25 de Sep de 2021

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

La 'casa' Capira

“La gestión de estas riesgosas viviendas se ha convertido en un negocio que nadie desea asumir, […]. […]. Hay que cambiar el modelo de sostenibilidad de estas moles de alquiler, que no deben colapsar”

La calle P es un eje básico del barrio de San Miguel. Une varias rutas estratégicas para entrar al centro de la ciudad o salir de ella; además, se prolonga hacia la bahía como calle 26 y atraviesa importantes arterias: Perú, Cuba, Justo Arosemena, México y llega a la Balboa o Cinta Costera.

Desde la iglesia que da nombre a este sector urbano, la vía alcanza en una pronunciada depresión la avenida Nacional; por ello, se conoció como “la loma de calle P”, área donde se deslizaban los triciclos, bicicletas, los patines, que cuando se ponían viejitos, eran reciclados para ser las ruedas de los “scouters” artesanales, elaborados con dos maderas unidas en ángulo recto y un timón rígido.

Más allá del histórico palo de mango, en su descenso, fueron construidos cinco edificios hacia el final de los años cuarenta, precisamente para hacer frente a la explosión citadina que se iniciaba y dar respuesta a las necesidades habitacionales. Recibieron los nombres de Chame, Chorrera, Chepo, San Carlos y Capira; casi todos con 38 apartamentos, mientras que el último, tenía el doble porque en realidad, eran dos bloques adosados.

Una comunidad muy especial se formó en este núcleo, que hizo más nutrida la población del área donde originalmente se había establecido parte del grupo de obreros negros del Canal de Panamá. Un conjunto de servicios estaba situado en los alrededores: farmacias, barberías, cines, restaurantes, ferreterías, salones de baile y hasta el “mercadito” de Calidonia, donde a veces se exhibían iguanas y sus huevos para ofrecerlos a los clientes.

La 'casa' Capira constituía el centro del conglomerado de edificaciones; tenía un espacio entre ella y la Chorrera, donde se situaba originalmente el “estadio” de béisbol de la comunidad y, luego, la cancha de baloncesto. Allí se formó un semillero de jóvenes que, primero con el bate y luego las canastas, fortalecieron sus organismos y se prepararon para la vida adulta.

Los 'capireños' se sintieron cómodos y cercanos a todo. Allí habitaron importantes familias, entre las que se puede mencionar a los historiadores Ricardo Jaén y Antonio Cortez, del odontólogo Fernando Campos, del psicólogo Jorge Cisneros, de los educadores Sousa, la nadadora Doris Zambrano, del diputado Hernán Delgado y su hermano César Guevara, el deportista Carlos Roseman, los Johnson, Yáñez y los Velásquez, entre muchos.

En esa atmósfera pasé mi infancia y juventud. Mi madre fue a vivir allí, recién inauguraron este multifamiliar que constituyó el primer ámbito para hacer amistades y conocer incidencias vecinales. Podía cruzar a buscar mangos en el territorio vecino y afronté los cruentos acontecimientos del 9 de enero y demás conflictos posteriores. Entre ellos, las palizas que nos daba la policía a la juventud rebelde institutora.

En la memoria siguen Manuel, Mario, Marco, Hugo, Fernando y otros. Estos recuerdos vinieron a mi mente con la información sobre el lamentable incidente del desprendimiento de una sección del balcón en el cuarto piso de este inmueble, por su ruinoso estado. Eso ha ocasionado que las 76 familias habitantes hayan sido trasladadas a hoteles del área, mientras se tira abajo toda la estructura y se vuelve a construir; proceso que durará varios meses.

La gestión de estas riesgosas viviendas se ha convertido en un negocio que nadie desea asumir, porque no existen prácticas exitosas de administración y menos de mantenimiento. Las instituciones responsables no han considerado la opción de organizar a los arrendatarios para que coordinen los aspectos físicos y prolonguen la vida útil de sus apartamentos. Así, no se sabe de dónde salen las deformaciones, fisuras, la exposición de vigas y el deterioro.

Esta falta de eficiencia trae los resultados sufridos, afortunadamente en el caso 'La Capira', no ha tenido consecuencias fatales. Hay que cambiar el modelo de sostenibilidad de estas moles de alquiler, que no deben colapsar.

Periodista