El movimiento telúrico ocurrió a las 7:34 a.m., hora local, y tuvo una profundidad estimada de 76 kilómetros
- 23/08/2026 00:00
Salud mental en los hombres, el silencio en nuestra sociedad
En Panamá, como ocurre en muchos países del mundo actualmente, existe un tema que durante generaciones ha permanecido en silencio. A pesar de los avances tecnológicos, científicos y médicos, hablar de salud mental todavía resulta difícil para muchas personas y sociedades. Se habla poco del sufrimiento emocional, de la depresión, de la ansiedad y, especialmente, de lo que sienten quienes atraviesan una crisis.
El país enfrenta una realidad. En los últimos cinco años, 615 personas perdieron la vida por suicidio. Las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) de la Contraloría General de la República, reflejan una tendencia preocupante, entre 2020 y 2024, los suicidios aumentaron un 73%, pasando de 93 casos en 2020 a 161 en 2024.
Detrás de cada cifra existe una historia, una familia y un dolor que muchas veces nunca llegó a ser expresado. Hay un dato que debería hacernos reflexionar aún más a profundidad: 538 de las personas que se suicidaron eran hombres, lo que representa el 87.4% del total.
Hace apenas unos días, un amigo sufrió una descompensación. Cuando conversamos, me contó que llevaba varios días sintiéndose mal, incluso se había desmayado en varias ocasiones, pero que había decidido no decirle nada a nadie. “Nadie podía saberlo. Yo soy el sostén de mi hogar; todos dependen de mí”, me explicó. Esa frase me quedó dando vueltas. Estoy seguro de que su historia no es única. Probablemente existen muchos hombres que atraviesan momentos difíciles, que sienten miedo, angustia, tristeza, frustración o desesperación y, aun así, prefieren guardar silencio. Hombres que aprendieron desde pequeños que deben ser fuertes, que no pueden mostrar vulnerabilidad y que pedir ayuda es una señal de debilidad. Y no lo es.
Hablar de salud mental también es una forma de cuidarnos. Preguntar cómo está alguien, escuchar sin juzgar, reconocer que no estamos bien y cuando sea necesario buscar ayuda profesional. Ser empáticos puede comenzar con algo tan sencillo como un comentario, una pregunta o, incluso, guardar silencio ante aquello que puede ser muy visible a los ojos, pero invisible para el sentido común. Porque no siempre sabemos lo que una persona está enfrentando detrás de una sonrisa, de una conversación cotidiana o de un aparente “estoy bien”. Y demasiadas veces hemos visto, cuando finalmente conocemos la historia, nos preguntamos: ¿cómo no nos dimos cuenta?
Tal vez la pregunta no debería ser cómo no lo vimos, sino si alguna vez nos detuvimos realmente a mirar. Quizás necesitamos comenzar a cambiar una idea que durante demasiado tiempo hemos transmitido de generación en generación, que los problemas emocionales deben enfrentarse en silencio. No. También necesitamos aprender a decir: “No estoy bien”. Y, sobre todo, necesitamos estar dispuestos a escuchar cuando alguien finalmente se atreve a decirlo. Debemos romper los mitos que durante generaciones han rodeado la salud mental, especialmente entre los hombres. Reconocer el dolor, hablar sin miedo con personas de confianza y buscar ayuda profesional no son señales de debilidad, sino actos de valentía y autocuidado. Porque cuidar la salud mental también significa proteger la vida.