30 de Nov de 2021

Columnistas

Las identidades múltiples de Panamá (*)

“Queda a los panameños seguir ese rumbo más positivo, subirnos al tren de las naciones con sociedades más avanzadas y reforzar nuestra identidad más diversa, más rica y más incluyente”

Quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos son inquietudes que se refieren fundamentalmente a nuestra identidad.

¿Cómo nos veían al principio desde el exterior? A un siglo de haberse integrado Panamá a la historia universal, tenemos en La Dama Boba, de 1613, en un personaje de la picaresca de Lope de Vega, una imagen de una sociedad nueva. Era un joven español que viene a hacer fortuna fácil en un paraíso ultramarino mediante la trampa celestinesca. Viene de Panamá el nuevo rico dice el autor con “cadenita de oro al cuello” y “sotanilla a lo turquesco,” a conquistar las damas del viejo mundo ibérico.

Casi al final de la colonia, hacia 1794, un español ilustrado nos ofrece, desde Panamá, la imagen en centenares de páginas manuscritas de un país con una naturaleza tropical exuberante, vegetal y animal, y con gentes que hablan con “flojedad y desmayo en las voces”, que pasan la mayor parte de su vida en una hamaca. Imagen sin duda exagerada de pereza en la abundancia natural.

Ya a mediados del siglo XIX, Justo Arosemena, descendiente fiel de la elite urbana que nos independizó de España en 1821, pensaba en Panamá como un activo lugar de tránsito y emporio comercial. Justo Arosemena se sentía plenamente colombiano como los otros istmeños (lo fuimos desde el nuevo Virreinato fundado en 1739), aunque advertía en Panamá una singularidad frente al resto de la Nueva Granada. Por ello aspiraba a una autonomía, que logró con el federalismo en 1855, para potenciar los recursos del istmo panameño.

Los creadores de la República en 1903-04 querían afirmar el origen europeo, hispánico, de nuestra sociedad e imponer la “civilización” mediante la educación y el embellecimiento urbano. Belisario Porras, aunque no aprobó la separación de 1903 representará, mejor que nadie, esta nueva concepción.

Mientras, se crea en 1904 la Zona del Canal y llegan al país millares de estadounidenses blancos y de afroantillanos para construir el canal interoceánico. Surge, en un grupo más bien de gente educada del interior del país, la “panameñidad” rural, en oposición al transitismo y el cosmopolitismo. Propugna por una identidad mestiza, hispano-indígena, y los valores locales.

Llegó finalmente en nombre del “panameñismo” de las décadas de 1920-30 el racismo y la xenofobia, pensamiento aún vigente entre algunos, en un país por paradoja fabricado en gran medida por inmigrantes de diversas razas y culturas. País con importantes minorías estadounidenses, europeas, hispanoamericanas, chinas, indias, afroantillanas y del Medio Oriente.

Al mismo tiempo surgieron las ideologías marxistas de origen europeo con sus militantes locales, que expusieron la contraposición de las clases sociales y su enfrentamiento dialéctico, que aún no ha superado la atención de pequeños círculos intelectuales, universitarios y sindicales.

“Los creadores de la República en 1903-04 querían afirmar el origen europeo, hispánico, de nuestra sociedad e imponer la “civilización” mediante la educación y el embellecimiento urbano”

Hacia mediados del siglo XX apareció el concepto de los grupos humanos y después de las etnias con un enfoque más antropológico que propone un esquema difícil de entender en un viejo país pluriétnico, el más antiguo de la tierra firme americana ya con más de cinco siglos de historia.

Primero, fue la exaltación de los afroantillanos como se hace en el mundo anglosajón, en sus universidades y entre sus militantes por los derechos humanos. Más adelante se enaltecen los afrodescendientes en general, en un Panamá muy teñido racial y culturalmente del África. Más recientemente se realzan a los originarios, a las poblaciones indígenas, tal como se practica en países más bien andinos y especialmente en México.

En verdad el panameño promedio es según estudios genéticos de la Universidad de Panamá 40 % indígena, 33 % africano negro y 27 % europeo. Concluimos fácilmente que una inmensa mayoría de los panameños, mestizos, puede reclamar tres orígenes raciales y, en consecuencia, culturales.

¿Cómo explicamos mejor la realidad panameña en base a todas estas informaciones? Creo que tenemos más bien identidades múltiples que se han ido forjando gracias a los diversos grupos humanos en las distintas regiones de Panamá, viejo, activo y fascinante laboratorio social y cultural.

Regresemos al principio: ¿cuál es la imagen que se tiene hoy en el exterior de la identidad panameña? Es imagen más bien negativa: paraíso del desorden y la trampa, de la extremada desigualdad social, la corrupción pública, la injusticia y la impunidad, de educación de muy baja calidad. Nos ven como un país xenófobo e intolerante dominado por gente supersticiosa, sujeto de las listas negras y grises.

Mientras, los panameños (gente despreocupada, alegre, resiliente) en lucha muy desigual logramos mediante la diplomacia deshacernos de la presencia colonial extranjera gracias a los Tratados Torrijos-Carter y administrar el Canal interoceánico mejor aún que los estadounidenses. Logramos mantener un país relativamente pacífico, a pesar de infortunios y calamidades durante siglos.

Enfrentamos hoy, con esperanza, un futuro todavía incierto en un mundo que cambia velozmente. Queda a los panameños seguir ese rumbo más positivo, subirnos al tren de las naciones con sociedades más avanzadas y reforzar nuestra identidad más diversa, más rica y más incluyente.

(*) Panamá, 4 de octubre de 2021. Conversatorio organizado por La Estrella de Panamá.

Geógrafo, historiador y diplomático.

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