Temas Especiales

06 de Jul de 2020

Enrique Castillo

Columnistas

El monseñor, la religión y el agro

No estoy seguro si esta trilogía o triada espiritual pueda llegar a ser divina, tampoco soy un fanático creyente, pero de lo que no tengo la menor duda es de la íntima relación que ha existido, desde el inicio de la humanidad, entre los lejanos patriarcas, aquellos personajes del Antiguo Testamento, con el vínculo de la tierra, los alimentos y el esfuerzo de los que la producen.

No estoy seguro si esta trilogía o triada espiritual pueda llegar a ser divina, tampoco soy un fanático creyente, pero de lo que no tengo la menor duda es de la íntima relación que ha existido, desde el inicio de la humanidad, entre los lejanos patriarcas, aquellos personajes del Antiguo Testamento, con el vínculo de la tierra, los alimentos y el esfuerzo de los que la producen. Eso ha sido la evolución y el desarrollo de la especie humana, a través de todas las épocas.

Me sorprendió enormemente, y de manera grata, que un alto prelado de la Iglesia católica, en este caso, de Panamá, en su homilía del pasado domingo 17 de mayo, hiciera una oportuna exhortación y un llamado a la conciencia nacional para la defensa del agro, el sector rural y la producción de alimentos en medio del coronavirus y otras acciones del hombre. No es común ni es normal. Espero una segunda y tercera vuelta. El titular del MIDA observaba y escuchaba atentamente.

Aunque debo aceptar y confesar que no debiera extrañarme ni causarme sorpresa, pues el máximo jerarca de la Iglesia Universal, Francisco, hiciera lo propio, cuando nos regala la Encíclica “Laudato Si”, en donde canta una alabanza a la Naturaleza y la creación planetaria de la Casa Común.

El sermón, fue una pieza extraordinaria, no solo de elocuencia, sino su contenido, intrínseco y valorativo de la grandeza de nuestro campesino, agricultor y productor, que a diario se sacrifica por producir comida. La oportunidad fue provechada con motivo del día de san Isidro Labrador.

Fiel a sus orígenes de la campiña, las entrañas del terruño, Chitré, el monseñor utilizo un lenguaje coloquial “allá 'onde uno”, costumbre que se está perdiendo ante la vorágine tormentosa de los avances tecnológicos y lo deshumanizado de los tiempos actuales.

Hizo énfasis de la importancia desde el más humilde campesino nuestro de cutarra y machete, sombrero a la pedrá, hasta el encumbrado productor- empresario eficiente y moderno, en la tarea de garantizar que no haya escasez de alimentos en el país. Son ellos, al igual que miles de ciudadanos, sin distingos de ninguna actividad, valiosos para afrontar la pandemia que nos azota.

Desplegó un largo anecdotario, utilizando un lenguaje llano, florido y vernacular de las actitudes y comportamiento de los campesinos y agricultores, que harán envidiar a los eruditos de la Real Academia de la Lengua Española, cuando dice: “Al campesino no le preocupa la cuarentena, fuma, bebe, cuenta cuentos, sostiene varios hijos, siembra frijol, papa, yuca, plátano, caña , recoge y ordeña 50 vacas desde las cuatro de la mañana .Sabe silbar, les habla a los animales y ellos le responden y tiene un perro que lo sigue a todos lados”.

Prosigue el monseñor, en la prédica, con el peculiar vocabulario simple y la concepción que tiene de la vida el hombre sencillo en la tierrita: “el campesino de pie nunca se jubila, no tiene seguro social y no le hace falta, no le afecta la altura, va sin protector solar, reconoce un aguacate maduro sin apretarlo, tiene una uña larga para pelar mandarina…”.

“El campesino no sufre depresión ni estrés, se sabe 142 groserías. Ha visto al diablo en el campo, dice saber quién es la bruja del pueblo…”, y sigue la extensa retahíla de vivencias, disparates y experiencias, con su particular léxico.

Consideramos, entonces, que el discurso del monseñor mantiene un hilo conductor espiritual, de una narrativa sagrada consecuente, entre la visión del universo, con una de las actividades más nobles del ser humano, que es, aparte de la salud, educación, la formación integral del homo sapiens; la producción de alimentos en la Tierra.

Ojalá los caminos paralelos de la Gnoseología, Epistemología y la Teología, como otras ciencias afines y auxiliares, encuentren el justo medio, para dirimir el combate de las ideas, en la praxis, por un mundo mejor y más solidario.

No dependamos única y exclusivamente de las importaciones -en algunos casos necesaria-, sino, como indica un anuncio publicitario: “Panameño, con orgullo, consume lo tuyo”, sin xenofobia, pero con profundo amor por la Patria.

Defiende a la agricultura y a los productores nacionales.

Ingeniero agrónomo.