18 de Sep de 2021

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Roberto Antonio Pinnock Rodríguez

Columnistas

Universidad de Panamá: ¿ha perdido prestigio y credibilidad?

“[…] para promoverse en una candidatura para la Rectoría, un aspirante ganaría más reconociendo lo avanzado a la fecha, para prometer que no se dejará caer ni volver atrás de eso […]”

En la semana recién culminada, llegaron a mis ojos las declaraciones de un candidato a rector de la Universidad de Panamá (UP), afirmando, con tono categórico, que esta institución “ha perdido prestigio y credibilidad y se ha estancado”. Según este profesor, la universidad no invierte -quiero pensar que quiso decir que no lo hace lo suficiente- en recursos tecnológicos. Estas afirmaciones me hablan de una persona que, para alcanzar su meta personal o de su grupo, o bien está echando mano de falsedades absolutas o bien es un total ignorante de lo que ejecuta nuestra primera casa de estudios y con cuáles resultados obtenidos en los últimos cinco años. A fin de cuentas, en cualquiera de los dos casos, me da argumentos para desistir de cualquier ánimo de respaldar una tal candidatura en el torneo electoral universitario que se aproxima vertiginosamente.

Efectivamente, pareciera que este respetable colega de uno de los centros regionales de la UP, desconoce que, en los últimos tres años, la Universidad de Panamá no solo ha mejorado su posición en el “ranking” internacional en dos de las cuatro calificadoras internacionales de la calidad de las instituciones de educación superior, sino que, en ellas, pasó a ser ya la primera a nivel nacional, con todo y los restringidos presupuestos que el Gobierno le asigna para desplegar su misión. Si lo conoce, entonces ya daría pésima señal del tipo de gestión que sería capaz de llevar adelante.

También, parece que no valora una diversidad de aportes a las comunidades de su propia región, que han llevado a cabo los equipos de institutos de investigación, como el Instituto de Estudios Nacionales, el de estudios ambientales o la propia Vicerrectoría de Extensión de esta Universidad.

“[…] lo que veo […] es una elevación sistemática de una seriedad y compromiso universitario nunca vistos, […] no solo es consultada y convocada por instituciones gubernamentales, sino por organizaciones de la sociedad civil”

Al afirmar que la Universidad ha perdido prestigio y credibilidad, me lleva a preguntarme si el ámbito de Universidad al que se refiere es el que está bajo su propia responsabilidad académico-administrativa, porque lo que veo en casi todo el país es una elevación sistemática de una seriedad y compromiso universitario nunca visto, de tal forma que no solo es consultada y convocada por instituciones gubernamentales, sino por organizaciones de la sociedad civil.

Por ejemplo, el Gobierno solicitó a la Universidad de Panamá, a través de su máxima figura administrativa que es el rector actual, su apoyo para tener un acercamiento con las organizaciones sindicales que se habían retirado, no participaban, del diálogo gubernamental para el tema de la crisis del régimen de pensiones de la CSS. Por otro lado, una vez estas organizaciones (fundamentalmente Conato y Conusi) ofrecieron sus puntos de vista y posiciones, el rector hizo pública las mismas sin ninguna cortapisa.

Los organismos de máxima dirección de la Universidad, desde el año pasado, acogieron una iniciativa del rector Eduardo Flores, de conformar una “Comisión Universitaria de Agenda Nacional”, cuyo propósito ha estado en sintonía con hacer valer la misión de ser “Conciencia crítica de la nación” y como lo reiteró el fin de semana último -en la inauguración del Encuentro sobre el sistema de pensiones. Crisis y conclusiones-, además de crítica, “propositiva”.

En efecto, diversas agrupaciones sindicales y muchas otras de la sociedad civil, respaldaron la iniciativa universitaria de realizar este encuentro sobre dicho tema, que sin duda hace parte de las problemáticas más sensibles de la sociedad panameña. El entusiasmo y respaldo de una diversidad de organizaciones del país, se hizo notar con creces, tanto al responder a la convocatoria universitaria, como al adherirse a los documentos resultantes de las deliberaciones. Siendo que se trata del respaldo de organizaciones que no revelan puntos coincidentes entre ellas, pero, al ser contrastadas con las propuestas de base científica y académica, han encontrado puntos constructivos en favor de sus propios intereses y de la sociedad en general. Entonces, ante este tipo de experiencias y otros hechos fomentados en los últimos cinco años por nuestra institución universitaria -no vistos con ese nivel, en ninguna otra entidad civil- ¿cómo es que se puede afirmar responsablemente que la misma ha perdido prestigio y credibilidad?

Me parece que, para promoverse en una candidatura para la Rectoría, un aspirante ganaría más reconociendo lo avanzado a la fecha, para prometer que no se dejará caer ni volver atrás de eso y señalar, con evidencias, lo que no ha funcionado de la gestión vigente y, en tal eventualidad, indicar cómo lo superaría.

Docente e investigador social de la UP.