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16 de May de 2021

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

Pandemia de COVID-19: una tendencia preocupante

“[…] el compromiso […]: mantener la disciplina ciudadana […]; fortalecer la trazabilidad, sumando ahora la vigilancia genómica […], y vacunar a la mayor cantidad de personas […] y tan pronto como sea posible […]”

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, “a nivel mundial, el número de casos nuevos por semana casi se ha duplicado en los últimos dos meses. Algunos países, que anteriormente habían evitado la transmisión generalizada, ahora están experimentando un fuerte aumento de las infecciones, lo cual coloca a la humanidad al borde de una calamidad humanitaria, producto de la tasa más alta de infección vista hasta ahora desde el inicio de la pandemia de COVID-19”.

Esta tendencia mundial es altamente preocupante. Aunque nuestro país muestra una disminución sostenida de los casos, defunciones y hospitalizaciones, acompañada de un bajísimo porcentaje de positividad de las pruebas de laboratorio, que denota la disminución de la circulación del virus en el territorio nacional, no somos inmunes a esta nueva ola más mortífera e infecciosa que está abrumando a los hospitales y los sistemas sociales en todo el planeta.

Para enfrentar esta amenaza mundial, existen soluciones, las conocemos y están a nuestro alcance. Como bien dice Angela Merkel: “sí después de trece meses de pandemia hemos aprendido alguna lección es esta: el virus no perdona ningún titubeo eso lo hace más duro; el virus no perdona ninguna vacilación, eso hace que dure más tiempo; no se puede negociar con él, solo entiende un lenguaje: el de la determinación”. Pero no olvidemos las siguientes consideraciones. De ellas depende nuestro éxito en esta nueva etapa.

Lo primero es que enfrentamos un enemigo “repotenciado”. No es el mismo virus que llegó al país hace 13 meses. Este, como todo virus de ARN que se respete, como lo es el temible SARS-CoV-2, ha mutado y lo seguirá haciendo a medida que haga más copias de sí mismo. Y, aunque la mayoría de estas mutaciones terminan siendo desventajosas para el virus y, por lo tanto, desaparecen, en ocasiones ofrecen un beneficio para el virus mutado, convirtiéndolo en una variante más transmisible y más potencialmente letal, como es el caso de las cuatro variantes de preocupación del coronavirus causante de la enfermedad COVID-19, que ya han sido detectadas en Panamá. Y, si no las detenemos a tiempo, estas peligrosas variantes pueden convertirse eventualmente en las cepas predominantes en el país.

La buena noticia es que, aunque el enemigo se nos presente fortalecido, las medidas sociales y de salud pública que conocemos y venimos aplicando desde hace más de un año, complementadas ahora con una efectiva campaña de vacunación, son suficientes para frenar o detener la propagación del SARS-CoV-2, incluidas las variantes del coronavirus recientemente informadas. Especial atención deberemos prestarle a evitar aglomeraciones de todo tipo, las cuales son el terreno más fértil para que el virus “haga su agosto” y aumente la incidencia de casos de la enfermedad, las hospitalizaciones y las muertes.

La otra herramienta que tenemos son las vacunas, y el Gobierno está poniendo todo el esfuerzo en aplicar vacunas seguras, eficaces y efectivas, a la cantidad de personas necesarias para alcanzar la inmunidad colectiva. Pero no olvidemos que son vacunas de primera generación y, como toda vacuna que enfrenta un patógeno respiratorio nuevo, debe irse adecuando periódicamente para protegernos de las nuevas variantes que vayan surgiendo, lo que implicará la aplicación de dosis de refuerzo y nuevas vacunas cada año.

Mantener ese acceso permanente no será tarea fácil. Las noticias que nos llegan a diario nos hacen sospechar que existe una guerra entre las vacunas COVID-19, con el propósito de suplir (de forma exclusiva) la demanda por una vacuna efectiva y segura para cerca de 7000 millones de personas susceptibles de padecer la enfermedad; lo cual representaría para la industria farmacéutica que gane, pingües ganancias, dependiendo del precio de la vacuna que termine dominando el mercado y de la capacidad de compra de los países.

Y esta no es una declaración sin fundamento, pues sobre la posibilidad de una guerra entre las vacunas, ya nos alertó el director de la OMS al subrayar que, “los acuerdos bilaterales, las prohibiciones de exportación, el nacionalismo y la diplomacia de las vacunas están provocando distorsiones en el mercado, con grandes desigualdades en la oferta y la demanda”.

La OMS también subraya que, la “mejor situación para el mundo en este momento es prevenir las muertes entre las personas que tienen un mayor riesgo de morir y proteger los sistemas de salud para que todos los países puedan hacer frente a esta pandemia. Por lo tanto, es extremadamente importante en esta etapa que nos aseguremos de que todos los países del mundo tengan acceso a las vacunas que son seguras y efectivas y que están en el mercado en este momento”.

En todo caso, el compromiso es el de siempre: mantener la disciplina ciudadana para cumplir con las medidas señaladas; fortalecer la trazabilidad, sumando ahora la vigilancia genómica para detectar a tiempo la aparición de mutaciones, y vacunar a la mayor cantidad de personas en tantos lugares y tan pronto como sea posible para reducir el número de casos y la probabilidad de que el virus genere nuevas variantes.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).