• 07/08/2026 00:00

Temporada de avistamiento de cetáceos en Panamá

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Cada año, miles de kilómetros de océano son recorridos por las ballenas jorobadas para llegar a las cálidas aguas de Panamá, donde encuentran un lugar propicio para reproducirse y dar a luz a sus crías. Este extraordinario viaje, considerado una de las migraciones más largas del reino animal, también representa una oportunidad para impulsar el turismo sostenible, fortalecer las economías costeras y promover la conservación de nuestros mares.

El avistamiento de cetáceos es una actividad turística que atrae cada año a miles de personas alrededor del mundo interesadas en observar ballenas y delfines en su hábitat natural. Esta práctica surgió en Estados Unidos durante la década de 1950 y comenzó a desarrollarse en América Latina en los años ochenta, impulsada en gran medida por la creación de áreas marinas protegidas. Sin embargo, fue a partir de mediados de la década del 2000 cuando experimentó un crecimiento significativo tanto en la demanda como en la oferta de recorridos especializados.

En Panamá, el avistamiento de cetáceos ha cobrado especial relevancia durante las últimas dos décadas gracias a la llegada anual de las ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae), cuya migración convierte a nuestras costas en un escenario privilegiado para el turismo de naturaleza. Esta actividad representa una importante fuente de ingresos para comunidades costeras y operadores turísticos de la vertiente del Pacífico.

A las aguas panameñas llegan dos poblaciones diferentes de ballenas jorobadas en distintos momentos del año. La población del Pacífico Sur, conocida por la Comisión Ballenera Internacional (CBI) como el “Stock G”, que migra entre julio y octubre; y la población del Pacífico Norte, reconocida por CBI como el “Segmento de Población Discreto (DPS) de América Central”, se encuentra entre diciembre y marzo, principalmente en las aguas del Golfo de Chiriquí, que constituye el límite más austral de su distribución.

Ambas poblaciones utilizan las aguas panameñas para desarrollar actividades fundamentales de su ciclo reproductivo, como el cortejo, el apareamiento y el nacimiento de las crías. Este hecho reviste especial importancia, ya que estudios genéticos han encontrado que individuos de ambas poblaciones coinciden en el Golfo de Chiriquí lo que permite la reproducción entre las dos poblaciones, favoreciendo el intercambio genético y aumentando la diversidad de la especie. Este conocimiento tiene implicaciones directas para el diseño de estrategias de conservación y manejo de las poblaciones de las ballenas jorobadas. Además de las ballenas, Panamá ofrece excelentes oportunidades para observar diversas especies de delfines. Entre las más frecuentes destacan el delfín nariz de botella (Tursiops truncatus) y el delfín manchado pantropical (Stenella attenuata), presentes tanto en el Caribe como en el Pacífico panameño.

El crecimiento de esta actividad representa una valiosa oportunidad para fortalecer las economías locales; sin embargo, también implica una gran responsabilidad. Las malas prácticas durante el avistamiento pueden alterar el comportamiento natural de ballenas y delfines, afectando procesos esenciales como la alimentación, el descanso, la comunicación y la reproducción.

Por ello, es fundamental que quienes deseen vivir esta experiencia elijan operadores turísticos y capitanes debidamente capacitados en buenas prácticas para su observación. De esta manera, los visitantes contribuyen al desarrollo de un turismo responsable que beneficia a las comunidades costeras sin comprometer el bienestar de estos mamíferos marinos.

En Panamá existen diversos destinos para el avistamiento de cetáceos. En el Pacífico sobresalen el Golfo de Chiriquí, el Parque Nacional Coiba, Pedasí y el Archipiélago de Las Perlas. En el Caribe, Bocas del Toro es reconocido por sus recorridos para observar delfines residentes, ya que las ballenas jorobadas no utilizan las aguas caribeñas panameñas durante sus migraciones.

En muchas de estas localidades, los operadores han recibido capacitación de instituciones como la Universidad Marítima Internacional de Panamá (UMIP), el Ministerio de Ambiente, la Fundación Panacetacea y la Fundación MarViva. Gracias a estos esfuerzos es posible ofrecer experiencias de alta calidad que promueven la conservación de los cetáceos y garantizan que las futuras generaciones también puedan disfrutar de este extraordinario patrimonio natural.

La temporada de avistamiento de cetáceos no solo representa una oportunidad para admirar uno de los espectáculos más impresionantes de la naturaleza, sino también un recordatorio de la responsabilidad compartida que tenemos de proteger los ecosistemas marinos. Un turismo bien manejado puede convertirse en una poderosa herramienta de conservación, capaz de generar desarrollo económico mientras contribuye a preservar las ballenas y delfines que encuentran en Panamá un refugio esencial para su supervivencia.

* El autor es biólogo marino e investigador especializado en ecología y conservación de mamíferos marinos.
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