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12 de Apr de 2021

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

Agotamiento del equipo de salud

El año pasado, cuando nadie sospechaba que tendríamos que enfrentar una pandemia de COVID-19, la prestigiosa revista The Lancet informó que “el agotamiento de los médicos y, de todo el personal que interviene en la prestación de los servicios de salud, pone en riesgo la atención al paciente”.

El año pasado, cuando nadie sospechaba que tendríamos que enfrentar una pandemia de COVID-19, la prestigiosa revista The Lancet informó que “el agotamiento de los médicos y, de todo el personal que interviene en la prestación de los servicios de salud, pone en riesgo la atención al paciente”. Aquel premonitorio artículo subrayaba que “un sistema de atención de la salud bajo presión contribuye indudablemente al agotamiento de todo el personal: recursos laborales insuficientes, largas horas de trabajo, alejan el enfoque del equipo en la atención al paciente. Este agotamiento genera equipos multidisciplinarios ineficaces y una cultura organizacional que puede llegar a ser indiferente al sufrimiento”.

Y de repente, desde el inicio de este año, enfrentamos una pandemia causada por un nuevo coronavirus, la cual ha producido hasta ayer más de 18 millones de enfermos y 690 mil defunciones en el mundo; 9 630 598 casos y 363 162 defunciones en las Américas y; 68 456 casos y 1497 defunciones en nuestro país. Y esta es una enfermedad en la que alrededor del 20 % de los casos positivos acaba presentando un cuadro grave, lo cual requiere de tratamiento especializado en salas de hospital y de cuidados intensivos.

Para complicar más la situación, al llegar el virus, se encuentra con un sistema de salud segmentado y fragmentado; con poca o ninguna coordinación entre los sectores público y privado que lo componen; sin los recursos especializados suficientes para hacer frente a un problema de salud que, de manera explosiva, genera 200 hospitalizaciones diarias, en las cuales muchos pacientes requerirán de tecnologías especializadas y complicadísimos tratamientos, todo lo cual requiere de un equipo de recursos humanos especializado, dedicado las 24 horas del día a la atención de cada caso, a fin de mantener la esperanza de sanación.

Para enfrentar la epidemia, los panameños hemos incrementado la cantidad de camas y equipos necesarios para el tratamiento adecuado. Pero los recursos humanos que tenemos son casi los mismos que teníamos hace seis meses. Esos recursos humanos han permanecido en la primera línea combatiendo heroicamente la epidemia, día tras día, sin descanso; exponiéndose ellos y sus familiares al contagio. En ese contexto, sin dejar de aplaudir a nuestro “equipo Panamá”, sospecho que están agotados, tal vez no lo digan porque están comprometidos con su trabajo, pero están llegando al límite de su capacidad física y mental, poniéndose en riesgo ellos y a sus pacientes.

Pero, ¿de qué estamos hablando? De acuerdo con la undécima clasificación Internacional de Enfermedades, CIE-11, el agotamiento es un “síndrome de tres dimensiones: sentimientos de agotamiento o agotamiento de la energía, mayor distancia mental del trabajo o sentimientos de cinismo o negativismo sobre el trabajo de uno y eficacia profesional reducida”. Se trata, pues, de un fenómeno ocupacional que muy probablemente haya estado presente en nuestros hospitales antes de la llegada del COVID-19, y ahora se hace evidente. Pero abordar el agotamiento de los miembros del equipo de trabajo a nivel individual no será suficiente, y se deben tomar medidas significativas para abordar la crisis y sus causas fundamentales a nivel sistémico e institucional con esfuerzos concertados de todas las partes interesadas relevantes.

Para enfrentar este problema, en el mediano y largo plazo, los expertos recomiendan a las organizaciones de atención de la salud que “adopten modelos de sistema que equilibren adecuadamente las demandas y los recursos laborales con una evaluación periódica del agotamiento de los recursos que intervienen en la prestación de salud. También deben tener como objetivo eliminar la erosión de los factores de bienestar profesional, como la tecnología obsoleta o el papeleo innecesario”. Además, recomiendan a las instituciones académicas la creación de entornos de aprendizaje atractivos, centrándose en escenarios hospitalarios de la vida real y aplicando juicio clínico situacional que podría reducir el riesgo de agotamiento de futuros aprendices asociado con el estrés de la incertidumbre clínica. Además, se debe alentar a los estudiantes de Medicina a acceder, confidencialmente, a programas de apoyo relevantes”.

Pero, ¿qué podemos hacer en este momento? Necesitamos con urgencia contratar los recursos humanos necesarios para atender esta crisis. Si el país no los tiene, o los que están prefieren no participar, entonces hay que salir a buscar en el extranjero los recursos humanos que hagan falta y contratarlos de inmediato, pues, se necesitan ya. Obviamente que esta será una contratación temporal, y es claro que los contratados deberán poseer las competencias demostradas y suficientes, en términos de formación y experiencia, para atender de forma exitosa los pacientes. ¡Nuestros enfermos no pueden esperar!

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).