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20 de May de 2022

Columnistas

La esclavitud y sus secuelas en el siglo XXI

“El racismo constituye hoy día uno de los infortunios heredados por la esclavitud y que debe ser objeto de reproche y sanción punitiva, porque va en contra del principio de igualdad que debe prevalecer en todos los seres humanos”

La Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante Resolución 62/122 del 17 de diciembre del 2007, decidió conmemorar cada 25 de marzo “El Día internacional de recuerdo de las víctimas de la esclavitud y la trata transatlántica de esclavos”.

En la Resolución no se brindan mayores detalles sobre lo que significó la esclavitud en el continente americano y el impacto que tuvo en el subdesarrollo de las naciones. Se ha narrado que los primeros pobladores negros traídos a estas tierras llegaron con Cristóbal Colón en su segundo viaje (1493), posteriormente, se incrementó con el nombramiento en 1501 de Nicolás de Ovando, como gobernador de “Las islas y Tierra Firme”, en sustitución de Francisco de Bobadilla.

La esclavitud siempre contó con el beneplácito de los monarcas españoles, quienes se beneficiaban del trabajo inhumano en las minas y plantaciones, que incluía a indígenas y negros, enviados primero desde España y después arrancados de su hábitat en África por empresas radicadas en Portugal, Francia, Inglaterra y Holanda.

El proceso de colonización española en América se extendió por más de tres siglos, hasta las Guerras de independencia en el siglo XIX lideradas por Bolívar, quien en su discurso en Angostura declaró la libertad de los esclavos. En ese periodo se produjo la extracción de toneladas de oro y plata, que iban a parar en primer lugar a la nobleza española, y luego, a manos de mercaderes burgueses en el viejo mundo.

Las riquezas saqueadas impulsaron el desarrollo mercantil e industrial de Europa, mientras que del otro lado del continente se sufrían las devastadoras consecuencias del coloniaje. Una investigación expuesta en 2019 por Alex Borucki de la Universidad de California, indica que: entre 1525 y 1866 se realizaron cerca de 36 mil viajes trasatlánticos directos entre África y las Américas, los cuales transportaron 11 millones de africanos esclavizados en dicho periodo, en los que cinco millones desembarcaron en Brasil. La mayoría de estos esclavos vivía pocos años por el trabajo agotador y las torturas impuestas.

El modo de producción esclavista contó con una justificación filosófica emanada de las élites sociales dirigidas a sostener su acción. Luis M. Díaz Soler, en su obra “Historia de la esclavitud negra en Puerto Rico”, sostuvo que: “El negrero justificó su negocio acogiéndose a las doctrinas sostenidas por el Estado y la Iglesia. Arrancar al negro de las entrañas de África, argumentaban, era una labor humanitaria y cristiana, porque se estaba transformando a un salvaje, un hereje, en un individuo capas de disfrutar los goces de la civilización occidental”.

Esta mentalidad inhumana presentó su antítesis en 1789, con la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, aprobada durante la Revolución francesa, pero como dijera el historiador español, Juan Tafalla, “La igualdad proclamada era para lo interno de Francia”, porque esta nación continuaba manteniendo en sus colonias del Caribe el estado de esclavitud”. Ello derivó en la Independencia de Haití en 1804 del dominio francés, que rompió siglos de tratos inhumanos hacia la población negra por la minoría blanca, siendo antecedida por levantamientos de cimarrones en distintas latitudes, incluyendo el Istmo de Panamá.

La esclavitud no debe verse solo como algo histórico que logró la riqueza de reyes, nobles, el clero y comerciantes burgueses. Esta representa, en la actualidad, un flagelo que se extiende, con nuevos métodos y formas de explotación, denominado “esclavitud moderna” y que en América Latina ha provocado millones de personas en situación de pobreza y miseria, producto de las desigualdades y los bajos salarios.

En este concepto se refirió, en 2017, William Lacy Swing, director general de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el Organismo de las Naciones Unidas para la Migración. Sentenció que: “Si bien muchos consideran a la esclavitud como un fenómeno del pasado, constituye una plaga que está aún presente. En todo el mundo, los criminales siguen encontrando nuevas maneras de explotar a adultos y niños en situación de vulnerabilidad, violar sus derechos humanos y lograr que trabajen para ellos mediante el uso de la fuerza. Ya sea que esto adquiera la forma de esclavitud sexual de mujeres, o el reclutamiento y la trata de hombres forzados a trabajar, en la actualidad ningún continente y ningún país se encuentran libres de esta amenaza a la dignidad y a los derechos humanos”.

El racismo constituye hoy día uno de los infortunios heredados por la esclavitud y que debe ser objeto de reproche y sanción punitiva, porque va en contra del principio de igualdad que debe prevalecer en todos los seres humanos.

Abogado-historiador.