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28 de Jun de 2022

Columnistas

Un matamoscas, regalo ideal para los abuelitos

Hace dos semanas que el teniente retirado Oliver Smith me habló de un curioso anciano desdentado que todos los días a la una de la tarde se comía un pollo entero asado, y que la última vez que lo fue a ver estaba molesto y degustaba intranquilo porque una cuadrilla de los pelaos que viven cerca de la casa donde cuidan al viejito enfermo, le habían botado el matamoscas, instrumento que siempre lo acompañaba y que nunca faltaba en su mesa como si se tratase de un machete para un peón corta caña.

Hace dos semanas que el teniente retirado Oliver Smith me habló de un curioso anciano desdentado que todos los días a la una de la tarde se comía un pollo entero asado, y que la última vez que lo fue a ver estaba molesto y degustaba intranquilo porque una cuadrilla de los pelaos que viven cerca de la casa donde cuidan al viejito enfermo, le habían botado el matamoscas, instrumento que siempre lo acompañaba y que nunca faltaba en su mesa como si se tratase de un machete para un peón corta caña.

Oliver me insistió tanto y me dijo que no desmayara que si no lo veía en el villorrio Palo verde de Antón, seguramente estaría en la cabecera del distrito camino al ciruelo. Así que me alisté y me fui a ver al mentado señor “bocacho” que se comía todas las tardes un pollo asado el solito y les cuento, que de las observaciones que más he gozado en mi vida (sin burlarme, pues para situaciones parecidas vamos todos) están las maravillosas expresiones de alegría que invadían el rostro del anciano, no mientras trituraba los huesos del pollo que lo hacía con la fruición de una orca, si no cuando lograba matar a una mosca, avispa o zagaño que se presentara sin invitación al festín de su pollo.

Antes de saludarlo me acomodé en un taburete simulando leer el móvil para apreciarlo mejor y estando en eso me fijé en una cosa que no me dijo el teniente retirado Oliver Smith, que el viejo ya había cumplido los 100 años y además estaba muy mal cuidado, pues además de pelón, de los cuencos de la nariz y las orejas le salían mechas de pelos tan gruesas como los bigotes de nuestro civilizador Belisario Porras, y mantenía las uñas muy largas y sucias de los pies había perdido casi la mitad de ellas y las que quedaban estaban cubiertas por un hongo cruel e invasor convertido en gruesos cayos que no le permitían usar zapatos. ¿De donde viene ud? me preguntó sonriente y con voz clara ¿Sabe acaso cuántas clases de moscas existen en Panamá? No me lo imaginaba, así que le busqué en internet y en el mundo viven más de 110 mil especies de estas veloces e impertinentes visitantes y, aquí en Panamá hay creó que más que en cualquier otro lugar, el súper adulto no habló más y se limitó a mirarme y a sonreir hasta que me despedí con un hasta pronto.

Entonces, hablando acá entre nosotros a guisa de los kunas (Kuna-Kuna significa hablar entre nosotros). Cuando un anciano se ve obligado a postrarse en una mecedora desde que amanece hasta que pase el último loro por el portal de su albergue, lo más seguro es que los “matasanos” en contubernio con ciertas ONGs, los gobiernos y los mismos familiares, le hayan prohibido desde fumar, hasta comer y tomar lo que más a degustado en su vida, además de cercenarle el 90% de la libertad de expresión, el silbar, rascarse la cabeza, decir piropos y hasta dejarlos sin dientes. De manera que sería justo que cada abuelo que este sedentario por obligación contase con dos matamoscas entre sus más apreciadas pertenencias. Dice la gente que es muy saludable el estar ocupado en alguna actividad positiva y el matar insectos no será tan lucrativo pero si entretenido.

Ahora cada vez que voy a visitar al viejo mal cuidado, me encuentro con algún invento nuevo de su propia cosecha, hace poco se consiguió una tablita de un pie cuadrado para colocar en ella pequeños restos de su comida y algunas cáscaras de frutas como atractivo para las moscas. La última vez que me presenté le llevé dos matamoscas, mientras que él me tenía en un plástico una hilera de cadáveres de estos dípteros para que le investigara de dónde vienen las moscas verdes, las azules, las negras, las negritas pequeñas y los grandes moscardones brillantes como esmeraldas. Cuando sea grande construiré un gran asilo para los viejos que se llamará el cementerio de los elefantes.

Economista, escritor costumbrista