• 08/09/2015 02:01

De asesinos y pandillas

La vida de un pandillero no es de rosas, es vivir expuesto a la Ley, a sus adversarios, a sus enemigos y pandillas rivales 

Nuestra sociedad se estremece prácticamente todas las semanas con los casos de asesinatos a sangre fría de parte de pandilleros, delincuentes y hasta menores de edad. Culpar a la Policía de falta de seguridad es absurdo ni pueden haber unidades en todas las esquinas ni podemos pretender que lleguen al lugar de los hechos antes que se consume el delito. Ahora bien, muchos creemos que miembros de la Policía están involucrados en muchos casos, engatusados por el dinero fácil que el delito promete, pero todavía, creo yo, la mayoría es honesta y dedicada.

Pero, ¿cómo acabar con la ola de asesinatos? Mi primera reacción es pensar en penas que le hagan pensar dos veces antes de delinquir, como cadena perpetua por homicidios, violaciones y narcotráfico, en ausencia de la pena de muerte que pareciera que nuestra sociedad no lo avalaría. De igual manera, no distinguiría por edad entre los delincuentes, juzgo menores como adultos en delitos mayores, si tiene edad para matar, tiene edad para ir a prisión por 30 años o más.

Otra cosa que no me hace sentido es que las autoridades dicen saber de las más de 200 pandillas en el país, entonces, ¿por qué no los arrestamos a todos por pandillerismo? Sé que tampoco lo haremos, por eso les brindo otra idea. Hagamos un llamado a las pandillas, sicarios y cuantos hayan delinquido en los últimos 10 años sin haber sido capturados a una gran reunión para establecer un pacto social nuevo con ellos.

Proponer que de el momento que acepten en adelante, no matarán ni usarán armas de fuego en robos ni secuestros, a cambio se declara una amnistía general hacia atrás. Si logramos un acuerdo con las pandillas y sicarios de parar esta política de violencia, Panamá volverá a ser un país pacífico y habitable. Vuelvan a los robos en casas, autos, comercios, de noche, sin usar violencia.

Creo que hemos llegado a un punto donde quizá es imposible negociar con ellos, el plan de resocializarlos no ha llegado muy lejos, creo es necesario una serie de reuniones con líderes de pandillas que expongan sus deseos y ver si podemos llegar a compromisos a cambio de disminuir, por no decir eliminar, la violencia. Yo puedo comprender la frustración de pandilleros, que mantienen actividades delictivas y quizá neto les quedan unos miles de dólares mensuales (no incluyo a los de narcotráfico) cuando ven funcionarios que robaron millones en el Gobierno pasado (eso sí, sin armas ni violencia). Pero aquí lo que todos queremos reducir y eliminar es la violencia, que puedas ir a un centro comercial, sin miedo a morir en un asalto, o a la playa, sin temer un secuestro.

Todo es negociar. Una pandilla podría desarmarse, si la pandilla enemiga hace lo propio y a cambio quizá recibir un indulto a sus miembros presos. La vida es demasiado bella para vivirla en la zozobra del temor y el constante cuido que estos pandilleros tienen que tener aún en sus barrios controlados. La vida de un pandillero no es de rosas, es vivir expuesto a la Ley, a sus adversarios, a sus enemigos y pandillas rivales. En cualquier lugar y momento pueden caer abatidos por balas enemigas.

Creo que es hora de abrir una puerta por la que todos puedan pasar y volver a la vida ciudadana normal, aunque continúen con hurtos y robos, pero sin violencia. Pero, si no aceptan un periodo de diálogo para buscar acuerdos con la sociedad, entonces insistiré en el aumento de penas, en la igualdad de trato sin distingo de edad, en cárceles que no sean como hotel de descanso desde donde siguen dirigiendo sus pandillas.

Por muchos años la Policía de Londres estaba desarmada, pero igual los delincuentes no portaban ni usaban armas. Quizá es tarde para iniciar un proceso similar, pero, al menos, debemos tratar por negociación de reducir la extrema violencia que hoy vivimos. No es cuestión ni de estadísticas ni de percepción, es la realidad de todo un pueblo asustado y atemorizado por la cantidad de pandillas, pandilleros, secuestradores y sicarios que hay. El Gobierno podrá hacer todas las proyecciones, todos los discursos, pero el panameño hoy teme salir de noche, teme ir a restaurantes y va con aprensión a los centros comerciales.

Yo recuerdo años atrás que había tanda de medianoche en algunos teatros, hoy ni loco iría yo a una función a esa hora. Si, para colmos, hasta los retenes de policías en la noche nos asustan.

ANALISTA POLÍTICO.

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‘El Gobierno podrá hacer todas las proyecciones, ... pero el panameño hoy teme salir de noche, teme ir a restaurantes y va con aprensión a los centros comerciales'

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