06 de Dic de 2021

Columnistas

Pobre hispanidad

“Yo no sé Uds., pero yo estoy orgulloso de los españoles, porque también trajeron la hispanoesfera, el idioma, las gallinas, los huevos, los perros, los caballos, los burros, la faragua, el vino y la fe en DS”

Hoy, 12 de octubre de 2021, estoy celebrando solito con las estrellas, porque la orgullosamente institutora que sabemos se “jue” dos meses de vacaciones para el norte. Brindo entonces con el croar de los sapitos con un traguito meticulosamente preparado con un chorrito de ron hispanoamericano, agua del cerro Marta, un pedacito de limón persa y cinco hojitas de yerbabuena de una cepa capireña… ¡Aaah! Es el mejor trago que me he tomado en toda mi vida, al puro cubano no lo invité, porque, desde que Fidel lo dejó, para mí se devaluó totalmente., al igual que su sistema ideológico y fracasado de “Patria o Muerte”.

Pero no sé si el limón, el agua, la yerbabuena o el ron me pusieron a pensar lo terriblemente equivocadas que están las corrientes antioccidentales que pretenden acabar contra nuestra tosca civilización malayando contra los españoles, los yankees y los franceses poniéndoles “la cabeza grande” tanto a criollos como aborígenes, sacando a relucir los millones de muertos que descansan en paz en las praderas norteamericanas, en las selvas mejicanas, en las islas caribeñas, en los restos del Imperio Inca, Brasil y toda Suramérica.

¡Qué falta de semiótica tan espantosa de estos alborotadores a sueldo!, si lo sucedido fue con el inicio de la verdadera Primera Guerra Mundial de un mundo inhibido en el modo de producción feudal. Estallido que comenzó, y no ha terminado todavía, sacudiendo un par de siglos después de la batalla de Lepanto (1571), que, a DS gracias, quedó vivo el calor de Nuestro Señor Jesucristo, guerra por tierra y riquezas: Gran Bretaña con sus colonias norteamericanas, Francia destruyendo a España y en cruenta guerra con Inglaterra, mientras que las flechas, lanzas y fusiles no descansaban asesinando búfalos, caballos, indígenas, caras pálidas europeas de llanuras y pretiles.

Los vagos antioccidentales han logrado poner de moda el improductivo derribo de estatuas de colonizadores en Hispanoamérica; en Colombia, una turba enardecida bajó, a martillazos por la cabeza, de sus respectivos pedestales tanto a conquistadores como Sebastián de Benalcazar y Diego de Ospina y Medinilla; y acá, en Panamá, lo más seguro es que están esperando que el Adelantado del Mar del Sur, Vasco Núñez, se baje una de estas noches de su bola, buscando a su perro Leoncico, que siempre hace pipí en la cinta costera, y no descansarán hasta bajar a mazazos al Cristo de San Miguelito, como tumbaron, antes de Pan de dulce, el Toro, Yeya y Martín, la estatua de Roosevelt.

Yo no sé Uds., pero yo estoy orgulloso de los españoles, porque también trajeron la hispanoesfera, el idioma, las gallinas, los huevos, los perros, los caballos, los burros, la faragua, el vino y la fe en DS. ¡Que vivan España y sus mujeres!

Economista, escritor costumbrista.

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