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09 de May de 2021

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Tránsito irregular e inhumano

“Pese a esfuerzos de las autoridades nacionales y organismos internacionales, el trasiego humano se mueve porque múltiples elementos lo aprovechan y lucran”

La neblina cubría tranquilamente la superficie del río. Apenas despuntaba la primera claridad matutina y debíamos ir a hacernos el aseo personal a la orilla. Allí el Tuqueza corría tranquilo y casi silencioso, como un arrullo del agua sobre las piedras. De pronto apareció una larga piragua que navegaba callada. Un conjunto de sombras iba de pie; casi todas, envueltas en telas que apenas dejaban ver el perfil de rostros provenientes del frío de la montaña.

Quizás viajaron toda la noche. Les saludamos y apenas alguno levantó la mano. Siguieron su destino al Chucunaque y de allí a Yaviza o a algún punto cercano en la carretera Interamericana, donde cualquier transporte habría de encaminarlos a la ciudad de Panamá, para emprender su recorrido a la frontera opuesta, el Paso Canoas y seguir hasta otros territorios en su objetivo soñado: Estados Unidos de América.

Son irregulares. Provienen de Colombia y luego de un calamitoso viaje por los peores sitios, saltan de Turbo u otros lugares a Puerto Obaldía, en territorio nacional, para atravesar el país y tratar de llegar a Costa Rica. Su composición es plural: antillanos, africanos, asiáticos, algunos suramericanos. Tan solo en los tres primeros meses de 2021, han llegado 5,472. En 2020 y pese a la pandemia, fueron 6,465 y, en 2019, 23,968.

En este primer trimestre, los originarios del Caribe, representan un grupo de 4,007; es decir, el 73.2 %. De ellos, 3,429 haitianos y 578 cubanos. El resto, 1,465, corresponden a oriundos de América del Sur (640), África (531), Asia (270), Europa (19) y América Central (5). Las autoridades de la Dirección de Migración han levantado estas cifras, tienen la responsabilidad de atender este flujo y procurar un trayecto en las mejores condiciones.

Sin embargo, existen contratiempos de todo tipo en esta travesía; en especial, al llegar al primer punto de recepción en el país, en la costa de la Comarca Guna Yala. Algunos, estimulados por 'coyotes' y traficantes de todo tipo, evaden los controles y se sumergen en la selva bajo precarias circunstancias. Ya han sufrido todo tipo de vejámenes en tierras colombianas y, ahora, algo semejante, al superar el macizo entre la región indígena y Darién.

Una serie de organizados acarreadores 'hormiguean' en la ruta: macheteros, palanqueros de embarcaciones y contactos que obtienen dinero por sus servicios y encaminan a los viajeros-víctimas en su desesperada ruta. La cantidad de gente que entra a este mercado inhumano se deja llevar porque no conoce las reglas del juego y, para muchos, es mejor permanecer anónimos y tratar de llegar lo más lejos posible para proseguir a Centroamérica.

Las terribles etapas que deben superar para llegar de Puerto Obaldía hasta la carretera Interamericana, no son óbice para detenerse. Solo mirar la cifra de 2019, brinda un panorama de la gravedad del fenómeno. Contra esa cuantía habría que comparar las deportaciones que, por ejemplo, en 2021 han llegado a 128 individuos; de ellos 79 por retiro voluntario, 26 deportados y 23 expulsados.

Hay una situación que se convierte en barril de pólvora en las poblaciones ubicadas en los extremos de las fronteras panameñas, tanto en la Comarca Guna Yala, como en Chiriquí. A menudo, ellas generan noticias relacionadas con alteraciones al orden público. Los extranjeros que esperan trámites de entrada, en el límite con Colombia, superan la población local. Los abarrotes no alcanzan para el consumo y la irregularidad es la constante cotidiana.

Pese a esfuerzos de las autoridades nacionales y organismos internacionales, el trasiego humano se mueve porque múltiples elementos lo aprovechan y lucran. Un hombre en la comunidad de Marragantí, expresó cuando vio la nave surcando el río: Oye, ¿y ya dejan pasar el transporte marino nuevamente? Sus ojos se abrieron desmesurados ante el pingüe negocio de trasladar espectros desesperados por el 'tapón' darienita.

Periodista