28 de Sep de 2021

Marco Antonio Téllez R.

Columnistas

Nuevo pacto social

“No más impunidad, o estaremos sembrando las semillas de una explosión social, como la ocurrida en Chile y la que está ocurriendo en Colombia”

Juan Jacobo Rousseau, autor del Contrato Social, ya en siglo XVII, fue un implacable crítico del sistema político y social de su época, pero al mismo tiempo presagiaba que en el futuro las conquistas de la libertad y la igualdad se verían seriamente disminuidas.

Este Contrato Social entre los seres humanos y el Estado es en los hechos un pacto tácito, basado en principios éticos y morales de una sana convivencia y de cumplimiento obligatorio.

Estos principios y valores fueron plasmados en las cartas magnas de casi todos los países, y son la base de los derechos de libertad, igualdad y fraternidad, consagrados en la Revolución francesa de 1789.

Pero nunca imaginó “Rousseau” que las partes componentes de ese contrato tácito serían tan incumplidores y que esos principios y valores en que se basan estén siendo tan devaluados.

Así, la ética, la moral, el respeto y la honestidad pasan desapercibidas, no se recalcan estos valores ni en las escuelas, colegios ni universidades y por tanto tienen una incidencia negativa en la práctica de los derechos de igualdad y libertad de las personas ante la Ley.

Entendemos que el Estado es el conjunto de instituciones durables que conforman el gobierno de un país y que Gobierno se refiere al conjunto de personas que ejercen cargos dentro del Estado. Es decir, el Gobierno está al servicio del Estado.

Al estar el Gobierno compuesto por personas distribuidas en tres órganos, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, al que llegaron por medio de partidos políticos que ganaron en justas electorales, tenemos por un lado personas que forman parte del Gobierno y por otra, personas que no lo son.

En ambos grupos de personas los valores antes descritos han sido devaluados, es decir, no solo entre los políticos y personas que forman parte del Gobierno, sino también en el resto de la sociedad.

Es evidente que la falta de valores éticos, morales y de honestidad en los actos de los políticos y personas que forman parte del Gobierno son más notorios, pero no es menos cierto que quienes no forman parte del Gobierno también ignoran estos valores.

En esta dramática situación en América Latina nos acostumbramos a saber que quienes forman parte del Gobierno, en todos sus estamentos reciben coimas por obras grandes y pequeñas, aceptan pagos por acción u omisión, realizan defraudaciones, malversaciones, peculados, perciben sueldos sin ir a trabajar, tienen viáticos sin viajar, además de que quienes ocupan altos cargos perciban una serie de ventajas y privilegios que, si no los tuvieran, esos recursos podrían ayudar a mejorar la educación o la salud, siendo el nepotismo una práctica corriente.

Pero no es menos cierto que quienes no forman parte del Gobierno, también ignoran esos valores, pues, no pocos han dado una coima para no ser sancionados por una infracción de tránsito o para realizar o acelerar trámites burocráticos, que han encontrado la manera de pagar menos impuestos de lo que normalmente deberían hacerlo o no pagarlos, que declaren menos salarios de los que perciben, que ocultan utilidades.

Así, podríamos citar muchos más ejemplos de la falta de valores entre quienes forman parte del Gobierno y el resto de la sociedad, lo que demuestra que todos estamos implicados en el decaimiento de los valores.

Ha llegado el tiempo de tener un nuevo pacto, que, basados en El Contrato Social, sea reactualizado y las partes sean conscientes de que ninguna de ellas lo están cumpliendo, o si lo están cumpliendo, es parcialmente.

Para solucionar este quiebre social, es necesario tener un nuevo PACTO SOCIAL, en el que tácitamente las partes que lo componen, el Estado a través del Gobierno y el resto de la Sociedad, se comprometan a revaluar sus actitudes personales y tengan la suficiente conciencia de actuar con ética, moral y honestidad y solo así se garantiza el cumplimiento de los derechos de igualdad y libertad.

Hay un dicho popular que señala que “cada pueblo tiene el Gobierno que se merece”, si el pueblo tiene educación con valores, que son aplicados en las actividades diarias, debería también tener un Gobierno que se merezca.

En conclusión: los corruptos y los corruptores deben tener un nuevo pacto para dejar de ser corruptos y, de no cumplirlo, ser debida y severamente sancionados, como lo establecen las leyes. No más impunidad, o estaremos sembrando las semillas de una explosión social, como la ocurrida en Chile y la que está ocurriendo en Colombia.

Abogado