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Agrega La Estrella en Google ↗️El proceso de participación ciudadana para hacer realidad el proyecto de una nueva Constitución, para con y de todos los panameños, sigue en pie y avanzando. El calendario con el que se señaló, desde el inicio, la alfabetización constitucional, se ha implementado, “sin prisa, pero sin pausa”. No se ha forzado el proyecto de golpe para evitar así cualquier forma de parálisis política.
Se optó, y así se ha desarrollado a la fecha, por una hoja de ruta extendida que culminará con una nueva Carta Magna, la cual está proyectada para entrar en vigencia a inicios del año 2029.
La “Alfabetización Constitucional” encontró y tiene su principal fortaleza en que, con la participación ciudadana, se ha transformado en un programa pedagógico de alcance nacional.
Al dictar charlas, conferencias, conversatorios, seminarios, coloquios, foros, cabildos y talleres continuos a la población, servidores públicos , gremios, escuelas y universidades públicas y particulares , el proyecto va generando concertación desde las bases sociales antes de proponer un articulado definitivo.
El proyecto constituyente cuenta con el respaldo directo, sin injerencia alguna, del presidente José Raúl Mulino Quintero, quien sostiene de manera consistente que el sistema político panameño colapsó y requiere una refundación que rompa el tradicional statu quo.
Al ser conducido, conceptualmente, por una secretaría presidencial y no por la Asamblea Nacional de forma directa, se blinda de las disputas innediatas de poder que congelan otros anteproyectos de ley.
Ante la “resistencia institucional” de algunos, he advertido públicamente la falta de respaldo institucional externo, señalando directamente al Tribunal Electoral como un obstáculo importante en el camino hacia la integración de este proceso de participación ciudadana y de pleno ejercicio del poder constituyente.
El dilema jurídico de la convocatoria o gran reto técnico radica (sin duda), en cómo se ejecutará legalmente la misma. Al buscar la participación ciudadana en el ejercicio de su poder constituyente originario, sectores tradicionales de la política y la empresa privada temen una inestabilidad jurídica transitoria. Aunque el cambio constitucional camine por su cuenta, la pérdida de capital político del gobierno en otras áreas complejas (como las reformas a la Caja de Seguro Social (CSS) o el descontento sindical), puede restarle fuerza ciudadana cuando llegue el momento de votar por los constituyentes.
Ante el riesgo de manipulación partidista, el escepticismo de la sociedad civil se centra en evitar que los 51 constituyentes ideales terminen siendo elegidos “a dedo” o respondan exclusivamente a las élites económicas y políticas de turno, desvirtuando el carácter democrático y popular del proceso.
Quienes hoy intentan reducir la Constituyente Originaria a una simple improvisación jurídica o a un capricho político del momento, pecan de una ceguera histórica imperdonable. No entienden nada.
Esto no es un antojo coyuntural: es el grito de una resistencia cívica viva. Es la misma bandera de dignidad que, junto a miles de panameños, hemos levantado en las calles, en las aulas y en las plazas públicas desde hace más de cincuenta años.
Cada página de esta propuesta ha sido parida con la tinta del esfuerzo, la coherencia de una estructura técnica impecable y el sudor de quienes jamás se vendieron al statu quo. Que lo sepan bien los incrédulos y los acomodados del sistema: la Constituyente Originaria ya no les pertenece a las élites ni a los escritorios oficiales. Hoy tiene su estatus más sagrado sembrado en el corazón, en la piel y en la esperanza irreductible de cada panameño por nacimiento, de cada naturalizado que adoptó este suelo y de cada extranjero que trabaja y sueña con nosotros.
No es una utopía lejana: es la única ruta legítima y soberana para extirpar la corrupción y la pavorosa impunidad y, poder resolver los problemas estructurales que desangran a nuestra Patria.
¡La Constituyente no se negocia, se defiende; porque el futuro de Panamá se escribe con la participación ciudadana y el poder del pueblo o no se escribirá jamás!