26 de Sep de 2022

Columnistas

La Mesa del Diálogo

Entre muchos comentaristas he escuchado que la mejor práctica democrática de un pueblo es sentarse a dialogar cuando hay un problema que resolver que involucre a los integrantes de una patria.

Entre muchos comentaristas he escuchado que la mejor práctica democrática de un pueblo es sentarse a dialogar cuando hay un problema que resolver que involucre a los integrantes de una patria. El gobierno tiene una cuña en la radio que dice incluso que no importa si las ideas son radicales, lo importante es dialogar en paz.

Pero al parecer esto no se da por la condición 'sine qua non', sino porque surge un alboroto que crea situaciones no democráticas difíciles como los cierre de calles, crisis económicas y violencia entre la policía y los ciudadanos, y muchas penas más, que es entonces cuando los gobiernos se acuerdan de que hay que dialogar, y eso si tienen la disposición, si no acusan a los huelguistas de bandoleros, y solucionan el problema con la violencia policial; pero si tienen la disposición, entonces el diálogo se convoca para echarle la culpa del caos a los huelguistas, calificándolos de izquierdistas y acusándolos de afectar a terceros, un argumento que muchas veces se convierte en hipócrita, porque esos terceros también son perjudicados por las causas que motivan los cierres de calles, y son beneficiados cuando se solucionan los problemas (incluso los propios policías que reprimen). Y otras veces los terceros son aquellos que hacen ganancias esplendorosas con el sufrimiento de los huelguistas y las causas que motivan ese sufrimiento.

Pero en el fondo el diálogo parece más una irresponsabilidad que una fraternidad por varias razones: primero porque se supone que el gobierno es un grupo de personas que anduvo pidiéndole a la población que votaran por ellos en “democracia”, para solucionar los problemas presentes y futuros que les aquejan a la ciudadanía, segundo porque la gente que gana el gobierno asume la responsabilidad constitucional y moral de solucionar los problemas sin que se les pida; y tercero porque no se entiende qué se va a dialogar, cuando es obligación del gobierno atender y solucionar los problemas que se les plantea; incluso deben hacerlo antes de que se presente el alboroto. Es un absurdo que yo como profesor llame a los estudiantes a dialogar sobre la obligación que tengo de enseñarles bien.

Dialogar sobre los problemas después que se ha formado el alboroto es una burla a la gente que votó por ellos y es una afrenta contra los principios de la democracia; pero lo más ridículo que he escuchado de la mesa del diálogo, es que se va a dialogar sobre la corrupción; es decir, yo soy corrupto, pero voy a dialogar con los afectados para ver cómo no hago sentir los efectos de mi corrupción.

Luego se añade otro problema: hay grupos sociales que nunca luchan por nada; y lo que más les preocupa son los comunistas, pero tienen un nivel de influencia en la sociedad y en la economía del país, que los hace en cierto grado poderoso; no tienen nada que dialogar y probablemente lo que harían es entorpecer; pero quieren entrar en la mesa del diálogo que ellos no promovieron, pienso que sólo conseguirían ningún resultado y más complicaciones.

Pues bien, mi humilde opinión es que esa mesa debe terminarse. El gobierno tiene la obligación constitucional y moral de solucionar los problemas antes de que se conviertan en violencia y no estar haciendo mesas para burlarse de la sociedad.

Profesor y Abogado