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24 de Ene de 2022

Columnistas

El camino correcto

“Ya instalada la Comisión de Alto Nivel para dar seguimiento a los acuerdos alcanzados (en el Pacto del Bicentenario), su implementación se proyecta en un periodo de tiempo que trasciende la administración Cortizo”

No hay duda de que la segunda década del Siglo XXI se caracterizó por la convulsión y disrupción de la fábrica social del “Homo sapiens”, fenómeno del cual no escapa el hemisferio americano en que convivimos. La convulsión, producto del empoderamiento que le ofrece al individuo el arma de las redes sociales, en detrimento de los estamentos tradicionales de cohesión social, ya sean estatales, sociales, empresariales, gremiales, educativos, religiosos o de otra índole. Entre los ejemplos de la convulsión, sobresalen fenómenos que se consideraban ya superados, llámense Trump, Bolsonaro, Castillo, Boric u otros, y las revueltas populares reprimidas a sangre y fuego en Cuba, Venezuela y Nicaragua por Gobiernos sin ningún pudor social o humano. La disrupción, producto de la pandemia COVID-19, que azota sin misericordia nuestra especie, con sucesivas mutaciones o variantes que la ciencia y los anticuerpos del ser humano han logrado contener, pero no solventar. Abunda la especulación, pero a dos años de declarada la pandemia no hay certeza alguna, siendo América Latina la región mayormente afectada en salud y empleomanía, como consecuencia del fenómeno que implantó y mantiene el bicho.

Ante la disyuntiva global actual, es importante resaltar los impresionantes retos superados por dos generaciones de panameños, producto de distintos procesos de diálogo que han caracterizado el quehacer nacional. Sobresalen el Acto Constitucional de 1983, el Encuentro de Bambito (1993-1994), el primer Pacto Electoral de Santa María la Antigua (1994), Encuentros Panamá 2000 (1996-1997), Visión Nacional 2020 (1997-1998), el Título XIV de nuestra Constitución Nacional (el Canal de Panamá) y el Acto Legislativo de 2004, entre otros. No hay duda de que los sucesivos Gobiernos, Endara, Pérez Balladares, Moscoso y Torrijos, lograron dar al país el grado de estabilidad requerido para superar los retos asumidos como nación en el entre siglos, producto de la nueva era democrática que se inició en 1989, la reversión del Canal de Panamá (1999) y de la principal masa terrestre de sus áreas aledañas (1990-1999). Es posible que haya algo de especial en los genes istmeños, intuido por el Libertador en su Carta de Jamaica de 1815 y su convocatoria al Congreso Anfictiónico de 1826. De ser así, ni tal condición podría resultar suficiente para solventar con éxito los retos que como sociedad afrontamos, agravados por la convulsión y disrupción propia de la época.

Si bien todos los indicadores colocan a Panamá dentro de las posiciones destacadas en crecimiento macroeconómico, y otras mediciones, tales como ingreso “per cápita”, ventaja competitiva para los negocios, e imán para los extranjeros residentes, quedan por solventar delicados eslabones del orden nacional, ente los que resaltan la viabilidad del sistema de seguridad social y jubilaciones; los límites al incremento de la deuda nacional, en un panorama internacional de presiones inflacionarias y alza de intereses; la educación; y el agua requerida para la operación de la ruta interoceánica, en competencia con la demanda para la vida diaria de la gran masa humana que la rodea. Ante la incertidumbre que caracteriza la realidad actual, resalta la inequívoca certeza de que sin cohesión social no hay futuro para el devenir nacional. Resultó por ello acertada, y en el camino correcto, la convocatoria del Gobierno nacional en noviembre de 2020 a una gran consulta ciudadana, que concluyó en diciembre de 2021 con el Pacto del Bicentenario “Cerrando Brechas”, 187 acuerdos concretos alcanzados dentro del objetivo de cerrar la brecha social. Ya instalada la Comisión de Alto Nivel para dar seguimiento a los acuerdos alcanzados, su implementación se proyecta en un periodo de tiempo que trasciende la administración Cortizo.

Es propicio el momento para que se imprima igual ímpetu, en el avance de los acuerdos requeridos para afrontar la disyuntiva de nuestro sistema de seguridad social y jubilaciones, cuyo panorama incierto y de difíciles alternativas requiere ser parte medular del debate público de cara a la elección general de 2024. Concluir el proceso de análisis y revelación en este campo, es, como mínimo, responsabilidad de la presente administración. Aferrarnos a la metodología de diálogo en este y los demás retos, seguirá siendo el camino correcto, y fiel a nuestra historia.

Abogado