01 de Dic de 2021

Columnistas

Independencia de 1903: nuevas evidencias sobre una verdad ocultada

“[…] vale la pena que nuestros docentes de Historia nacional se apropien de esta versión del Dr. Beluche, más ajustada a la verdad de los hechos de 1903 […]”

En su última obra, el colega Olmedo Beluche, nos habla de que algunos de los directivos-accionistas mayoritarios del canal francés idearon un plan para obtener más ganancias que las que ya les habían esquilmado a los ilusionados franceses. El plan consistió en obtener una prórroga desde 1894 hasta 1904 para terminar la obra -cosa que sabían no ocurriría-, pero que permitiría hacer un nuevo negocio: venderle sus derechos al nuevo Estado que se consolidaba como el nuevo imperio occidental: EUA. De allí en adelante, el drama se convierte en una tragedia para la nación panameña que, salvo con la intervención patriótica de Victoriano Lorenzo, en casi nada participó de las gestas de noviembre de 1903.

Por lo que nos comparte el Dr. Beluche, el plan del grupo de pillos especuladores, ahora asociado con otros desalmados norteamericanos vinculados a la compañía del ferrocarril, buscaba que Colombia admitiera un nuevo trato con los nuevos amos de la obra; lo cual no ocurrió. De aquí vino el plan B: “independizar” al istmo del Estado colombiano, pero convirtiendo a la nueva “república” en una semicolonia tutelada por los nuevos poderes colonialistas.

Cuando se mira, nos aclara el Dr. Beluche, que en la firma de abogados con intereses en la compañía del ferrocarril quedaron las acciones del nuevo contrato que prolongaba el período de construcción de las obras. Cuando se constata que de esta firma, muy bien relacionada con empresas como la General Electric y los negocios del magnate banquero JP Morgan -cuyo banco es uno de los preferidos por nuestros gobernantes para seguir endeudando al país- salen los principales actores del negociado canalero -o independentista, según la versión oficial- y cuando se confirma que Amador Guerrero, junto a José Agustín Arango, ambos subalternos de W. N. Cromwell, formaron parte de la Junta de Gobierno Separatista de 1903, resulta más fácil comprender este complot teñido de corrupción internacional y del papel de los magnates de la época tejiendo dicha trama.

Efectivamente, William Nelson Cromwell, uno de los titulares del bufete en mención y además amigo de Teodoro Roosvelt, reunió a un grupo de magnates para comprar las acciones de la nueva empresa -que ya venía quebrada- en aproximadamente 3.5 millones de dólares. Cuando el Estado estadunidense las compró, este grupo recibió 40 millones de dólares… algo cercano a ¡1000 % de ganancia! O sea, Buneau Varilla fue un bebé de pecho y mero recadero de estos pillos.

Pero, fíjense, fue precisamente Cromwell -nos advierte Beluche- el que sentó a los dos partidos en pugna interna a firmar el “acuerdo de paz” en el buque acorazado Wisconsin, en 1902. Obligó al embajador colombiano a firmar el Tratado Herrán-Hay, rechazado en enero de 1903 en Colombia, entre otras razones, porque indicaba no solo que se crearía una “zona del canal” bajo jurisdicción norteamericana, sino porque se generaban suspicacias tales como ¿por qué a Colombia se le pagaba 10 millones de dólares y a los accionistas 40?

Rechazado por el cuerpo legislativo colombiano, Cromwell y los EUA ponen a funcionar su plan B: separar a Panamá de este Estado suramericano y montar una Junta de Gobierno sumisa (ya vimos que con subalternos del funesto Cromwell) a los intereses de estos pillos internacionales y su Estado colonialista, que avalara los acuerdos que desecharon en Colombia. Como sabemos, el plan les resultó todo un éxito.

Si bien, en buena parte la noción de que EUA siempre estuvo detrás de que se firmara el mencionado pacto canalero, el Dr. Beluche, abunda en datos de interés que confirman no solo esto como deseo, sino que actuaron como actores de primera línea en todo el proceso. Ofrece información incluso fotográfica, de que el ejército colombiano no pudo contrarrestar ese plan B, simplemente porque toda la flota norteamericana fue desplegada en ambas costas, dando lugar a una invasión de varios miles de soldados de este ejército. Muy dignamente y a diferencia de lo ocurrido en la invasión de 1989, el pueblo de entonces nunca salió a aplaudir a las tropas invasoras.

En fin, vale la pena que nuestros docentes de Historia nacional se apropien de esta versión del Dr. Beluche, más ajustada a la verdad de los hechos de 1903 que la que se enseña en nuestras escuelas, adquiriendo el libro o al menos, participando de su presentación formal el próximo martes 16 de noviembre en el teatro Gladys Vidal (edificio Hatillo).

Sociólogo y docente de la UP.

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