Cientos de familiares y amigos se congregaron en la explanada donde se celebró el Festival Nova, lugar de la mayor masacre dentro de la oleada de ataques...
La emergencia tras el terremoto aún tiene prioridades evidentes: garantizar viviendas seguras, recuperar escuelas y centros de salud, y rehabilitar las calles y otras infraestructuras esenciales. Pero mientras avanzan estas tareas, el país no puede postergar otra urgencia: la recuperación de las pequeñas y medianas empresas. En Azuero, donde el turismo, la pesca, el comercio y las actividades agropecuarias sostienen a numerosas familias, el sismo interrumpió negocios, dañó mercancías y destruyó los ingresos de familias enteras. Hay empresarios que, pese a no verse afectados directamente, no han podido retomar sus actividades, comerciantes que trabajan en espacios provisionales y trabajadores sin perspectivas de futuro. Esta realidad exige una respuesta del Estado, que aún no aparece. Se necesita un plan que identifique las pérdidas del sector productivo, facilite el acceso a financiamiento, contemple alivios temporales para las obligaciones económicas y ofrezca apoyo para reabrir los negocios afectados. La reconstrucción debe partir de una realidad que ya existía antes del terremoto: las provincias centrales arrastraban dificultades económicas, problemas de empleo y condiciones de precariedad estructural. Para muchos pequeños empresarios, una interrupción prolongada puede significar el cierre definitivo, con consecuencias directas para sus trabajadores y sus comunidades. Recuperar estas empresas no es un asunto secundario ni un beneficio exclusivo para sus propietarios. Significa restablecer empleos, reactivar la economía local y devolverles a las familias una fuente de sustento. La emergencia demanda soluciones inmediatas, pero la reconstrucción también requiere visión de futuro. Sin un plan para recuperar a las pequeñas empresas y la producción, se profundizará la tragedia.