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- 09/06/2009 02:00
Las lecciones (II)
Luego de cuarenta años el cuerpo empresarial del país asumirá de forma directa la administración del poder del Estado. Durante ese período había delegado en fuerzas políticas encabezadas por las capas medias, llámese civiles o militares, ese papel. Eso permitió cierta autonomía política y amplió los espacios de participación de bloques sociales que antes de 1968 se encontraban marginados o hacían fila en los grupos contestatarios que en ese entonces se denominaban movimientos antioligárquicos.
Hasta la invasión del 89, esas capas medias, encabezaron un proyecto de perfeccionamiento de nuestra independencia e impulsaron un programa de transformaciones dentro del marco del sistema. A la sombra de esa realidad el mundo empresarial creció, se diversificó y se renovó siguiendo el ritmo de lo que ocurría a nivel internacional.
Ese proceso incrementó aún más la beligerancia de las capas medias en el escenario político, sobre todo durante la gestión del general Torrijos, mientras el mundo empresarial hacia lo que su naturaleza le obliga, maximizar sus ganancias. Pero los escenarios han cambiado demasiado y las capas medias fueron paulatinamente debilitando su autonomía política con respecto a ese bloque social.
Luego de la invasión, que coincide con la caída del muro de Berlín, y el ascenso internacional de fuerzas conservadoras, el mundo político de las capas medias se fue reduciendo y subordinando.
El último intento de mantener esa autonomía se produce con la victoria electoral de Martín Torrijos y su proclama de mayor justicia social, de participación y oportunidades para los más amplios sectores de las capas medias. Al pasar de los años, la diferenciación política se fue perdiendo y aunque se hicieron serios intentos por consolidar esa experiencia, al final del período, ese gobierno quedó atrapado en las redes del sistema y no pudo convencer a la sociedad que ese era el camino viable para preservar la agenda social del país.
Menos pudimos demostrarlo con la propuesta electoral presentada por el PRD en mayo. Estábamos desfasados, incoherentes, mostrando graves retrasos, en el manejo de esa tolerada delegación del poder político, sin ninguna capacidad de articular una amplia alianza con ese bloque social, al extremo que el sector empresarial moderno pudo convencer a la sociedad que ya no había necesidad de mantener ese mecanismo de administración del Estado. Las primeras en quedar subordinadas a ese discurso fueron precisamente las poderosas capas medias del país, que ya no se sentían representadas por el Gobierno de Martín ni por los dirigentes del PRD. Es más, se sentían excluidas y utilizadas.
A partir del 1 de julio, una nueva realidad política se presentará en la vida cotidiana de los panameños. Para las nuevas generaciones es un campo inédito. Por lo tanto, es un momento lleno de curiosidad, de expectativas, e incluso de esperanzas. Pero también es un momento que debe llamar a la reflexión más profunda. Retomar ese liderazgo social no será fácil para el PRD, a menos que realice la hazaña de reformular su papel y democratizar su organización. Si fracasa el próximo gobierno y la oposición-PRD no se actualiza, el espacio abierto, entrará en disputa por los extremos militantes de la política, llámese de derecha o de izquierda. Si el centro es descalificado, el país entrará en un ciclo de caos y podemos perder nuestra gobernabilidad y con ello la tranquilidad que tanto añoramos.
-El autor es miembro del PRD.rvasquezch@cwpanama.net