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12 de Jul de 2020

Octavio Cogley

Columnistas

TragediasEl virus de Wuhan y otras tragedias

Las tragedias han existido desde la creación del mundo en el que vivimos, sucesos que están registrados en los libros sagrados, que nos cuentan episodios cuyas escenas podemos imaginar.

Las tragedias han existido desde la creación del mundo en el que vivimos, sucesos que están registrados en los libros sagrados, que nos cuentan episodios cuyas escenas podemos imaginar.

Los antiguos griegos en sus producciones literarias, también nos heredaron esas representaciones dramáticas, en las que siempre aparecen en el contenido pasiones, mentiras y una serie de acciones humanas que llevan a la fatalidad. Podemos ilustrarnos sobre estos hechos funestos en las obras literarias, como Las Tragedias de Sófocles. En la literatura inglesa, por ejemplo, las podemos ver en Hamlet de Shakespeare, e inclusive, en su Romeo y Julieta; siempre encontraremos situaciones trágicas, donde menos las busquemos y ni hablar del resto de la literatura universal y de las noticias que nos traen los medios actuales en general. Es como que debemos protegernos permanentemente, para no caer en esas garras, que a todas luces vienen de errores cometidos o de lo que religiosamente conocemos como pecado.

En nuestro mundo moderno, vemos a diario en las noticias el retrato de las situaciones negativas que vivimos los seres humanos, con una sociedad que a veces no ha sabido adaptarse a las cosas buenas que tenemos.

Estos sinsabores se producen como resultado del pecado o de una mala acción y se pagan con el castigo. Son acciones causa/efecto, la causa el pecado, el efecto el castigo. No creamos que no fue una tragedia para Adán y Eva salir del paraíso y vivir una vida limitada, privándose de lo bueno que les daba Dios. Primero la desobediencia y luego el trauma de vivir una vida limitada. Caso similar el de Caín y Abel, la envidia llevó a Caín a asesinar a su hermano Abel. -¿No fue esto una tragedia? A final de cuentas Caín acabó desterrado.

Ahora, entrando en los detalles que competen a este tema, veamos la pandemia de Wuhan, China, o el virus chino, como le llamó el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Su origen tuvo que ver con algo que se hizo mal. Tal vez no la creación del virus, porque científicamente se sostiene que los virus son naturales, pero lo ocurrido pudo ser por la manipulación incontrolada que permitió que este causante de miles de muertes saliera de un laboratorio donde se estudiaba, y esa falta de control llevó a la humanidad a esta difícil situación de la cual no se ha salvado ningún continente. El otro pecado posible tiene que ver con la naturaleza.

Mercados sin controles sanitarios, animales que son parte de la dieta de personas, por alimentación, por la creencia de que su consumo potencia la salud, tiene poderes afrodisíacos o bien, porque su carne es exquisita. Esto acompañado de malas y tardías medidas sanitarias de autoridades locales y organismos internacionales, fueron, con seguridad, la causa de esta tragedia que afecta por igual a naciones desarrolladas y a las más pobres; y a las personas, sin distingos de ninguna índole. Esta es una catástrofe que dejará muchas secuelas y será contada en el futuro como una de las mayores calamidades del mundo moderno. Pero siguiendo con las tragedias, se han dado suicidios, y tal vez de los ocurridos, pocos en el entorno, conozcan el origen de esas acciones individuales. La cuarentena a que ha sido sometido el mundo ha permitido que, al coronavirus, como origen de muerte, le acompañen otras causas. Muertes por enfermedades terminales, pero también por suicidios y homicidios que se han registrado entre cuatro paredes producto del encierro. Son decesos difíciles de comprender, porque tal vez era algo que solo conocía el suicida, su psicólogo o un psiquiatra y probablemente el asesino real, que pudo ser el motivador de esta acción. Las personas por lo general piensan que sus pesares son naturales y no estudian las acciones de sus vivencias anteriores. A veces, se llevan consigo cargas que producen tragedias. Por ejemplo, dinero mal ganado, frustraciones, engaño a las personas, una vida materialista apartada de la moral y la ética, aunado a males de la sociedad, llevan a la gente a situaciones trágicas. Es común escuchar que un individuo se suicidó por tener muchas deudas, desamores o porque un día se dio cuenta de que su vida era una obra dramática basada en la mentira. Pero también hay casos provocados por la descompensación química de las personas que las lleva a fatalidades, al experimentar situaciones depresivas, cuando enfrentan dificultades. Así, muchos individuos son causantes del suicidio de otros, porque ellos son los verdaderos asesinos, que, con engaños, falsas promesas y ofrecimientos materiales, llevan a estos enfermos a creer en ellas, expresándoles amistad y ocultando el historial que les acompaña. Son perfectos mitómanos manipuladores, que logran que sus víctimas se identifiquen con sus muy bien actuados planes. Muchas de estas personas pagan trágicamente sus faltas ocultas, porque utilizaron a personas ingenuas que creyeron en sus promesas.

Fortunas hechas con actividades ilícitas como narcotráfico, corrupción de funcionarios y empresarios, lavado de dinero, trata de personas y demás, son parte de esta obra dramática llamada tragedia. Wuhan y su virus quedarán en la mente de millones de personas por buenos o sobre todo, por malos recuerdos y deja un llamamiento para que los seres humanos corrijamos nuestro camino.

Periodista