• 03/10/2026 00:00

El camino hacia la separación: Panamá en septiembre y octubre de 1903

El 3 de noviembre de 1903 no surgió de un impulso repentino, fue el resultado de decisiones políticas, contactos discretos y preparativos realizados durante las semanas anteriores. Para comprender la separación de Panamá de Colombia hay que mirar, especialmente, lo que ocurrió en septiembre y octubre: allí se pasó del descontento a la organización de un movimiento capaz de actuar.

El rechazo del Tratado Herrán-Hay por el Senado colombiano, en agosto de 1903, había cambiado las perspectivas del istmo, el acuerdo habría permitido a Estados Unidos construir un canal por Panamá. Para quienes veían en esa obra una oportunidad decisiva, su rechazo aumentó el temor de que la ruta canalera se trasladara a Nicaragua. También profundizó una inconformidad anterior: la percepción de que las decisiones sobre el futuro panameño se tomaban lejos del territorio y sin atender sus intereses reales.

Durante septiembre, José Agustín Arango comenzó a articular en secreto a quienes estaban dispuestos a impulsar la separación, la tarea exigía más que compartir una aspiración. Había que reunir personas de confianza, mantener la discreción y calcular cómo responderían las autoridades colombianas. Manuel Amador Guerrero asumió una misión especialmente delicada: viajar a Estados Unidos para buscar apoyo y establecer contactos relacionados con el proyecto del canal.

Ese viaje muestra que la separación se preparaba en dos escenarios a la vez. En Panamá se formaba una red política y se examinaban las posibilidades de actuar sobre el terreno. En Estados Unidos se buscaba conocer si el movimiento tendría respaldo frente a una reacción de Colombia. Las gestiones de Amador Guerrero incluyeron contactos con figuras vinculadas a los intereses canaleros, entre ellas Philippe Bunau-Varilla. Sus objetivos no eran idénticos a los de los dirigentes panameños, pero coincidían en la urgencia de asegurar la construcción del canal por el istmo, y vaya que logró convencer a los estadounidenses.

Octubre fue el mes de las definiciones. Amador permaneció en Estados Unidos mientras avanzaban las conversaciones y se precisaban compromisos. Partió de Nueva York el 20 de octubre y regresó a Panamá el 27. Su retorno permitió transmitir personalmente lo conversado y acelerar las reuniones entre los organizadores. Ya no bastaba con considerar la separación deseable: había que decidir quiénes participarían, cómo se coordinarían y en qué momento podrían actuar.

Una de las cuestiones más difíciles era la posición de la fuerza militar colombiana destacada en Panamá. Los conspiradores necesitaban evitar que el movimiento fuese sofocado antes de proclamarse. Por ello, buscar el apoyo del general Esteban Huertas se convirtió en una pieza esencial de los preparativos, el general tenía esposa e hijas nacidas en Panamá. Al mismo tiempo, cualquier movimiento de tropas enviadas desde Colombia podía precipitar los acontecimientos, la posibilidad de una respuesta militar obligaba a medir los tiempos con cuidado.

En el libro “El país creado por Wall Street: la historia no contada de Panamá”, del año 2003, el autor panameño Ovidio Díaz deja algunas informaciones interesantes sobre las maquinaciones hechas desde Wall Street que incluyeron sobornos a políticos y militares colombianos, tales como el general Esteban Huertas, para que no se enviaran tropas a detener la independencia del departamento de Panamá. Esto haciendo referencia que la separación de Colombia se logró sin disputas bélicas directas; aunque si fue una consecuencia indirecta de la Guerra de los Mil Días.

Estas gestiones revelan la complejidad de aquellas semanas. La iniciativa de los dirigentes istmeños fue real, como también lo fueron los intereses de Estados Unidos en el canal, sin duda aprovecharían la coyuntura. Reducir la historia a uno solo de esos elementos impide entender por qué los planes avanzaron con tanta rapidez tras el rechazo del tratado. Hubo organización local, negociaciones externas y una situación internacional que ofrecía una oportunidad, pero también imponía condiciones.

Al terminar octubre, todavía no se había proclamado la nueva república. Sin embargo, las principales piezas estaban colocadas: existía un núcleo dirigente, se habían sostenido contactos en Estados Unidos y se trabajaba para asegurar respaldo dentro del istmo. La separación seguía siendo una apuesta de alto riesgo, no un desenlace garantizado.

Por eso, al recordar noviembre de 1903, conviene mirar también los dos meses que lo precedieron. Septiembre fue el tiempo de construir la conspiración; octubre, el de convertirla en una operación concreta. El 3 de noviembre sería la fecha visible de una decisión preparada mediante viajes, reuniones, acuerdos y cálculos políticos que transformaron el destino de Panamá.

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