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24 de May de 2022

Columnistas

Por una paz duradera

“[...] la humanidad puede verse dramáticamente afectada frente a una escalada [...] entre la OTAN y Rusia, [...]”

Desde el pasado 24 de febrero de 2022, ha iniciado una guerra perfectamente evitable en el este europeo. La Federación Rusa realiza una operación especial en el este de Ucrania, con el fin de mantener un espacio de contención que garantice su seguridad frente a la presencia en sus fronteras de una alianza militar como la OTAN. En este escenario toda la humanidad puede verse dramáticamente afectada frente a una escalada que desemboque en un enfrentamiento directo entre la OTAN y Rusia, donde ambos poseen miles de armas nucleares. Esta situación lleva, a que una guerra total entre ellos, se convierta en un escenario apocalíptico que pondría en peligro la propia existencia de la humanidad, como hoy la conocemos. Frente a esto es necesario que se garantice, no solo un escenario que detenga las hostilidades actuales, sino la adopción de un sistema que contemple una paz duradera para toda la Europa oriental.

Para lograr esta paz duradera, sostenible e integral en la región, se requieren cuatro grandes acciones. En primer lugar, es indispensable el levantamiento de todas las sanciones económicas, políticas, culturales y deportivas declaradas contra la Federación Rusa. Las sanciones son ilegales, atentan contra el comercio justo, el libre transporte internacional y son un freno inadmisible a la armónica cooperación que debe existir entre los pueblos en materia cultural y deportiva. Pretender aislar a un pueblo con una cultura milenaria como Rusia, y excluirla de las relaciones económicas, culturales, deportivas y de todo tipo constituye un enorme exabrupto de parte de las potencias occidentales, que, lejos de contribuir a la tan necesaria paz mundial, nos lleva a un escenario de confrontaciones, tensiones y caos para el siglo XXI.

“[...] es indispensable el levantamiento de todas las sanciones económicas, políticas, culturales y deportivas declaradas contra la Federación Rusa. Las sanciones son ilegales, [...]”

En segundo lugar, es necesario que se detenga la política expansionista de la OTAN y se suspenda toda nueva adhesión de países a esta alianza militar. La OTAN es una alianza nacida en la época de la “guerra fría”, como un mecanismo de Estados Unidos y sus aliados de Europa occidental de contrarrestar la influencia de la Unión Soviética y sus aliados de Europa del Este. En las actuales circunstancias, habiendo, hace más de treinta años, acabado la Guerra Fría, no se justifica la existencia de la OTAN y mucho menos su agresivo expansionismo hacia el este.

En tercer lugar, es urgente la firma de acuerdo multilateral en el cual se declare la total desnuclearización de Ucrania y su neutralidad permanente, renunciando a la posibilidad de entrar en cualquier alianza de tipo militar. La posición geográfica de Ucrania con amplias fronteras con Rusia al oriente, pero con la OTAN a su occidente, la convierten en un país que debe servir de contención y zona de neutralidad que dé garantías a ambas partes. Por las mismas razones debe existir un compromiso acerca de la prohibición total de establecer armamento nuclear en territorio ucraniano.

Por último, debe darse el respeto al principio de autodeterminación de los pueblos y por ende el reconocimiento del derecho de los pueblos de Ucrania oriental, en especial de la Región del Donbás, a decidir, mediante sufragio libre y democrático, su permanencia o no en la República de Ucrania. Existen dos realidades innegables: por un lado la región del Donbás tiene una mayoría de población rusófona, con alto apego cultural, político y social a Rusia y además, desde el año 2014 a la fecha, el Gobierno de Ucrania ha llevado a cabo una brutal guerra contra estas regiones, que ha dejado miles de muertos (ya en el 2019, el periódico argentino El Clarín contabilizaba más de diez mil muertos); aunado a que han provocado heridas que hacen difícil la convivencia de esta región bajo la dirección central de Kiev. Son estos pueblos los que deben poder decidir libremente sobre su futuro y su estatus político.

Estas medidas contribuirían grandemente a garantizar una paz duradera, que permita al mundo avanzar en paz en la búsqueda de mejores días para la humanidad.

(*) Doctor en Ciencias Históricas, catedrático de Historia de la Universidad de Panamá.