25 de Sep de 2021

René Quevedo

Columnistas

Tendencias y barreras del empleo en Panamá

“Es hora de buscar consensos, no “culpables”. Sin inversión privada no habrá generación de empleo y más gente humilde seguirá perdiendo su fuente de ingresos”

Panamá enfrenta la peor catástrofe laboral de su historia. Las perspectivas para los próximos años dependerán de nuestra capacidad para entender las tendencias en materia de generación de empleo, mitigar el efecto COVID-19 y superar las barreras de la coyuntura pospandemia.

En el 2020, Panamá perdió 289 mil empleos, 15 % de su fuerza laboral, los cuales tomará más de seis años recuperar. No hay manera de matizar esto. La planilla estatal aumentó y el impacto laboral de la COVID-19 lo sufrió el sector privado, que perdió 327 340 plazas de trabajo, 37 % de sus empleos formales.

Esto acentuó la contracción que inició en el 2013, cuando los asalariados privados representaban 53 % de todos los empleos, para caer a 33 % en el 2020, una reducción de 20 puntos en siete años. Tampoco hay forma de “dorar la píldora”.

Cada $1 en salarios privados aporta $0.23 a las finanzas del Estado, vía Impuesto sobre la Renta, Cotizaciones a la CSS y Seguro Educativo. El salario del funcionario también, pero siendo el Estado el empleador, equivale a “sacarse de un bolsillo para metérselo en el otro”. El Informal aporta poco a las finanzas del Estado.

Cuatro de cada cinco empleos perdidos afectaron a trabajadores formales que ganaban menos de $750 mensuales y tenían menos de 11 de años de escolaridad. La crisis está afectando principalmente a gente humilde.

La pandemia agravó la informalidad. En los últimos 10 años (2010-2020), 92 % de todos los empleos generados fueron informales y el otro 8 % fue el resultado de aumentos en la planilla estatal. En la década antes de la pandemia (2009-2019), el porcentaje de informalidad en los nuevos empleos era 52 %. La COVID-19 agregó 40 puntos porcentuales, no “generando” empleo informal, sino destruyendo empleo formal, que es peor.

Hoy, hay menos asalariados privados y casi el doble de los funcionarios que había en el 2004. Actualmente, dos de cada tres trabajadores en Panamá son informales y funcionarios. Esto no es sostenible.

Reactivar la economía y recuperar empleos dependerá de superar tres barreras. Primero, eliminar TODAS las restricciones de movilidad. 70 % de los empleos en Panamá son presenciales, así que mientras haya cuarentenas y toques de queda, seguirá aumentando el desempleo.

Segundo, minimizar el MIEDO al contagio y a la incertidumbre en materia de ingresos personales. El miedo es el principal inhibidor del consumo y mientras no aumente el consumo no se reactivarán la economía ni la generación de empleo.

Tercero, inyectar liquidez al aparato productivo. Recuperarnos del colapso del empleo asalariado en Panamá será complicado. La contracción del consumo es de unos $600 millones mensuales ($7200 millones al año), las cotizaciones a la Caja del Seguro Social (CSS) cayeron 40 % en el 2020 y los ingresos fiscales en 27.9 %.

El Gobierno está sobrendeudado y en una precaria situación financiera, por lo que estos fondos tendrán que venir de inversión privada, que históricamente es entre tres y siete veces más que la pública, todos los años. Esto plantea dos opciones, la banca y la Inversión Extranjera Directa (IED).

El financiamiento bancario es “el aceite del motor de la economía”. El sistema tiene la liquidez necesaria, pero se ve sometido a una serie de requisitos y restricciones para prestar dinero al sector productivo, que es necesario racionalizar.

Por otro lado, Panamá fue un destino favorito para la Inversión Extranjera Directa (IED) en Latinoamérica por 30 años. Pero un informe titulado “Politics, populism and policy: operational risk in Latin America” (Política electoral, populismo y política: riesgo operacional en Latinoamérica), publicado el 17 de marzo 2021, la Unidad de Inteligencia de Negocios del prestigioso semanario inglés The Economist, planteó de manera directa que el deterioro sistemático de la gobernabilidad en Panamá, la pérdida de credibilidad del Gobierno nacional y su debilidad ante presiones populistas representan un alto riesgo para la inversión extranjera en nuestro país, en una clara alusión a posibles amenazas a la rentabilidad y seguridad jurídica de estas inversiones.

El aumento de la xenofobia y satanización de la iniciativa privada, nacional y extranjera (incluyendo la banca), comienzan a sugerir un entorno crecientemente hostil para los negocios.

Superar la crisis no es un tema de “buenos y malos, víctimas y victimarios, ricos y pobres o derechas e izquierdas”, sino de liderazgos, realidades matemáticas, y diálogos basados en argumentos, no en descalificativos.

Es hora de buscar consensos, no “culpables”. Sin inversión privada no habrá generación de empleo y más gente humilde seguirá perdiendo su fuente de ingresos.

Asesor empresarial.