28 de Sep de 2021

Avatar del Jorge Luis Prosperi Ramírez

Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

Certificación y formación de los médicos: asuntos pendientes

“Hay que investigar, llegar al fondo de este entuerto y tomar las medidas para que no se repita”

Como si fueran pocos los problemas que tenemos que enfrentar como sociedad, y contribuyendo al complejo escenario político que atravesamos, el Consejo Interinstitucional de Certificación Básica de Medicina, decidió, mediante resolución, rebajar la calificación para pasar el examen de certificación de los estudiantes de medicina. Argumentaron, de manera unánime, que tal medida era necesaria para garantizar, en este momento de epidemia por COVID-19, el ingreso de los nuevos galenos al sistema público de salud.

Como era de esperarse, inmediatamente surgieron las voces de la sociedad, organizaciones médicas, universidades, hasta la del presidente de la República, clamando por la derogación de la resolución de marras, porque la rebaja desmejora la calidad académica del personal médico que ingresa al sistema de salud. Personalmente considero que el argumento esgrimido para bajar la calificación necesaria, aunque en forma temporal, carece de fundamento, y nunca debió hacerse. Debió ser evidente para los firmantes que, semejante propuesta, generaría el rechazo nacional que ha generado, pues se afectará la calidad de la atención, al facilitar la entrada al sistema de profesionales sin las suficientes competencias.

Al momento de escribir estas líneas, la resolución no había sido derogada por el Consejo de Certificación que la emitió y, por ende, le corresponde hacerlo. Sin embargo, es importante subrayar que, el puntaje previo, apenas suponía pasar 400 preguntas de 800, y el propuesto, el que se solicita derogar, establece 365 de 800. Aunque sobren las explicaciones técnicas, no hay que ser muy brillante para concluir que, en ambos casos, el puntaje exigido es muy bajo, por lo que en el fondo lo que deberíamos preguntarnos es ¿cómo está la calidad de la formación que imparten nuestras universidades?, y ¿qué hace falta para que nuestros egresados, sea de las instituciones públicas o privadas, califiquen en el mismo nivel que los egresados de las universidades mejor acreditadas del planeta?

Pero esas no son las únicas preguntas. Hay otras pendientes, que van desde el contexto político, al profesional y ético, y nadie se está haciendo. Por ejemplo: ¿a quién se le ocurrió esta desafortunada medida?, ¿recibieron “recomendaciones” los miembros del Consejo?, ¿en verdad fue aprobada unánimemente?, porque el decano dice que él no sabía, ¿hubo la presión de parte del Minsa o de la Asamblea Nacional, como señaló el decano de la Facultad de Medicina en su mensaje? Si la hubo, ¿por qué lo permitió el Ministerio de Salud? Si no hubo la presión, y la decisión fue independiente y de consenso, como señalan los miembros del Consejo, entonces me pregunto: ¿está “mal informado” el señor decano al hacer su denuncia?, ¿existe algún “interés oculto” para promover el caos y la incertidumbre sobre el desempeño del sector salud? Yo no tengo respuestas a esas preguntas, pero la cosa no se puede quedar así. Hay que investigar, llegar al fondo de este entuerto y tomar las medidas para que no se repita.

También quedan interrogantes sobre la calidad de la formación de los recursos humanos en salud, y si la ya famosa certificación y recertificación de los médicos, es suficiente para garantizar una excelente y humanizada praxis en salud. Nuestra preocupación debería enfocarse en la garantía del desarrollo de recursos humanos para la salud adecuados, disponibles y calificados para atender las necesidades de salud de la población con calidad y calidez.

Necesitamos regular la calidad de la formación para los profesionales de la salud, a través de sistemas de evaluación y de acreditación de carreras e instituciones formadoras, cuyos estándares prioricen el conocimiento científico-técnico, junto a criterios de competencias sociales en el perfil de los egresados. Dichas competencias deben ser culturalmente apropiadas, con enfoque de género, y ofrecer respuestas para la resolución adecuada y socialmente aceptable de los problemas de salud de los diversos grupos poblacionales.

Por otro lado, fundamental para la recertificación de los especialistas y médicos generales, a la que, por cierto, pocos se refieren, es el desarrollo sistemático de políticas de educación permanente de estos recursos humanos, con la participación activa del Colegio Médico, diversificando las metodologías, incorporando la educación virtual e innovando en el uso de las tecnologías para acompañar los procesos de cambio necesarios. La educación permanente debe dirigirse a cerrar las brechas en el conocimiento y el aprendizaje, apoyar el desarrollo de habilidades, y promover el desarrollo de competencias técnicas, programáticas, gerenciales y administrativas.

Al final, lo más importante será desarrollar estrategias que permitan lograr el máximo despliegue de las competencias profesionales, según modelos adecuados de coordinación y supervisión, incluyendo el cambio de tareas, la incorporación de nuevos perfiles profesionales que permitan ampliar la cobertura y la calidad de atención, según las necesidades, garantizando la mejor praxis y humanización de los servicios de salud, pues los errores y aciertos en el amplio campo de la atención del paciente, son consecuencia de todos los componentes del sistema de salud y no solo del personal que atiende a la persona que busca atención, sea este un médico, una enfermera, u otro miembro del equipo de salud.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).