• 11/06/2009 02:00

Para Lucy, futura ministra de Educación

Con justa razón, para quienes vimos y oímos días atrás la dramática y bochornosa respuesta de la señorita Cozarelli en un certamen de be...

Con justa razón, para quienes vimos y oímos días atrás la dramática y bochornosa respuesta de la señorita Cozarelli en un certamen de belleza, nos ha quedado un sentimiento de insondable desasosiego por la deficiencia ejemplarizante de nuestros adolescentes en el conocimiento y el razonamiento.

No tanto porque curiosamente la chica no recordara quién fue Confucio, puesto que a esas edades, los jóvenes apenas empiezan a cobrar conciencia de aquellos personajes que han fraguado la historia.

Lo catastrófico, a mi juicio, es que nuestra representante de belleza, a sus diecisiete años, no haya tenido la capacidad analítica de entender la simple pregunta que se le formuló, nadie le preguntó quién era Confucio, sino qué significa “leer sin meditar es una ocupación inútil” , famosa frase del insigne filósofo. Nuestra compatriota nos demostró con lujo de detalles de cuánto carecen nuestros muchachos de hoy y dónde se encuentran ubicados en el universo del discernimiento lógico.

Esto nos lleva a pensar que tenemos una educación deficiente por decir lo menos, y el reto ahora, ya no es solo enseñar a leer, sino que es urgente enseñar a comprender lo que se lee o lo que se escucha; y para ello tenemos que redoblar los esfuerzos que nos lleve a ese fin.

Ya mucho se ha dicho de los problemas de la educación, pero en pocas palabras, no es más que la consecuencia y reflejo de la descomposición cultural por la que transita nuestra sociedad. La baja calidad de nuestra educación es un hecho, pero el compromiso social y cultural de las autoridades públicas y privadas, los medios de comunicación y los educadores para elevar la conciencia cultural e intelectual de nuestros ciudadanos, es aún peor.

Por ello es fundamental crear planes para el fomento del pensamiento humano, porque son básicos para la formación del hombre. Los romanos en el año 173 a.C. crearon certámenes literarios, difusores de la lengua y el pensamiento, en los que se premiaba la oratoria, poesía, redacción, en fin la inteligencia, como estrategia de culturización, paralela con la instrucción formal, llamados Juegos Florales.

En la ciudad de Panamá se dio uno en 1916, cuyo propósito fue impulsar el conocimiento y la razón, aunque Penonomé ya había celebrado por primera vez en el país sus Juegos Florales en 1913. En una jornada más reciente y con la misma intención, el Ministerio de Educación en 1972 los reinició y convocó con mucho entusiasmo a nivel nacional, en cada colegio, cada año hasta 1982, cuando quedaron definitivamente olvidados.

Por estos tiempos, una empresa de telecomunicaciones celebra un concurso nacional de oratoria, acción loable y digna de tomar como proyecto nacional por el Ministerio de Educación para darle la connotación que merece y que se tenga como un encuentro con la inteligencia para encumbrar el acervo cultural e intelectual que deseamos para nuestra sociedad.

Señora ministra, los Juegos Florales necesitan un lugar en nuestra sociedad, podrían constituirse en el primer paso para el rescate de nuestra educación y nutrir la conciencia para redimir los valores, la inteligencia y el talento de los panameños.

-El autor es diplomático.gtatisg@gmail.com

Lo Nuevo