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05 de Mar de 2021

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

Inteligencia epidemiológica

Luego de cuatro meses de estar padeciendo esta pandemia de COVID-19, los panameños hemos incorporado en nuestro discurso diario términos que muchos no sabíamos ni que existían.

Luego de cuatro meses de estar padeciendo esta pandemia de COVID-19, los panameños hemos incorporado en nuestro discurso diario términos que muchos no sabíamos ni que existían. Entre esa variopinta terminología que utilizan los expertos, destacan en este último mes, la masificación de pruebas de laboratorio, como las PCR, las IGM, las IGG; el aislamiento de los positivos, la ya famosa trazabilidad, el rastreo de contactos, y el temido cerco sanitario.

Como es de esperarse en estos tiempos de “infodemia masiva”, los ciudadanos aprovechan los diferentes medios periodísticos, y el acceso a las diversas redes sociales disponibles, para referirse a estos procesos. Muchos lo hacen conociendo los motivos o razones que explican o justifican un determinado desempeño, y lo hacen ya sea para elogiar o para atacar la forma en la que se está llevando a cabo el proceso al que se refieran. Otros, no pocos, por cierto, lo hacen porque escucharon o leyeron a alguno de los “influencer” de moda, repitiendo, con sus aderezos personales, el mensaje original, y en no pocas ocasiones, sacándolo de contexto. Muy pocos, de ambos grupos, acompañan su retórica con una propuesta factible y viable para mejorar.

“La próxima vez que vayamos a criticar, sin proponer, el contenido de los informes que nos ofrecen a diario, […] pensemos en el funcionario […] que estuvo realizando, analizando y verificando los resultados […]”

Personalmente considero positivo que estos términos y su importancia hayan calado en el imaginario colectivo de nuestra población. En todo caso, consideremos que la difusión de información, sin el suficiente conocimiento de causa, puede afectar en gran medida todos los aspectos de la vida. Por ello le dedico esta entrega a invitarlos a reflexionar sobre el gran esfuerzo silencioso que hay detrás de los complejos procesos de detección, cribado/filtrado, verificación, análisis, evaluación e investigación de la información de aquellos eventos o situaciones que puedan representar una amenaza para la salud pública, en este caso la temida COVID-19.

Dicho eso, antes de referirme a la llamada “inteligencia epidemiológica”, que es como se denomina esta capacidad; es de justicia comenzar felicitando el compromiso cotidiano de nuestros compañeros del Minsa, la CSS y el sector privado. Ellos son los héroes anónimos, cuyo trabajo, peligroso y agotador, nos permite conocer a diario la temprana y verificada información sobre situaciones o eventos relevantes para la salud pública.

Para poder presentarnos diariamente esa información, nuestros funcionarios deben recolectar, filtrar y verificar la información sobre eventos que pueden tener una repercusión en salud pública, en este caso la COVID-19, provenientes de diferentes fuentes oficiales y no oficiales. Pero, además deben, también diariamente, ordenar, analizar e interpretar esos datos provenientes de cada uno de los 671 corregimientos del país. Esa información permitirá, con fundamento científico, llevar a cabo de forma correcta las actividades para el oportuno y efectivo rastreo y aislamiento adecuado de personas positivas, y sus contactos; así como el necesario aislamiento, debidamente supervisado.

Finalmente, para poner en perspectiva el volumen del trabajo que se lleva a cabo, pensemos que en la última semana realizamos un promedio de 2500 pruebas de laboratorio diarias, muchísimas más que la mayoría de los países del continente. Esa realización nos permitió detectar, también en promedio, más de 900 casos diarios. Esas personas detectadas y oportunamente aisladas cada día ya no podrán esparcir el virus. Y si localizamos a todos sus contactos, lo que implica localizar a las personas que puedan haberse expuesto a la enfermedad y seguirlas diariamente durante 14 días a partir del último momento de exposición, habremos dado un gran paso en el control de la epidemia. También tenemos en aislamiento más de 17 000 personas, 96 % en sus casas. Proponer alternativas para que cumplan con las medidas, en casa y en los hoteles-hospitales, también es parte de la inteligencia sanitaria.

Pero aún nos queda un elevado porcentaje de personas positivas que, probablemente, son asintomáticas, no las hemos detectado, no guardan las medidas de protección personal, y, sin saberlo, andan esparciendo el virus en las calles, en sus trabajos y en sus casas. Por esa razón nuestro sector salud se ha impuesto como meta realizar 4000 pruebas todos los días, amén de localizar y aislar a los positivos y sus contactos. ¡No es poca cosa!

La próxima vez que vayamos a criticar, sin proponer, el contenido de los informes que nos ofrecen a diario, detengámonos y pensemos en el funcionario o funcionaria que estuvo realizando, analizando y verificando los resultados, en no pocas ocasiones por 24 horas seguidas, para que la población, sentada cómodamente frente a su televisor, pueda tener acceso a esa información que debe movernos al compromiso sostenido por cumplir con nuestra parte, y no solo a la crítica improductiva.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).