08 de Ago de 2022

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    Jaime Raúl Molina

Columnistas

Suecia demostró la desnudez del emperador

“Aquí el Ministerio de Salud seguirá más altivo que antes, y los paternalistas promotores del antihumano encierro continuarán sosteniendo la inexistente cola del inexistente traje del emperador”

En artículo de diciembre (“¿Envenenar al paciente para que no muera de cáncer?”, La Estrella de Panamá, 07.12.2020) señalé que medir muertes solo por causalidad específica COVID-19 es grave error de salud pública. Enfocarse en una sola causa de muerte y hacer cualquier cosa para reducir la magnitud de esa causa de muertes, sin importar que ello lleve a un aumento neto en la mortalidad, es la negación misma, no solo de la salud pública, sino de la razón. Y eso es exactamente lo que ha hecho el mundo occidental, en su mayor parte.

Ya está disponible para mayoría de países cuya data de mortalidad por todas las causas es llevada en la Base de Datos de Mortalidad Humana (“Human Mortality Database”, www.mortality.org, compilada conjuntamente por el Instituto Max Planck de Alemania, la Universidad de California en Berkeley y el Instituto Nacional de Estudios Demográficos, de Francia), la data de mortalidad por todas las causas para el año 2020. No por COVID-19, sino por todas las causas. Recuerde, si usted establece una intervención para reducir muertes por X, a costa de incrementar las muertes totales, usted ha introducido una intervención netamente dañina (y esto, sin entrar aún a considerar el impacto económico de la intervención).

Lo que se observa consistentemente en la data es que los países que más encerraron, que más duramente destruyeron sus economías con la consigna de “salvar vidas”, no tuvieron menor exceso de muertes comparado con los países que no encerraron. De hecho, en Europa el país que sirvió de “grupo de control” al enorme experimento poblacional que hicieron los demás países -Suecia, que, como es sabido, no encerró a su población, no cerró sus escuelas hasta el equivalente a nuestra educación premedia, ni ordenó cerrar establecimientos comerciales, ni siquiera ordenó cerrar restaurantes, tabernas ni similares negocios de esparcimiento- estuvo entre los países europeos con menor exceso de muertes por todas las causas. En términos de exceso de muertes en función de su población, Suecia tuvo menor exceso de muertes incluso que Alemania -aunque no por mucho-, país que ha sido y sigue siendo presentado como el modelo a seguir en todo lo relacionado a la pandemia de COVID-19.

¿Por qué la importancia de Suecia? Porque Suecia fue el grupo de control. En todo experimento -y no lo dude usted, el experimento no fue lo que hizo Suecia, el experimento fue lo que hicimos en prácticamente el resto de los países occidentales-, usted debe comparar el grupo experimental con otro grupo en que no se hace la intervención (de allí que se le llame grupo de control). Cuando se somete a prueba una intervención, ya sea médica (e.g. un fármaco, una cirugía) o una de salud pública (e.g. recomendación para cribado de detección temprana de cáncer de seno), se miden los resultados del grupo sometido a la intervención y se les compara con los resultados de otro grupo no sometido a la intervención. Si los resultados del grupo sometido a la intervención no son mejores, sustancialmente, que los del grupo no sometido a la intervención, ello es evidencia de que la intervención no tiene beneficio neto.

Por supuesto, las poblaciones de Suecia y las de otros países europeos no son homogéneas. Para un análisis preciso, habría que hacer análisis de diversas variables como estructura demográfica de la población, y otros factores. Pero para una intervención draconiana, con graves efectos adversos para la población, como lo es encerrarla durante casi un año y destruir la capacidad productiva de dicha población, más vale que usted tenga evidencia robusta de beneficio. No es quien cuestiona la intervención quien debe probar que esta es netamente destructiva. Es quien propone la intervención quien debe establecer su beneficio neto. En el caso de una intervención poblacional hecha sin el consentimiento de la población -pues, la intervención consiste precisamente en violentar los derechos fundamentales de los ciudadanos- la evidencia habría de ser mucho más que robusta. Y la data de mortalidad total no solo no respalda la intervención, sino que la contradice.

Desde septiembre de 2020, Florida ha copiado a Suecia y se ha ido más allá. Texas luego en marzo de este año copió a Florida y eliminó todas las restricciones. Todas. Usted seguramente habrá visto las imágenes del estadio de los Rangers de Texas abarrotado, y nadie con mascarilla. A pesar de las admoniciones de que vendría el diluvio (las famosas dos semanas), han transcurrido ya casi tres meses y en Texas todos los indicadores han continuado mejorando. En Florida ya son nueve meses y la catástrofe, nada que llega. Otros estados han tomado nota y han venido eliminando restricciones.

Pero no en Panamá, porque aquí seguimos desde el día uno con las mismas medidas destructivas que no tienen beneficio alguno. Aquí el Ministerio de Salud seguirá más altivo que antes, y los paternalistas promotores del antihumano encierro continuarán sosteniendo la inexistente cola del inexistente traje del emperador.

Abogado