los quehaceres ecológicos y ambientales.

El entonces presidente, Marcos Robles, nos crea preguntas inevitables sobre qué o quiénes lo habrían motivado a dedicar un día para resaltar el valor de esta expresión de la especie forestal, cuando los movimientos ambientalistas eran incipientes. Caben muchas preguntas y un cúmulo de conjeturas como respuestas.

Las ciencias ambientales resaltan la importancia del árbol por los servicios que nos brindan, como absorber el dióxido de carbono y liberar oxígeno, sus raíces contribuyen a evitar la erosión, las hojas generan fotosíntesis y dan nutrientes al suelo, proveen un sinfín de alimentos; además, son hábitat de diversas especies de fauna y flora; y por supuesto, entre otros beneficios, nos disponen de madera.

Hoy, sin omitir el valor del árbol como especie forestal, queremos rescatarlo como un mediador didáctico para la educación, toda vez que el mismo reúne tres principios que hemos propuesto para la educación ambiental. En tal sentido, el árbol es como recurso educativo:

Económico, puesto que es un material renovable que no genera desechos y un pertinente ejemplo de la economía circular; además nos genera bienes y servicios.

Significativo, porque facilita la relación e interacción con el objeto de estudio. el aprendizaje significado que es lo opuesto a la enseñanza basada en la memoria y la repetición.

Divertido, ya que da espacio al drama tangible e imaginario, un lugar para el aprendizaje lúdico, colaborativo y donde la armonía contribuye a desarrollar la creatividad.

Este recurso forestal es igualmente un medio didáctico que posibilita el aprendizaje:

Cognitivo, debido a que el facilitador a través de este recurso logra motivar la función cerebral por asociar, experimentar e investigar la construcción del conocimiento.

Psicomotor, al estimular con este mediador, la acción sensorial y motriz, aunado al dominio motor y espacial que nos proporciona sus características y entorno.

Socioafectivo, toda vez que suscita el desarrollo de habilidades sociales, colocando como ejemplo, la colectividad que tienen los árboles con los medios naturales y su efecto para el medio social.

He manifestado en no pocas ocasiones que un docente o para el caso, un educador ambiental, podría trabajar toda una jornada educativa alrededor de un árbol. Por ejemplo, en la educación formal no hay asignatura donde no se logre la transversalidad y para los ámbitos de la educación no formal e informal todos los contenidos de aprendizaje se pueden orientar entorno al árbol.

En las culturas prehispánicas de Mesoamérica, los árboles, como seres sagrados, representaban simbolismos que realimentaban historias, leyendas -la literatura oral- y la conexión con el equilibrio cósmico, que, al fin de cuentas, es la finalidad del magisterio ecológico.

En este país de alta vocación forestal, la frase “no se puede defender lo que no se ama, no se puede amar lo que no se conoce” es el adagio que complementa esta propuesta, este apremio, esto que al final redunda, en revalorar los árboles en su dimensión educativa, y sin duda, ambiental.

Educador ambiental.