26 de Sep de 2022

Columnistas

El capitalismo y la sífilis

El siglo XXI nos ha enseñado que si se quiere cambiar el sistema capitalista, hay que hacerlo desde adentro, reconstruir sus pilares y redistribuir equitativamente las riquezas.

El siglo XXI nos ha enseñado que si se quiere cambiar el sistema capitalista, hay que hacerlo desde adentro, reconstruir sus pilares y redistribuir equitativamente las riquezas. No podemos seguir sosteniendo un sistema económico que aumenta la brecha entre ricos y pobres, que aumenta la pobreza y cierra su círculo de billonarios que regulan, a nivel global, las fuerzas del mercado, en su expresión neoliberal, acentuando hoy la sobre explotación minera (oro, plata, platino, diamantes, petróleo, gas natural, hierro, cobre, plomo, aluminio, magnesio, coltán.) acabando con el medio ambiente, explotando la deuda externa o el financiamiento mundial, el narcotráfico y con el poder total en los medios masivos de comunicación y en los sistemas de información sistematizada global.

Hoy es corriente expresar que el sistema capitalista tiene que cambiar, llevarlo a nuevas propuestas como, el capitalismo progresista (Joseph Stiglitz), al Nuevo Trato Verde (Alexandria Ocasio), a la democracia económica (Joe Guinan y Martin O'Neill) o finalmente Socialismo Participativo (Thomas Piketty). Lo cierto es que herido, enfermo y cojeando, es el único sistema económico que rige al mundo; se estima que 1,000 empresas controlan el 73% del Producto Interno Bruto del mundo, pero aun así hay variantes como China y Rusia que rompe el liderazgo norteamericano y homogenizan el poder económico global. Obviamente, los norteamericanos unidos a sus lacayos europeos de la OTAN, tratan de intimidar a Rusia y regular el avance chino en Latinoamérica.

Como dice el expresidente uruguayo, José “Pepe” Mujica, “hay enfermedades que son inteligentes, la sífilis, nunca mata a la víctima, porque si mata a la víctima no tiene de que vivir, la sífilis y el capitalismo, ambas son enfermedades, la sífilis es evitable, el capitalismo por ahora no es evitable, hay que funcionar con él”. Aduce que, si se llega al poder y se quiere repartir más, exprimo demasiado y tengo menos para repartir.

La sociedad reclama una economía más inclusiva, menos explotadora y menos destructiva con el planeta. Los candidatos con plataformas de izquierda han logrado fuertes victorias en Latinoamérica, región con duras dificultades económicas y con una desigualdad que va en aumento. Los triunfadores asumen un discurso donde se comprometen a hacer una distribución más equitativa de las riquezas, mejorar los servicios públicos, educación, salud y redes de seguridad social, acabar con la corrupción y el despotismo de los gobiernos de derecha. Estos gobiernos progresistas deben continuar su período gubernamental, por lo menos dos períodos más, para lograr sus objetivos. De lo contrario serán excluidos por la extrema derecha, asesinados, derrocados o juzgados por delitos ensamblados por la oposición.

Como ejemplo real y viviente tenemos los gobiernos de Pedro Castillo en Perú, Manuel López Obrador de México, Xiomara Castro de Honduras, Gabriel Boric de Chile, Alberto Fernández de Argentina, Gustavo Petro de Colombia y con la posible victoria de Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil, todos de tendencia izquierdista, que entendieron que se puede llegar al poder político a través de elecciones dentro del propio sistema capitalista; no ya a través de los movimientos insurgentes, sino con votos ganados en las calles y representativos de las grandes masas desprotegidas de la nación.

Cuál es el secreto de estos nuevos líderes populares, hacer suyas las protestas del pueblo, sin coacción ideológica o partidista, simplemente ser parte activa de tales protestas populares, cerrando calles y enfrentando la represión. Ser voceros de la inequidad y desigualdad social en que viven las grandes mayorías de la población. Ser enemigo de la corrupción, del neoliberalismo, del nepotismo y del clientelismo político. Defender mejores niveles de bienestar social para los desposeídos, buscar mejor redistribución de las riquezas, buscar mayor atención de salud, seguridad y educación.

Tal como lo dijo López Obrador el día de su posesión. “El Estado dejará de ser un comité al servicio de una minoría y representará a todos los mexicanos, a ricos y pobres”. Hoy nuestros pueblos tienen un sentido más agudo de lo que el Estado partícipe en un esfuerzo redistributivo y en seria prestación de servicios públicos.

Es el momento del cambio en Panamá, después de 30 años de pseudodemocracia, las fuerzas populares tratan de encontrar sus verdaderos líderes populares en las protestas permanentes o en la mesa de diálogos.

Economista