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27 de Jun de 2022

Columnistas

Cuando las armas hablan, las leyes callan

Hoy el orden internacional fundado en normas jurídicas (...) se encuentra en entredicho con la invasión rusa de Ucrania, (...)

La frase de Cicerón, citada en el título, (“En defensa de Milo”, Sección Once, Defence Speeches, Oxford,2009) refleja la actitud de Rusia hacia sus vecinos . Algunos rusos la han entendido mejor que otros. En la primavera de 1974 llegué, en el curso de unas vacaciones universitarias, a la estación de ferrocarril de Zurich, Suiza. Me encontré con una multitud entusiasta, con niños cantando alegremente y gente común con ramos de flores, todos alegres , sonrientes.

Al bajar del vagón del tren indagué y jóvenes suizos me contestaron que esperaban al escritor ruso Alexander Solyenitzin, quien regresaba del exilio en la Unión Soviética. Le habían retirado la ciudadanía por criticar al régimen y partió al exilio. Decidí permanecer en la estación y el momento en que llegó el escritor fue inolvidable. Nunca he visto una recepción colectiva tan emotiva a un escritor. Éste entendió bien el autoritarismo de su país, aunque abrazaría el nacionalismo cristiano (el Patriarca Kirill es aliado de Putin) en cuyo nombre se libra hoy una cruel invasión que niega la soberanía de Ucrania.

¿Acelerará ese nacionalismo religioso-político, autoritario ,invasor e intolerante el ocaso de la civilización cristiana que tan lúcidamente ha expuesto la filósofa francesa Chantal Delsol (La Fin de la Chrétienté, Ed. Cerf,París, 2021)? No se trataría del ocaso de una religión sino de una civilización permeada de valores cristianos, “de la historia concreta de una agonía, de un combate a muerte perdido de antemano” (pág.17) contra las fuerzas de la modernidad. Ya veremos.

Los panameños entendemos muy bien el tema de la soberanía de un Estado. Durante dos siglos luchamos para recuperarla. Primero frente al imperio español, luego ante una república, Colombia, a la que nos habíamos unido en 1821, al disolverse el imperio español y luego ante el enclave colonial que establecieron los EEUU en lo que llamaron la Zona del Canal.

La historia de la idea es larga, pero incluye, ciertamente, la integridad territorial y que el poder nacional sea el supremo en ese territorio, sin dominación extranjera. Su evolución la tan trazado con maestría los juristas alemanes Herrmann Heller, en el siglo pasado, (La Soberanía, México,1997) y , en el actual ,Dieter Grimm (Sovereignity, Nueva York, 2015 ).

Hoy el orden internacional fundado en normas jurídicas (tratados, principios e instituciones) se encuentra en entredicho con la invasión rusa de Ucrania, un Estado nacional soberano. Es la primera guerra de conquista europea desde el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Frente a esa guerra, violencia organizada por un Estado para anexar o dominar total o parcialmente a otro, por ahora el derecho ha sido impotente, de allí lo actual de la frase de Cicerón arriba citada. Algunos historiadores de la guerra, p. ej. Margaret Macmillan, profesora de Historia en Oxford, han estado profundamente equivocados en su creencia de que la guerra de conquista era cosa del pasado (War: How conflict shaped us, Nueva York, 2020, página 272).

En el contexto latinoamericano, el Estado de derecho parece haber resistido bastante bien a las restricciones temporales de los derechos fundamentales para hacer frente a la pandemia de la covid-19. Un estudio reciente parece confirmarlo (La Resistencia del Estado Democrático de Derecho en América Latina frete a la Pandemia, Armin Bogdandy y otros,CIDE,2021).

El crimen organizado y la decadencia de las instituciones, hoy más debilitadas por la inflación y el desempleo, son una peor amenaza. Lo grave es el estado del orden jurídico internacional de la posguerra. Panamá, país pequeño, sin ejército, descansa en gran medida en ese orden para que se respete su soberanía y libre comercio internacional. Hay que admitir, sin embargo, que ese orden se ha debilitado progresivamente (por acciones de las democracias industriales y sus excesivas ambiciones de modelar el mundo a su imagen y semejanza e intereses, guerras imperiales fallidas, y el surgimiento de potencias revisionistas de ese orden, entre otros). Nuestro país ha sido beneficiario de ese orden jurídico internacional, aunque también ha recibido embates injustificados de las potencias hegemónicas del mismo (los últimos el de un juicio internacional no mediante un debido proceso sino mediante listas de tantos colores como el arcoíris). El balance, no obstante, es positivo para nosotros como país con una importancia geopolítica creciente no solo por el Canal sino por nuestra riqueza mineral.

Como jurista tengo una confianza inquebrantable en el derecho para traer orden y erradicar la violencia arbitraria en la sociedad humana. Una mirada a la trayectoria de las normas jurídicas en los últimos 4 mil años, certeramente expuesta por Fernanda Pirie, profesora de Antropología del Derecho en Oxford (The Rule of Laws, Basic Books, Nueva York;2021). Al final de este conflicto bélico espero que el orden jurídico internacional prevalezca, con los cambios que amerita, entre los cuales estaría una mayor protección de nuestros intereses como Estado soberano. Para ello, la fuerza de las armas no debe prevalecer sobre las leyes.

Doctor en Derecho, máster en Economía, expresidente de la Corte Suprema de Justicia, exprofesor universitario y abogado practicante