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- 22/10/2026 00:00
Café, origen y competencia: un desafío para Panamá
Las recientes actuaciones de la Autoridad Nacional de Aduanas sobre determinadas importaciones de café han puesto en evidencia un asunto que trasciende este producto: los beneficios del comercio internacional sólo son legítimos cuando todos los participantes compiten bajo las mismas reglas.
La apertura comercial ofrece oportunidades para consumidores y empresas. Sin embargo, exige que las mercancías ingresen con la clasificación arancelaria correcta, acrediten debidamente su origen y reciban únicamente el tratamiento preferencial que realmente les corresponde.
El café panameño: un sector estratégico y sensitivo
En Panamá, el café posee una importancia productiva, económica y social que justifica su reconocimiento como sector sensitivo. Su valor no se limita al prestigio internacional de algunas variedades ni a las cifras de exportación. Detrás de cada cosecha existe una cadena integrada por productores, trabajadores, beneficiadores, tostadores, comercializadores y comunidades rurales.
Según cifras oficiales en Panamá existen poco más de 7,500 productores de café distribuidos fundamentalmente en 6 provincias en el país, los que en conjunto generan más de 141 millones de dólares a la economía nacional (Ciclo Productivo 2022-2023). Esto la convierte, en una de las cadenas de valor de mayor importancia en el país y que junto a políticas públicas bien dirigidas, posee un gran potencial de expansión.
En este sentido, cuando una importación recibe una preferencia arancelaria que no le corresponde o ingresa bajo una clasificación incorrecta, el problema no se reduce a una diferencia técnica en la declaración aduanera. Puede generarse una ventaja artificial, alterarse las condiciones del mercado y afectarse la comercialización de la producción nacional. No se cuestionan las importaciones legítimas, sino que los productos nacionales e importados compitan en condiciones transparentes y equitativas.
Procedencia y origen no son lo mismo
El país desde el cual se exporta, factura o despacha un producto no determina necesariamente su origen preferencial. Una mercancía puede ser procesada, empacada o comercializada desde un país que mantiene un acuerdo comercial con Panamá y, aun así, no cumplir las condiciones exigidas para recibir el beneficio arancelario.
En el caso del café, el grano puede cultivarse en un país, transformarse en otro y exportarse desde un tercero. Para establecer su origen no basta conocer el lugar de embarque o el domicilio del proveedor. Deben considerarse las materias primas utilizadas y la transformación efectivamente realizada.
El certificado o la declaración de origen es un documento importante, pero debe estar respaldado por la realidad productiva de la mercancía. Tiene que existir información que demuestre por qué el producto califica para recibir la preferencia solicitada.
De la reacción al control preventivo
Las verificaciones iniciadas por la Autoridad Nacional de Aduanas sobre determinadas importaciones de café constituyen una señal institucional positiva, que debe replicarse en forma ágil en todo el aparato gubernamental dedicado a la protección de nuestros sectores productivos. La incorporación de controles preventivos y la comprobación previa en algunas operaciones permiten atender las dudas antes de que sus efectos se prolonguen en el mercado.
La prevención protege el interés fiscal y reduce posibles distorsiones sin anticipar el resultado de cada caso. También brinda certeza a los importadores que cumplen correctamente. El reto ahora es consolidar estas actuaciones mediante criterios técnicos, uniformes y sostenidos, aplicados objetivamente cuando existan indicadores razonables de riesgo.
Una acción de país
El caso del café brinda la oportunidad de construir una respuesta que trascienda una coyuntura particular. Panamá necesita fortalecer una cultura de cumplimiento aduanero que combine la facilitación del comercio legítimo, la fiscalización efectiva y la defensa de condiciones equitativas para los sectores sensitivos.
Proteger la producción nacional no significa cerrar el mercado. Significa impedir que errores, inconsistencias o beneficios improcedentes alteren artificialmente la competencia. Convertir las acciones iniciadas en una política coherente y permanente enviaría una señal de certeza a los productores, de seguridad a los importadores que cumplen y de confianza en la institucionalidad.
En un sector sensitivo como el café, asegurar que cada mercancía ingrese bajo las condiciones que realmente le corresponden no es solamente una tarea aduanera. Es una responsabilidad compartida y una verdadera acción de país.