15 de Oct de 2021

Columnistas

El Istmo de Panamá en su independencia (1)

“La historia de la independencia de nuestras naciones es un hecho fundamentado por las ideas de la Ilustración; y que se realizó por la voluntad y el sacrificio de los hombres y mujeres que participaron activamente en ella”

En ocasión de cumplirse el bicentenario de nuestra independencia, es menester y obligación ponderar los eventos que sucedieron antes, durante y después de este trascendental evento histórico, en el cual reafirmamos nuestra vocación por nuestra Libertad y que fue obtenida por nuestro propio albur con hierro, pólvora y oro.

Por supuesto que hemos decidido iniciar ponderando los orígenes ideológicos, filosóficos y políticos de la independencia, los cuales obviamente estuvieron iluminados por “el siglo de la razón”, producto de las ideas de filósofos como el Barón de Montesquieu, filósofo y jurista, con “El Espíritu de las Leyes” y la separación de poderes, Voltaire, filósofo y abogado, con su obra “Tratado sobre la tolerancia”, que expone la necesidad de tolerar y respetar las creencias religiosas y las posiciones ideológicas. Rousseau, con la obra “Sobre la desigualdad de los hombres”, en donde plantea que debe establecerse un pacto o contrato que garantice los derechos de los individuos ante el Estado. Y por supuesto, la Enciclopedia, una recopilación de todo el conocimiento de la época, llevada adelante por Diderot y D'Alembert. Todas estas poderosas ideas fueron en sí mismas la antorcha filosófica de las revoluciones e independencias en el mundo occidental, en América y, por ende, en el Istmo de Panamá.

Por ello es fundamental exponer lo que implica el Espíritu de la Época o “Zeitgeist” del siglo XVIII, enmarcado dentro de la revolución de las ideas, las cuales alumbrarán el signo del inicio de una nueva era, en donde la democracia se establecerá en la realidad política del mundo. Empecemos.

Cuando nos referimos al “Zeitgeist”, lo hacemos para ponderar las características que distinguen a una época de la otra. Ello está enmarcado en el escenario en el que le ha tocado vivir a una generación o dos generaciones de individuos. Por ejemplo, el barón de Montesquieu, nació en el siglo XVII, que fue el momento histórico de dos grandes filósofos ingleses, John Locke y Thomas Hobbes. Esta generación de grandes avances en el pensamiento filosófico y político fue de manera inmediata, anterior al barón de Montesquieu, de tal manera una generación influye sobre dos generaciones más.

E igualmente mueren tanto Voltaire como Rousseau en 1778, la generación de los cambios, de la independencia había nacido ya, y fue esa generación la que llevó a cabo las revoluciones en nuestra América hispana. Incluyendo a nuestros próceres istmeños.

Así los que viven en una época específica no pueden sustraerse a los eventos, hechos y circunstancias de la época que les tocó vivir, son hijos de su tiempo. E igualmente sucede con los pueblos y los imperios. Porque en la actuación histórica no existen remiendos, existen causas y consecuencias.

Ahora, ¿podemos considerar que la Independencia estuvo impregnada de un determinismo histórico? No podemos aceptarlo, porque el determinismo está signado por “causas naturales”, hechos de la naturaleza, por un determinismo geográfico; pero, al hablar de eventos históricos, estos se pronuncian, se producen tiene su albur en la esfera de lo humano, y no en la esfera de lo naturaleza.

¿Debemos considerar que hubo causas o razones teológicas, para que la independencia se diese en todos nuestros pueblos? No hay teología aquí, porque los eventos se dan dentro del alcance de la voluntad humana y, por otra parte, no es el devenir de la historia, porque en síntesis también tendríamos que afirmar que existe un aspecto teleológico. Es decir, también que la historia está dirigida por intereses desconocidos o por la idea de la soteriología.

La historia de la independencia de nuestras naciones es un hecho fundamentado por las ideas de la Ilustración; y que se realizó por la voluntad y el sacrificio de los hombres y mujeres que participaron activamente en ella.

Por ello, en atención a esta interpretación del sentido de la historia, si nos enfocamos en interpretar las circunstancias de nuestra Independencia, y sus muy particulares formas, podemos explicarlas por los acontecimientos y el “zeitgeist” del siglo XVIII, ya que los procesos históricos, no salen de la nada, tienen una razón de ser, un origen tangible, para que los hechos históricos y la conformación de las mentalidades y acciones de estos individuos y pueblos se enmarquen dentro de una razón necesaria.

Por supuesto que tratar sobre el tema de nuestra independencia no puede hacerse de forma objetiva en un solo escrito, y, por otra parte, desde una sola teoría de interpretación histórica, de tal manera, antes de introducirnos de plano a los acontecimientos del 10 de Noviembre y del 28 de Noviembre de 1821, fue esencial tomar este “tour de forcé” y alejarnos una generación antes de empezar el siglo XIX, y es por ello que debemos ponderar la importancia del “Siglo de las Luces”, para entender cómo las ideas filosóficas entraron en las mentes de todos los hombres y mujeres de esa época y hasta la fecha tales ideas no nos pueden abandonar, porque aún estamos en busca de lograr la independencia de nuevas tiranías, de actuales monarcas absolutos, que fueron precisamente aquellos a quienes nuestros próceres en toda América combatieron.

Seguiremos en el siguiente escrito. ¡Salud, compatriotas!

Abogado, profesor de Filosofía e Historia.

***