01 de Dic de 2021

Columnistas

Por un país lleno de conocimientos y valores

“Esperamos […] que la celebración en las últimas semanas del mes de los valores haya promovido el ambiente para fomentar el conocimiento y los valores en la población […]”

Históricamente, la escuela, la universidad y la cultura han contribuido una enormidad a cambiar la vida de muchas personas. Sin embargo, la falta de políticas de Estado dirigidas a mejorar la educación ha hecho que el país caiga a lo más bajo y mire pasivamente el surgimiento de una casta de antivalores.

Y es que donde no hay valores, existe el peligro de la corrupción rampante. Por supuesto que habido funcionarios, empresarios y políticos con suficientes valores y principios éticos y morales para reaccionar ante las tentaciones, y hoy tienen un legado de decencia y honestidad. Pero, lamentablemente, esas son las excepciones y el problema de los antivalores está tan diseminado que la sociedad en general está podrida.

Antes, la preocupación de un padre por el futuro de un hijo empezaba enviándolo a la escuela para que aprendiera conocimientos, cultura y valores. Pero las escuelas ahora no cumplen ese cometido. Por un lado, no están preparadas ni condicionadas para ofrecer conocimiento y cultura. Y por otro, sus docentes y dirigentes no tienen solvencia moral para inculcar valores a nadie.

Fue García Lorca quien dijo que si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan, sino que pediría medio pan y un libro. Por supuesto, esta cita reitera la importancia de invertir en el aprendizaje, no solo de nuestros jóvenes estudiantes, sino también del resto de la población. La educación debiera ser una de las dos prioridades urgentes del Estado, siendo la otra la alimentación. Sabemos que cuando una persona tiene hambre y no tiene medios para comer, lo único que la calma es un plato de comida. Pero cuando una persona quiere aprender y no puede, nadie piensa que lo único que calma esa ansia de saber son libros, muchos libros.

Por eso consideramos un sinsentido cada vez que los Gobiernos asignan recursos políticamente y recortan presupuestos a expensas de las necesidades educativas y culturales. Somos del criterio que el peor error que se puede cometer en un país es no invertir en educación. De allí el disgusto ciudadano cuando los diputados solicitan cientos de millones de dólares para politiquería y olvidan otros rubros importantes como educación. Panamá tiene un déficit educativo muy alto, el cual se traduce en ignorancia y pérdida de valores. Y es precisamente ahora cuando la crisis de corrupción está en su punto más crítico, cuando el Gobierno y la sociedad debieran invertir más en escuelas, bibliotecas, museos, teatros, librerías, salas para conciertos y parques para la diversión y el esparcimiento.

Invertir en ciencia, letras y filosofía, además de música, arte y deporte, es garantía para un futuro próspero. Estas son las áreas en las que un país debe apostar y concentrar sus recursos para salir del hoyo en que la corrupción lo ha llevado. Serían los dineros mejor gastados desde el punto de vista financiero y también del educativo. Recordemos que una persona educada es receptiva a la práctica de los valores éticos, cívicos y morales.

En ese sentido, cuando en un país su población está educada, es más fácil combatir la corrupción. El grado de descomposición moral al que hemos llegado en Panamá ha alcanzado niveles impensables, y lo peor es que todavía no vemos cuándo acaba. Pensamos que la única manera de revertir esta tendencia es inyectando recursos bien dirigidos al sistema educativo y haciendo esfuerzos en la formación de talentos y en la erradicación de la insensibilidad moral.

Los Gobiernos y la sociedad civil están obligados a construir un sistema educativo más robusto, con mejores escuelas, mejores bibliotecas, mejores museos, mejores teatros y mejores librerías. En los últimos años, hemos visto un evidente decaimiento de valores y han brotado conductas y comportamientos clientelistas, justamente con gente sin hacer nada y cobrando subsidios, becas y aumentos especiales. En definitiva, sin una agenda efectiva de inversiones y un plan puntual de modernización escolar, el país nunca avanzará.

Esperamos entonces que la celebración en las últimas semanas del mes de los valores haya promovido el ambiente para fomentar el conocimiento y los valores en la población, ambos indispensables para crear una sociedad más justa y decente. Solo así el país podrá entrar en el riel del desarrollo y el progreso, y asegurar que las próximas generaciones puedan hacer frente a los desafíos que nos depara el futuro. De otra manera, seguiremos a la deriva, con gente ignorante y sin valores tomando decisiones, y que seguro no nos llevan por buen camino.

Empresario

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