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17 de Ene de 2022

Columnistas

Lecciones aprendidas

“Si el presidente (Varela) pudo imponer esta decisión, porque quienes debían implementarlas eran sus subalternos, donde estaba el equilibrio del poder, […]”

Cuando hablamos de lecciones aprendidas, queremos resaltar el aprendizaje que se deriva de experiencias que hemos tenido, que, desde luego, si continuamos haciendo lo mismo, van a repetirse los errores cometidos.

Mucho se ha hablado de la Ciudad de la Salud y coyunturalmente hemos culpado a la administración del presidente Varela, a la cual no eximimos de su responsabilidad, pero hay una serie de variables que ocasionaron este problema, en la que hoy decimos, categóricamente, que fue un error suspender la construcción de esta obra.

En primer lugar, debemos destacar el culto a la personalidad, de designar con el nombre de un político estas instalaciones, y como estamos en el mundo de la política, la primera controversia fue el nombre de estas instalaciones de salud. Los que asumieron el poder, pensaron, no debemos continuar con esta obra, porque el crédito sería para uno de nuestros opositores, porque a los políticos les interesa la visibilidad, aunque con aquello, sacrifiquen lo intereses de la mayoría.

Luego de esta decisión política, surgieron las críticas cuestionando la construcción de la Ciudad de la Salud, como una especie de avalar la decisión presidencial, pero no escuchamos voces disidentes a favor de su construcción, de aquellos que dicen representar la voluntad popular y observamos cómo todos se plegaban al poder presidencial.

Desde el punto de vista técnico, todo proyecto tiene sus etapas, que indican el inicio y finalización de este. Es un concepto estratégico que debe cumplirse y que para que esto sea una decisión, debió ser aprobado por la Junta Directiva de la CSS, cuya responsabilidad es darle seguimiento, hasta que los proyectos aprobados se cumplan.

Asumamos que la suspensión de la obra fue una decisión del presidente Varela, que para poder implementarla debió ser a través del director general de la CSS, nos preguntamos entonces, si la Junta Directiva avaló esta suspensión, que quizás algunos de los miembros de aquella J. D., que aún siguen en este cuerpo colegiado, pueden explicar.

Si el presidente pudo imponer esta decisión, porque quienes debían implementarlas eran sus subalternos, donde estaba el equilibrio del poder, cuando la Asamblea Nacional, representada por la mayoría de los diputados del partido gobernante, debió oponerse en esa oportunidad y de seguro, representando la voluntad del pueblo, esto no hubiera ocurrido, pero todos se plegaron a la decisión presidencial, lo que evidencia una vez más, el poder de un sistema presidencialista.

La supuesta autonomía de la CSS, quedó en entredicho, si esto fue una decisión que aprobó la JD de la CSS, la suspensión del mismo, no pudo ser una decisión que unilateralmente haya tomado el director de turno, entonces, tenemos que preguntarnos qué responsabilidad tiene este organismo, donde supuestamente están representado todos los intereses de la CSS.

Pero no ha sido el único proyecto que ha tenido esa desventura, las policlínicas de Aguadulce y Penonomé se iniciaron en el año 2012 y aún es una incertidumbre cuándo se terminarán, inclusive se habla de derribar lo ya construido, porque esas instalaciones se han deteriorado, sin que haya ningún responsable de este desgreño.

No hemos derivado ninguna enseñanza de estas experiencias, el director ejecutivo, quien, supuestamente, debe darle seguimiento a las obras civiles que ha contratado la CSS, en esta administración, se han nombrado cinco directores, otro tanto ha ocurrido en las direcciones de Servicios Médicos y en la del Complejo Hospitalario, de manera que con este estilo de dirección, no podemos lograr una madurez organizacional.

Gerente de Servicios de Salud.

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