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26 de Ene de 2022

Columnistas

Balance 2021

“[…] el pueblo pudo evidenciar que la sociedad requiere de la solidaridad y no del individualismo que han impuesto los neoliberales, en una situación vulnerable como la que estamos viviendo, […]”

Dicen que, cuando se realizan evaluaciones, hay que empezar por lo positivo. Para los obreros esta es una valoración difícil, pues ya en 2019 las condiciones de vida eran precarias y con tendencia a desmejorar, con la pandemia, la situación se tornó grave. ¿Qué ha sido positivo en este 2021 para los obreros? Primero, la realidad reveló la necesidad urgente de fortalecer nuestras organizaciones, la conciencia y la lucha del proyecto sindical clasista. En segundo lugar, se cayó el velo bajo el que quedaron atrapados algunos trabajadores, de esos que llaman “colaboradores”, donde vendían la idea de que en el marco del trabajo no existía explotación y que a los empresarios les importaba con sus “colaboradores”; nada más lejos de la realidad, los empresarios mantuvieron o incrementaron ganancias, mientras despidieron a diestra y siniestra. En tercer lugar, el pueblo pudo evidenciar que la sociedad requiere de la solidaridad y no del individualismo que han impuesto los neoliberales, en una situación vulnerable como la que estamos viviendo, recurrimos al instinto de ayudar a nuestros familiares, compañeros y vecinos, no dejarles solos, colaborar. En cuarto lugar, como nunca, hemos evidenciado que sin luchas no hay victorias, frente al atropello gubernamental de arrebatar nuestras conquistas para seguir favoreciendo, en medio de la crisis, a la patronal, el movimiento obrero en las calles ha defendido sus derechos.

Sí, todas ellas, son valoraciones no tangibles, cualitativas, que muchos no pueden percibir, pero que se convierten en la fortaleza del movimiento obrero organizado, en la protección de los obreros y que tienen como objetivo seguir caminando en la construcción de una sociedad con justicia y equidad social para la vida digna.

En cuanto a lo negativo, las valoraciones son profundamente cuantitativas, indicadores que reflejan la precariedad en las condiciones de vida de los trabajadores y sus familias. En primer lugar, tal como lo advertimos en el 2020, la suspensión de contratos y salarios, nunca estuvieron dirigidas a preservar puestos de trabajo, sino a garantizar ganancias a los empresarios. Por ello, más de 35 000 trabajadores han visto modificadas sus jornadas de trabajo y casi 100 000 no han sido reintegrados; la desocupación comprende a 222 080 trabajadores (cifra subestimada ante la supuesta caída de la PEA), la informalidad está próxima al 60 % de la PEA (Agrícola y No Agrícola). Pese a estos números, el discurso empresarial sigue siendo reactivar empresas, cuyas aperturas no implican mantener puestos de trabajo, así como cuidar la competitividad empresarial, que significa competir con fuerza de trabajo barata. Es perentorio aclarar lo falaz del discurso empresarial en torno a su “preocupación por el desempleo”, para argumentar que no hay que subir salarios. Preguntemos a los empresarios ¿por qué la apertura de empresas no ha significado la reincorporación de todos sus trabajadores? ¿Por qué crearon la figura de tercerización laboral para reducir salarios y prestaciones sociales? ¿Por qué en empresas formales existe 104 184 personas en condiciones de empleo informal? ¿Por qué en el 2019 el empresariado panameño fue el de menor proyección en América Latina para generar nuevas fuentes de trabajo? ¿Por qué del 2011 a 2109, con crecimiento económico, la tasa de desempleo aumentó? ¿Será porque el costo de sus ineficiencias se la cargan a los obreros?

Históricamente somos los obreros a los que nos preocupa el desempleo, por dos razones fundamentales: la primera, son nuestros familiares, amigos y compañeros los que se encuentran en esta situación; y, a un mayor número de desempleados los salarios disminuyen.

En segundo lugar, las remuneraciones en términos reales presentan una caída drástica que impide a muchos trabajadores adquirir alimentos y otros bienes y servicios. Un hogar integrado por cuatro personas en Panamá requiere 1500 balboas mensuales para satisfacer sus necesidades mínimas de sobrevivencia material; sin embargo, la mediana salarial de la población empleada en el sector privado es solo B/.653.60 mensuales, el 40 % de los trabajadores recibe una de las 52 tasas de salario mínimo (cuyo mínimo real es B/.275.00 mensual), y 201 176 de la población empleada devenga menos del salario mínimo. Mientras tanto, el costo de la vida sigue aumentando.

Compañeros obreros, en el 2022 seguiremos en la lucha, para que se genere trabajo digno y salario justo, que se respeten nuestras conquistas y derechos, por una vida digna para el obrero y su familia. Desde Conusi, los mejores deseos para los trabajadores y trabajadoras y sus familias.

Conusi-Frenadeso.