30 de Nov de 2022

Columnistas

Cleptocracia panameña

“Este es mi país y no está en venta, como canta alguien por ahí. Necesita reformas al sistema de Gobierno, acabar con la cleptocracia y tener buenos gobernantes”

Tales de Mileto, primer filósofo de la antigua Grecia y, en mi opinión, también de la civilización occidental, definió crematística como “el arte de hacerse rico”. Lo cual consiguió. Por su parte, Aristóteles distingue entre crematística doméstica y comercial o de cambio. Esta última tiene como objeto el dinero y para él la acumulación de dinero en sí es una actividad contra la naturaleza que deshumaniza a quienes se dedican a ello. Sostiene Aristóteles que la naturaleza no hace las cosas con mezquindad, sino que hace una cosa para cada fin y hay peligro de que la crematística comercial pueda emplearse para convertir en moneda todo lo que toca. Creo que es uno de los grandes problemas de toda la humanidad, tanto de occidente como de oriente, debatido a lo largo y ancho del pensamiento universal. Miguel Alfonso Martínez Echeverría y Ortega de la Universidad de Navarra tiene un exhaustivo estudio al respecto.

Por nuestra parte, los panameños estamos inmersos en esa problemática del becerro de oro, identificada con su nombre de pila: corrupción. Escribo estos trazos con tristeza y enojo. Frustración, porque creímos que todo sería diferente en la Segunda República, sin enclave, sin soldados ni bases extranjeras y el Canal en nuestras manos. Por eso luchamos. Lleno de impotencia para cambiar las cosas ahora. La corrupción es un mal endémico, nacional, individual y de clases, “quid pro quo” entre los de arriba con los de abajo, en jerga mexicana.

Pedro Rivera, poeta mayor, agrega una radiografía psicosocial del país.

“[...], los panameños estamos inmersos en esa problemática del becerro de oro, identificada con su nombre de pila: corrupción”

“En este tiempo, como consecuencia del nivel de escolaridad y condicionantes cognitivos-manipulados, en un ámbito dominado por el mercado, por la sociedad de consumo, por las tarjetas de crédito, por la idea subconsciente de “qué bueno era este país cuando estaban los gringos”, de la mente asustadiza de las capas medias y proletarias aburguesadas, con mentalidad de clientela, imbuidas de la idea de que el sistema les permitiría no sólo salir de la pobreza sino de hacerse ricos”. Este es el escenario actual que describe el poeta. Vigente desde el 31 de diciembre de 1999 que nació la Segunda República, ni tan diferente del que vivimos desde el 3 de noviembre de 1903 cuando se creó la primera. Desde entonces hasta ahora el Estado republicano panameño ha sido cleptocrático, con un “sistema de gobierno en el que prima el interés por el enriquecimiento propio a costa de los bienes públicos”.

Ojalá no fuera así. Pero así es. Los tres poderes del Estado, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, están carcomidos de escándalos de corrupción. El cuarto poder, para mí, la fuerza pública; llámese policía o como se llame “siempre que tenga las armas en sus manos”, también es objeto de corrupción. Sobre lo que aprovecho la ocasión para sostener que el jefe de toda la fuerza pública debe ser parte del gabinete, aunque con derecho a voz, pero no a voto, para suavizar el asunto. Se dirá que no todo el mundo es corrupto. Es verdad, estoy de acuerdo. Escribo en función de la corrupción que hay, no de la que no hay. La prensa, “quinto poder, a mi parecer”, escrita, radial, televisiva da cuenta a diario de la situación descrita.

Ni qué decir de la corrupción en el sector empresarial. También con sus excepciones, pero tan grande como la gubernamental. Ambos, Gobierno y empresarios hacen de la sociedad y su gente un gran mercado de subastas, donde todo se vende y se compra. Otra vez Mario Benedetti, “vivimos no solo la globalización de la economía sino también de la vulgarización y la corrupción”.

“Ni qué decir de la corrupción en el sector empresarial. También con sus excepciones, pero tan grande como la gubernamental”

Solo avanzaremos en el combate a la corrupción si acabamos con la impunidad en todos sus niveles. Desde el más alto, donde hoy nos brinda el espectáculo de dos expresidentes de la República llamados a juicio por corrupción, cereza del pastel; hasta el más bajo donde un humilde trabajador pierde la vida por la salvaje agresión de un conductor de bus que le cobró más de la tarifa correcta y él se negó pagarla. Este es mi país y no está en venta, como canta alguien por ahí. Necesita reformas al sistema de Gobierno, acabar con la cleptocracia y tener buenos gobernantes. Eso es.

Profesor de Filosofía, ensayista.