• 03/10/2026 00:00

Panamá entre dos océanos y un clima cambiante, su impacto en la economía

En Panamá, hablar del océano no es hablar de un paisaje lejano. Es hablar del Canal, de los puertos, de la pesca, del turismo, de las costas, de las telecomunicaciones y de buena parte del comercio que sostiene la economía. Cuando cambian las condiciones del mar y del clima, sus efectos pueden sentirse en rutas marítimas, precios, disponibilidad de alimentos, inversiones y empleo.

La economía oceánica mundial generó alrededor de 2,6 billones de dólares en 2020 y la OCDE proyecta que podría alcanzar 5,1 billones en 2050 si continúan las tendencias históricas. Alrededor del 90 % del comercio mundial suele asociarse al transporte marítimo; UNCTAD sitúa actualmente en más del 80 % la proporción de mercancías movidas por mar, medida por volumen. En Panamá, esa dependencia tiene una expresión directa: el Canal conecta las principales rutas entre el Atlántico y el Pacífico y su funcionamiento depende de la disponibilidad de agua en los embalses Gatún y Alhajuela.

El fenómeno de El Niño de 2026 añade presión a ese sistema. NOAA informó en septiembre que El Niño continúa fortaleciéndose y que existe más de 90 % de probabilidad de que alcance una intensidad muy fuerte durante el invierno del hemisferio norte 2026-2027. Los modelos indican que seguirá fortaleciéndose hacia finales de 2026 y que luego comenzará a debilitarse gradualmente durante 2027.

Para Panamá, el vínculo más visible está en el agua. La Autoridad del Canal ha informado que la temporada lluviosa de 2026 presenta precipitaciones por debajo de lo esperado asociadas a El Niño. Esto ya ha obligado a reducir tránsitos diarios y ajustar el calado de buques neopanamax de acuerdo con los niveles del lago Gatún. El precedente de 2023 mostró el alcance del problema: ese año fue el tercero más seco registrado en la cuenca del Canal y el déficit de lluvias se acercó al 30 %.

Las consecuencias no terminan en la vía interoceánica. Los puertos del Caribe y del Pacífico también dependen de condiciones seguras de navegación, infraestructura resistente y conexiones logísticas estables. Un clima más extremo puede elevar costos operativos, afectar accesos, aumentar necesidades de mantenimiento y alterar itinerarios. Para un país cuya posición geográfica es parte central de su modelo económico, estas variaciones tienen efectos que trascienden el sector marítimo.

La pesca también enfrenta cambios. El calentamiento del océano puede modificar la distribución de especies y afectar temporadas de captura. En turismo, la erosión costera, las temperaturas marinas elevadas y el deterioro de arrecifes pueden reducir el atractivo y aumentar el costo de proteger infraestructura. Las telecomunicaciones tampoco están al margen: los cables submarinos y sus estaciones de llegada requieren protección frente a inundaciones y erosión costera.

También surgen oportunidades. Panamá puede fortalecer sistemas de monitoreo oceánico, infraestructura portuaria resiliente, gestión hídrica, planificación costera, pesca adaptativa y proyectos de energía marina. Estas inversiones reducen vulnerabilidades y pueden mejorar la capacidad del país para operar bajo condiciones climáticas más variables.

La Declaración Política adoptada por la Asamblea General de la ONU sobre el aumento del nivel del mar, en septiembre de 2026, plantea incorporar este riesgo en la planificación y en las decisiones relacionadas con infraestructura costera.

Para Panamá, el mensaje es concreto. El Niño y el cambio climático influyen sobre el agua, el comercio, la pesca, las costas y la infraestructura. Los próximos meses mostrarán con mayor claridad esa relación y la capacidad del país para anticiparse, adaptarse y proteger actividades que dependen directamente del océano.

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