28 de Nov de 2021

Columnistas

El cuento pueblerino panameño

“[…] los cuentos narrados o leídos en la voz de nuestros viejos despiertan y crean vínculos de confianza, simpatías, afectividad y empatía entre los ancianos y niños […]”

Según Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno (Juan Rulfo), uno de los más importantes escritores y cuentistas mejicanos del siglo XX, la clave para la creación literaria de un cuento es: “Se trabaja con imaginación, intuición y una verdad aparente; cuando esto se consigue, entonces se logra la historia que uno quiere dar a conocer. Creo que eso es, en principio, la base de todo cuento, de toda historia que se quiere contar”.

El cuento “pueblerino” o campesino es quizás la pieza más importante en la formación de la niñez del campo y las regiones inhóspitas de la mayoría de países como Panamá y de innegable importancia literaria del nivel de la educación primaria particularmente rural, porque no podemos negar que los maestros se encargan de disfrutar y transmitir el deleite del cuento a sus educandos y son los motivadores auténticos de ese placer infantil por la narrativa a edades tempranas; complementada con la de padres y abuelos “echadores de cuentos” o “cuentacuentos” en familia a la orilla de los ríos, de la playa, bajo la luna o la luz de las estrellas.

La transmisión oral es la forma más simple y sencilla de transmitir el cuento “pueblerino”, el cual también tiene sus fuentes en la vida real y la imaginación, por lo que sirve para acercar a los niños en sus primeros años de vida, a los problemas y vicisitudes del mundo de los mayores, para que luego lo puedan comprender mejor, ya sea en el campo o en la ciudad. Fue así como se hicieron famosos los cuentos de La Tulivieja, El Señiles, La niña encantada del Salto del Pilón y antes, los cuentos de Tío Conejo y Tío Tigre, El padre sin cabeza y tantos otros.

Es innegable que los cuentos narrados o leídos en la voz de nuestros viejos despiertan y crean vínculos de confianza, simpatías, afectividad y empatía entre los ancianos y niños contribuyendo a la alegría, a la felicidad de ambos, emisores y receptores. De igual forma, en muchos casos ayudan a los párvulos en la formación de personalidades bien equilibradas.

Los alumnos que oyen y escuchan estas narraciones, cuentan y crean sus propios cuentos, se apropian de estructuras del lenguaje, utilizando palabras o vocablos que hacen suyos; porque el cuento en general es un elemento indispensable para el desarrollo intelectual y del lenguaje en el curso de la escuela primaria y secundaria de cada estudiante.

Los “cuentos pueblerinos”, generalmente de tradición oral, y los cuentos propiamente literarios son excelentes para la transmisión y afirmación cultural que representan gran parte de las bases para erradicar tendencias e inculcar valores positivos.

Este cuento al que llamo “cuento pueblerino” es permanente, de allí la importancia de los recuerdos que perduran en la memoria de los niños en torno a los primeros escuchados en nuestros pueblos del interior del país (o leídos); por los que tanto abogaban Rogelio Sinán, Mario Augusto Rodríguez, Carlos Francisco Chang Marín y más recientemente, Ricardo Ríos Torres (q. e. p. d.) y Ariel Barria Alvarado (q. e. p. d.); verdaderos talentos de la literatura nacional, quienes nos compartían sus simpatías por la formación de personas con habilidades para referir cuentos, es decir “cuentacuentos” o, como les decimos en mi pueblo, “echadores de cuentos”.

Esta corriente literaria que defiende la importancia de los cuentos en general se basa en la seguridad de que esta es una maravillosa forma de perpetuar nuestras verdaderas raíces, tradiciones y la memoria histórica de nuestros pueblos, tal y como sostenía Agustín del Saz y Sánchez cuando decía que: “El alma de los pueblitos y campitos, empapada de panameñismo auténtico tiene el interés y encanto de las bellas verdades y mentiras viejas”.

A este grupo pertenecen los escritores emergentes Herminso Rovira, Luis Antonio Barahona, Marino Jaén Sánchez y muchos otros, abriendo camino con sus novedosas obras, Guabalá, Al que le toca le toca, El talingo y la garrapata, Chaparrón de cuentos pueblerinos, de este servidor.

Nicolás Arrocha Rodríguez, Mario Centeno Vásquez, Fernando Díaz Lozano, Verónica D. Forte, Lourdes Gómez, Precilla Ariadne Peralta Archibold, Randal Ruiz y Lupe Wald Jaramillo en forma colectiva, lanzan la obra: Ocho cuentan 33, de la mano de los entusiastas profesores Ileana Gólcher, Ariel Barría Alvarado (q.e.p.d.) y Silvia Fernández-Risco, quienes fueron guías y respaldo de dicho trabajo. “Los cuentos de cada uno rescatan el Panamá profundo y la identidad que llevamos dentro”, son palabras tomadas del prólogo que hizo la profesora Ileana Gólcher, quien es la editora del mencionado libro y la frase: “los autores presentan retratos muy bien trazados de diferentes facetas de nuestro país”, son palabras de la valoración que hizo del libro el escritor Ramón Francisco Jurado.

Escritor, folclorista, compositor.

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