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07 de Jul de 2020

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

¿De qué estamos hechos?

“[…] no olvidemos de qué estamos hechos; hagamos valer nuestros principios y valores, cultivemos comportamientos saludables, fortalezcamos nuestro sistema público de salud, promovamos la salud, busquemos la equidad económica y social, y cuidemos la vida. Puede venir una segunda ola y tenemos que estar preparados”

El control de la epidemia de COVID-19, en nuestro país, no ha tenido una semana fácil. Mientras en las semanas previas manteníamos un promedio de 160 casos nuevos reportados por día, demostrando que íbamos por buen camino en el control de la epidemia, y podíamos comenzar a levantar la cuarentena; en estos últimos siete días, el virus contraataca, y ese promedio se elevó a 250 casos nuevos reportados cada día. No hay duda de que esto es muy preocupante, pero no es razón para ponernos a gritar a los cuatro vientos que hay volver al confinamiento, manifestando, en ocasiones con histeria, cualquier tipo de argumentos, la mayoría alejados de la verdad, y no pocos con la intención de crear más angustia y desesperación en la sociedad.

No podemos olvidar que el virus, está ahí afuera, y ahí se quedará, esperando por los incautos que salgan a celebrar irresponsablemente, sin tomar las medidas que se han repetido hasta la saciedad. También parece que los casos nuevos nos hicieron olvidar que la apertura de la cuarentena es inaplazable, y que mantenerla ya está provocando una grave crisis social, desempleo, incremento de la pobreza y el hambre, que tomarán años en recuperarse y causarán más sufrimiento que la propia pandemia.

En ese contexto, nos invito a preguntarnos ¿de qué estamos hechos?, y si seremos capaces de juntarnos sin agendas de ninguna índole en esta lucha común que debe ser de todos, pues aquí, o nos salvamos todos, o no se salva ninguno.

Yo creo que la mayoría de los panameños estamos hechos de la misma sangre y el espíritu de nuestros antepasados ilustres. Los mismos que enfrentaron y superaron crisis tan graves o más que la actual, desde nuestro surgimiento como república, hasta la recuperación de nuestro canal. Entonces, a nosotros nos corresponde hacer valer ese legado, no retroceder, y enfrentar juntos, con responsabilidad compartida, este aumento repentino de casos nuevos. No es la hora de correr a encerrarnos, esa etapa ya la quemamos, ahora nos toca redoblar nuestro compromiso con las medidas de distanciamiento que todos conocemos, avanzar cuidando la salud individual y colectiva hacia la construcción de un nuevo modelo económico y social que privilegie el desarrollo con justicia y equidad, y nunca más los bolsillos de unos pocos.

Por su parte las autoridades, con nuestra participación, deben buscar y encontrar las posibles causas de este aumento de nuevos casos en la última semana, informando de forma oportuna y con transparencia a la población. Lo primero que deben hacer es asegurarse de que estaban y están recolectando de manera oportuna, sistemática y correcta, los datos acerca de las personas positivas y sus contactos; evitando que la información se represe, por las causas que sea, en cualquiera de las instituciones del sector. Recordemos que, en los últimos reportes de casos, hubo muestras rezagadas, y no informadas, desde el día 10 mayo hasta el 26 mayo, muchas los días 21 y 22 de mayo. Esto no puede volver a ocurrir.

Por otro lado, como también se ha repetido muchas veces, esta labor de masificar las pruebas de laboratorio, rastrear positivos y sus contactos, aislarlos y ofrecerles atención, es una tarea titánica que requiere de más gente y más recursos. Adicional a la transmisión comunitaria persistente, es conocida la existencia de clúster no controlados en Santiago de Veraguas, en Alanje de la provincia chiricana, y en el albergue del Adulto Mayor que administra la Cruz Roja Panameña, en el distrito de Panamá. Por otro lado, aunque el 66 % de los corregimientos del país, no reportan casos; hay 22 corregimientos que reportaron más de veinte casos durante la semana que termina hoy. Eso lo conocen el Minsa y la CSS, por lo que deben capacitar y asignar suficientes recursos humanos propios, promover la constitución de comités de salud, para realizarles pruebas de laboratorio a sintomáticos y asintomáticos, en esos corregimientos, darles seguimiento diario, aislarlos a todos y vigilar la propagación fuera de esos sectores. Lo que no podemos hacer es, seguir detrás de la epidemia, contando casos y defunciones.

También es obligatorio investigar e informarnos de manera clara y convincente por qué somos el cuarto país de la región en casos confirmados por millón de habitantes. Se explica de algún modo por nuestra posición geográfica de puente (hub) natural de las Américas, o por el hecho de que hacemos más pruebas de laboratorio que la mayoría de nuestros vecinos. También necesitamos conocer por qué somos el sexto país en defunciones por millón de habitantes. Es muy probable que nuestras defunciones por millón de habitantes estén relacionadas con la presencia de enfermedades crónicas y de factores de riesgo relacionados con los estilos de vida y situación socioeconómica, pues ya es conocida mundialmente la nefasta relación entre el COVID-19 y las enfermedades no transmisibles.

Entonces, cuando pase la pandemia, no olvidemos de qué estamos hechos; hagamos valer nuestros principios y valores, cultivemos comportamientos saludables, fortalezcamos nuestro sistema público de salud, promovamos la salud, busquemos la equidad económica y social, y cuidemos la vida. Puede venir una segunda ola y tenemos que estar preparados.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).