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29 de May de 2022

Columnistas

Torrijos

“[…] me manifestó su preocupación por algunos militares que quedaban en las fuerzas armadas. “Ellos no evolucionaron como yo”, me dijo”

Muchas personas hablan de Torrijos, cuando ni siquiera lo conocieron y mucho menos conversaron con él.

Conocí a Omar Torrijos cuando era teniente de la Policía Nacional, y con frecuencia iba a visitar a su hermano “Monchi”, quien era secretario de la Junta Directiva del Instituto de Fomento Económico, quien compartía conmigo una amplia oficina, cuando yo fungía como jefe de Relaciones Públicas del IFE.

Omar Torrijos, muy joven, además de visitar a su hermano y conversar conmigo, iba por una de las oficinas de la institución a ver si lograba conquistar a una de las bellas muchachas que allí trabajaban (perdió, porque ella le dio su corazón a otro pretendiente). Fui estableciendo con él una buena amistad personal, no política, pues no simpatizaba con los militares y conversamos mucho de diferentes e interesantes asuntos.

Torrijos fue ascendiendo de rango en la Policía; que luego se convirtió en Guardia Nacional. Siguió dando pasos ascendentes en el organismo militar. Ya siendo coronel, derrocó, en 1968, al recién electo presidente, Dr. Arnulfo Arias.

Originalmente, Torrijos “tiraba” mucho hacia la izquierda. Era un hombre muy inteligente y pragmático. Él fue logrando reclutar el talento, ya fuera de izquierda o de derecha, como de Juan Materno Vásquez, Nils Castro, “Chucho” Martínez, Rómulo Escobar B. y Ascanio Villalaz de izquierda; así como empresarios, Gabriel Lewis, Nicolás González Revilla, Omar Jaén, Arturo MacCowen y el Dr. Renán Esquivel.

Torrijos rechazaba el protocolo, por lo que consiguió que la Asamblea Nacional de Representantes de Corregimiento nombrara a Basilio Lakas como presidente y que a él se le diera el título de jefe de Estado.

Lo veía con alguna frecuencia y siempre conversábamos de asuntos personales. Yo tengo una finca que se llama “Chumico Redondo”, la cual visitaba en algunas ocasiones el coronel Torrijos. Venía caminando por la playa, desde su casa en Farallón hasta la mía. En una ocasión le pregunté “si podía ofrecerle algo” y él me contestó, en la terraza de mi casa, que tiene una vista más allá de Farallón que “estaba llenándose de vida”. La última vez que lo vi y fue la última vez que pasó el Año Nuevo con vida, llegó a mi casa en un helicóptero que, por supuesto, se llenó de los niños míos y de mis vecinos para dar un paseo. Él permaneció prácticamente todo el día y me habló mucho de la democracia y su deseo de dedicarse el resto de su vida alejado de los cuarteles. Me dijo que: “había logrado la mayor aspiración de su vida: la firma de los Tratados Torrijos-Carter”. No obstante, me manifestó su preocupación por algunos militares que quedaban en las fuerzas armadas. “Ellos no evolucionaron como yo”, me dijo.

Habló varias veces, por teléfono, con mi hermano Gabriel, que se encontraba en Contadora. Gabriel y otros distinguidos ciudadanos fueron logrando que la actitud política del coronel Torrijos cambiara radicalmente.

A los pocos meses tuvo un fatal accidente en el cerro Marta en Coclesito.

Su fallecimiento creó un gran vacío político y, su muerte provocó cambios en la jerarquía del organismo militar. El país se sumió en un gran caos.

Existen muchos ciudadanos que veneran. su memoria. Se ha convertido en un símbolo.

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