• 31/07/2010 02:00

El legado de un loco

René Orlando Houseman, ‘El Loco’, ‘El Hueso’, ‘El Hombre Casa’, de muchas formas se describió a este jugador que sin duda desplegó una d...

René Orlando Houseman, ‘El Loco’, ‘El Hueso’, ‘El Hombre Casa’, de muchas formas se describió a este jugador que sin duda desplegó una de las páginas más hermosas del balompié latinoamericano. Un ídolo de masas, que en la década del 70 marcó su nombre en la nobleza del fútbol mundial.

Sus hechos y actuaciones eran el delirio de los diarios argentinos, quienes hicieron crónica de sus anécdotas, hasta el punto, que muchas de ellas se constituyen en clásicos mitos de la calle bonaerense. A ‘El Loco’ se le conocía el gusto por la copa. Ante la ausencia de un balón, empinar el codo, fumar y bailar era lo suyo.

El barrio de Barrancas en Belgrano, Buenos Aires, todavía disfruta de su presencia. Houseman asegura que sus días de fiesta ya pasaron, pero aún uno de sus grandes mitos dentro y fuera de la cancha permanece intacto: ‘El Loco jugaba mejor los partidos cuando estaba borracho’. Él lo niega, pero siempre se le recuerda por el juego entre el Huracán de sus amores y River Plate.

En 1976, jugando en la cancha de Parque Patricios, hizo uno de los mejores goles que se le recuerde. El día previo, su único hijo varón cumplía un año, a pesar de que ya era un jugador consagrado, aún vivía en su humilde barrio natal. Entre copas y baile, ‘la cruda’ fue bárbara. Llegó cuatro horas antes del partido, durmió dos horas y con un par de duchas frías salió a la cancha, marcó un gol memorable y pidió el cambió. Ese día Huracán y River igualaron a 1, pero nadie recuerda el otro gol.

Houseman asegura que solo en esa ocasión combinó la copa con el balón durante su época como profesional. Un creador de mitos sin saber cómo. El hombre es toda historia. Dos Mundiales, una Copa del Mundo, muchos goles, grandes hazañas en la cancha y una capacidad extraordinaria para comunicarse y hacerse querer por las masas.

Considerado el mejor extremo derecho de la historia en Argentina, según muchos una mezcla entre Maradona y Garrincha. Construyó su marca sin saberlo, tanto dentro como fuera del césped, hablar de ‘El Loco’ es hablar de fútbol, pero también es hablar de la gente que lucha y sobrevive diariamente en la marginalidad. De los que vienen condenados antes de nacer.

En un país donde nadie se atreve a opinar sobre ‘el dios Maradona’, aparecen unas declaraciones en el diario argentino Página 12, vertidas por Houseman, a cinco días del debut de la albiceleste en el pasado Mundial. Ante la pregunta ‘¿Qué balance hace de la labor de Maradona?’, ‘El Loco’ responde sin reparo: ‘El peor (...) Es una persona sin juicio y no comparto sus ideas futbolísticas. Como jugador fue excepcional, pero como técnico deja mucho que desear’.

‘El Loco’ también habla sobre Messi en la misma entrevista: ‘Maradona lo hace jugar mal, porque lo retrasa mucho. Al tirarlo tan atrás, cuando llega al fondo de la cancha tiene que pedir un tubo de oxígeno. La solución es muy simple: ponerlo en una zona de finalización, de tres cuartos para adelante, para que pueda encarar a los defensores mano a mano’. Con poco, Houseman describe lo que para ‘expertos’ era un problema descifrar, sobre todo con la autoridad moral de no tener un peso en el bolsillo y sin el temor de quien no tiene nada que perder. ‘El Loco’ ya es una leyenda, mito de barrio.

Locos hay en todas partes, no hablo de dementes ni desquiciados, sino de aquellos seres humanos honestos y bien intencionados que asumen riesgos por hacer y decir lo que piensan. En Panamá muchos extrañan a un loco que encantó a las masas, que devolvió la esperanza por un cambio y que escribía con tinta indeleble sus promesas. Tal vez en el camino alguien sugirió que ser loco ya no era bueno, lo cierto es que son muchos los que añoran que regrese un toque de locura en medio de tanto desconcierto.

*EX EDITOR DE POLÍTICA DE LA ESTRELLA.

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