• 03/03/2026 00:00

Economía, globalización y gobernanza: el Plan Fiscal como decisión de Estado

La globalización ha sido, durante décadas, uno de los principales motores del crecimiento económico mundial. Permitió a países pequeños integrarse al comercio internacional, atraer inversión y aprovechar la difusión tecnológica. Sin embargo, el mundo ha cambiado. Hoy enfrentamos una economía global más fragmentada, con tensiones geopolíticas, cadenas de suministro reconfiguradas y un entorno financiero más exigente. En este nuevo escenario, la apertura económica por sí sola ya no es suficiente. Se requiere gobernanza.

La experiencia reciente demuestra que la globalización sin disciplina fiscal ni instituciones sólidas amplifica vulnerabilidades. Países que apostaron al endeudamiento fácil y al gasto sin control hoy enfrentan crisis de confianza, presiones inflacionarias y restricciones severas para financiar su desarrollo. La lección es clara: el crecimiento sostenible no se improvisa; se gobierna.

Para economías abiertas y de servicios como la de Panamá, la confianza es el activo más valioso. Confianza de los mercados, de los organismos internacionales y, sobre todo, de los ciudadanos. Esa confianza no se construye con discursos optimistas ni con cifras maquilladas, sino con decisiones responsables, transparencia y coherencia entre política fiscal y desarrollo económico.

En este contexto global, la disciplina fiscal se ha convertido en una forma de soberanía. Los países que ordenan sus finanzas públicas tienen mayor capacidad para proteger el gasto social, invertir en infraestructura y responder a choques externos. Los que no lo hacen terminan atrapados en ajustes abruptos, mayor endeudamiento y pérdida de credibilidad.

Es precisamente bajo esta lógica que el Gobierno ha definido el Plan Fiscal 2026–2029 como una hoja de ruta de Estado, no como un ejercicio contable. El plan parte de un principio fundamental: decir la verdad sobre la situación fiscal, reconocer obligaciones heredadas y ordenar las cuentas públicas para recuperar margen de maniobra.

El Plan Fiscal no busca frenar el crecimiento, sino hacerlo sostenible. Sus objetivos son claros: reducir gradualmente la relación deuda/PIB, mejorar la recaudación sin aumentar impuestos, controlar el crecimiento del gasto corriente y priorizar la inversión pública con impacto económico y social real. Es una apuesta por la responsabilidad frente a la improvisación.

En un mundo donde el financiamiento es cada vez más selectivo, la credibilidad fiscal se traduce en menores costos financieros, mayor acceso a inversión y estabilidad macroeconómica. Por ello, el Plan Fiscal 2026–2029 también es un mensaje al mundo: Panamá honra sus compromisos, corrige distorsiones y gobierna su integración a la economía global con seriedad.

La globalización no ha desaparecido; ha evolucionado. Hoy premia a los países que ofrecen reglas claras, instituciones sólidas y políticas públicas previsibles. En ese entorno, la ventaja competitiva ya no es solo geográfica, sino institucional.

Gobernar la economía implica tomar decisiones difíciles a tiempo. Implica abandonar la lógica del corto plazo y asumir una visión de futuro. El Plan Fiscal 2026–2029 representa esa decisión: ordenar hoy para crecer mañana, proteger a los más vulnerables y sentar bases sólidas para el desarrollo de largo plazo.

En un mundo incierto, la verdadera fortaleza de un país no está en evitar los desafíos, sino en enfrentarlos con responsabilidad, transparencia y liderazgo.

*El autor es director de Presupuesto de la Nación
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