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25 de Oct de 2020

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Eduardo Antonio Quirós B.

Columnistas

Efecto tsunami

“La experiencia vivida dejará huellas en muchos, será la forma en que la enfrentemos lo que producirá mejores resultados”

Solemos decir que Panamá es tierra bendita, protegida de grandes catástrofes. Conocemos de los tsunamis por los daños devastadores que ocurren en otras latitudes.

Estoy persuadido de que, con la pandemia, los efectos serán muy parecidos al de un tsunami y debemos estar prevenidos.

En la mayoría de las ocasiones, producto de un terremoto submarino se forman inmensas olas que, convertidas en paredes de agua, avanzan descomedidamente hacia la costa.

Lo que hallaremos una vez nos dirijamos hacia la llamada “nueva normalidad” será muy parecido a lo que se encuentra al regresar después de un tsunami.

El impacto inicial es brutal, en un primer momento solo corresponde huir y ponerse a salvo. Esa primera reacción es inevitable, los que sobreviven se encuentran con el segundo impacto, el desastre dejado por el tsunami.

Hacia allá vamos y debemos tomar conciencia de ello. La inundación deja un efecto destructor generalizado.

Conforme vamos avanzando en el reto que significa mitigar la enfermedad -todavía queda camino por delante en nuestro caso-, iremos encontrándonos con una realidad sobrecogedora. No hay que minimizarlo, hay que comprenderlo y enfrentarlo.

No hubo sismógrafo que nos alertara sobre lo que se venía, nadie podía estar preparado.

Abrir negocios no significa recuperar ingresos. Salir de casa no implica regresar al trabajo. Fabricar no conlleva tener clientes. Ofrecer servicios no trae consigo consumo.

Para que nuestra economía pueda responder a las necesidades de todos y genere un flujo suficiente de dinero, va a tomar tiempo. La forma de acortar ese tiempo es analizar muy bien la situación.

Cuando se retira la ola, después de un tsunami, hay dos formas de reaccionar, empezar desprevenidamente a querer arreglarlo todo o realizar un recorrido cuidadoso, inventariar los destrozos y organizar un plan para acometer el reto.

Aquí aplica igual, aunque la pandemia es global y los perjuicios son para todos, cada sector, cada región, cada rubro debe ser estudiado en sus particularidades y resolver sus necesidades con precisión. Un plan nacional de recuperación.

Ese plan requiere visión, porque Panamá sigue teniendo ventajas comparativas y competitivas que tenemos que potenciar ahora más que nunca.

La magnitud del reto por delante exige las mejores mentes, los mejores brazos y la mejor disposición. Reclama buena fe. Ética. Nadie tiene comprado el éxito después de esta pandemia.

En menos de tres meses, como si se hubiera abierto el telón antes de que los actores estuvieran listos para iniciar la obra, la pandemia ha evidenciado debilidades de gigantes y pequeños, han salido a relucir agotamientos estructurales en sectores estratégicos y, por supuesto, una franja vulnerable que no se puede seguir quedando atrás, porque nos pasará factura como país más temprano que tarde.

De manera puntual, se impone tomar conciencia sobre un sistema de salud que ha sido sometido a un estrés excepcional por un periodo largo y al que todavía le falta trecho por recorrer y, además deberá atender todo lo acumulado, un sistema que ya tenía grandes deficiencias.

En Europa, países que empiezan a salir del aislamiento, hablan de una emergencia psicológica o que la “segunda oleada” podría ser de enfermedades relacionadas con la salud mental, en parte relacionado con la enfermedad y en parte por las agobiantes limitaciones económicas. Sin olvidar a generaciones jóvenes que, aunque menos afectadas por el COVID-19, se verán impactadas por efectos colaterales -ya introvertidas por los videojuegos y la tecnología-, serán más propensas a la soledad (contraria, a la naturaleza social de la humanidad).

Tanto como la recuperación económica, se requiere una recuperación espiritual, como país, para emprender los retos con el mejor impulso. Como sociedad, debemos conmemorar de manera especial a las víctimas, destacar a los que han salido bien librados, mostrarnos empáticos con sus familiares, valorar a todos los que han trabajado para sostenernos, personal sanitario de primero.

La experiencia vivida dejará huellas en muchos, será la forma en que la enfrentemos lo que producirá mejores resultados.

Abogado y presidente del Grupo Editorial El Siglo - La Estrella de Panamá.